Cartas de lectores | Cuando Estados Unidos estornuda...

La estrategia estadounidense depende de que los aranceles se traduzcan en aumentos reales de productividad

En 2025, el índice del dólar cayó un 9,4 %, mientras que la tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos subió del 2,4 % al 16,8 %, generando una depreciación efectiva del tipo de cambio de alrededor del 24 % en el comercio.

Esta combinación protege la industria manufacturera estadounidense y genera ingresos arancelarios, al tiempo que mantiene la estabilidad financiera y los precios de los Bonos del Tesoro.

No obstante, las persistentes entradas de capital, vinculadas al dólar como moneda de reserva, dificultan la corrección de los desequilibrios estructurales y afectan de manera desproporcionada a los mercados emergentes.

Los aranceles ralentizan el comercio y la inversión global, elevan expectativas de inflación y limitan la caída de tasas de interés, reduciendo los beneficios habituales de un dólar más débil.

La estrategia estadounidense depende de que los aranceles se traduzcan en aumentos reales de productividad, que se controle la inflación subyacente, que se eviten represalias externas y que se mantenga la confianza global en la deuda del país.

Si alguna de estas condiciones falla, la depreciación efectiva y la estabilidad financiera podrían contrarrestarse, generando ajustes dolorosos y prolongada incertidumbre para la economía global, afectando mercados, flujos de capital y políticas monetarias internacionales.

Manuel Valencia Crespo