Cartas de lectores | ¿Los ecuatorianos estamos ante una escalada autoritaria?

La forma autoritaria y confrontativa que exhibe contra opositores y medios es indigna de un líder llamado a guiar la nación

Vivimos tiempos críticos en la historia republicana de nuestra nación, tiempos en que no podemos permanecer en silencio ante decisiones erráticas y peligrosas de un gobierno que parece haber abandonado principios fundamentales de la democracia, como el diálogo, el respeto a las diferencias y la confianza en nuestras instituciones.

La forma autoritaria y confrontativa que exhibe contra opositores y medios es indigna de un líder llamado a guiar la nación. La demagogia y el populismo evidencian una desconexión con los problemas reales que enfrentamos como sociedad.

Vemos problemas cruciales, como la inseguridad ciudadana, que ha escalado de forma alarmante. Nuestro país está entre los más violentos de la región. La falta de una estrategia clara para restaurar la paz no solo pone en riesgo la vida y el bienestar de los ciudadanos, sino que erosiona la confianza institucional.

Se juega con la paciencia de los ecuatorianos. ¿Qué se hace para cambiar esta situación? No vemos proyectos que representen una reforma real del Estado. Es hora de alzar la voz, exigir un cambio de rumbo y consolidar la promesa transformadora ofrecida en campaña. Rectifique, señor presidente.

La democracia no es un espectáculo ni una tribuna para proyectar intereses personales o encubrir errores. Es el derecho sagrado de cada ciudadano a vivir en un país donde su voz sea escuchada y sus necesidades atendidas con respeto y diligencia.

Es momento de recuperar el control de nuestro destino y construir un futuro basado en el diálogo, la libertad, la tolerancia, la inclusión y la justicia social.

Los ecuatorianos no nos conformaremos con promesas vacías ni discursos que distraen de los graves problemas sociales, económicos y políticos. Merecemos más que excusas y acusaciones. Cada uno debe exigir, desde su espacio, que los mandatarios sean ejemplo de integridad y no símbolos de arrogancia. Rechacemos las tácticas divisivas que nos polarizan. La política ha sido causa de nuestro fracaso, pero también puede ser la solución.

Mario Vargas Ochoa