Viejos sin derechos
La Constitución reconoce derechos a los adultos mayores, pero la falta de respuestas de las instituciones quedan en promesas que rara vez se cumplen

Los adultos mayores reclaman que los derechos reconocidos por la Constitución se cumplan de manera efectiva y oportuna.
Prefiero hablar sin eufemismos, inventados para no decir las cosas directamente y sin rodeos, y dizque no ser ofensivo, aunque es difícil que le cambien mucho las condiciones a un preso por llamarlo ‘pepeéle’. Muchos queremos llegar a viejos (yo, ya mismo), con las grandes ventajas que da la experiencia y los años de conocimiento (en la profesión se nota mucho) pero sin sufrir las consecuencias de la edad: mayor susceptibilidad a enfermedades y disminución de fuerzas físicas, con los consecuentes gastos que genera.
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Derechos que quedan en el papel
Entonces no solo que la Constitución promete a los “adultos mayores” (viejos) una serie de derechos propios de ese colectivo, como atención de salud gratuita y especializada, jubilación universal, acceso a vivienda digna y otra serie de mentiras sardónicas a las que se suma el tenerlos como parte de los “grupos de atención prioritaria”. Todo muy bonito en la letra de la Constitución, pero cuando llega el momento en que lo escrito se haga realidad, la cosa es harto distinta, tanto que esas promesas se convierten en un sarcasmo.
Así, los viejos que, cuando eran jóvenes y trabajaban en dependencias públicas, aportaron para mejorar su jubilación en distintos fondos previsionales, fueron expoliados y sus derechos desechados sin miramientos. ¿Qué hizo la Corte Constitucional (CC), que en su lema dice “defendemos derechos”? En el mejor de los casos mirar a otro lado y, en general, dedicarse a desechar toda acción constitucional posible con cualquier ‘argumento’, al extremo que se encuentran votos salvados muy duros para quienes los derechos fundamentales sirven para dictar conferencias, actividad propia de quien se encuentra al día en el despacho de causas.
Cuando la justicia llega demasiado tarde
Para muestra, el siguiente caso: una persona gana un concurso para ser rector de un colegio. Para nombrarlo le exigen su renuncia como docente. Usted ya sospechará que cuando renuncia le hacen ‘lero lero’. Presenta una acción de amparo que pierde en primera instancia y apela para ante el Tribunal Constitucional.
La CC lo resuelve nueve años después, a su favor, pero el afectado ya había ‘solucionado’ el tema: le dieron el rectorado, pero estuvo sin trabajo cuatro años. No hubo fuerza humana para que le reconozcan esos años de desempleo, justo cuando de viejo necesitaba el dinero que se le debía reconocer. Mejor quitemos esas mentiras escritas como derechos en un texto que es papel mojado, gracias a la CC.