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Juan Carlos Aizprúa: "El periodismo es un tren del que no me quiero bajar"

EXPRESIONES compartió una mañana con el presentador y reportero de Televistazo quien es amante del vino y la salsa clásica. 

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Juan Carlos, a sus 32 años, es uno de los presentadores de noticias con mayor credibilidad en el país.Angelo Chamba

Un mes antes de graduarse como bachiller, Juan Carlos Aizprúa ya había sellado su futuro como comunicador al dejar su natal Esmeraldas para radicarse en Quito y estudiar en la Universidad Salesiana. De eso han pasado 15 años. Hoy, el joven que inicialmente sufrió con el frío capitalino por su rinitis alérgica (actualmente controlada) se ha establecido como uno de los periodistas con mayor credibilidad en el mundo de las noticias. EXPRESIONES pactó con él un encuentro en La Ronda, una de las postales de la capital ecuatoriana, para descubrir qué hay detrás del presentador y reportero de Televistazo.

Si mira por el retrovisor de la vida y tuviera que buscar un adjetivo a estos 15 años, ¿cuál sería?

Duros. Mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio. Lo más difícil a veces lo guardo en una cajita con llave y de vez en cuando la abro. Y es estar lejos de mi familia. Mi hermano mayor vive en Nueva York, mi hermana en Guayaquil con mi sobrina, y mi madre en Esmeraldas. Estamos dispersos.

¿Y cómo son esos viajes cuando vuelve a casa?

Paso con mi madre y con mi abuela, y no salgo. Antes prefería estar con mis amigos pero ahora ya no. En Quito, lo más difícil ha sido adaptarse a vivir solo. Tus compañeros de trabajo se convierten en tu familia.

¿Y su casa en Esmeraldas, con qué olores y sabores los asocia?

Mira, paso por Quinindé y ya se me hace agua la boca (risas). Disfruto del olor del patacón y del pescado frito. En mi casa no falta la comida típica costeña.

De pronto estar lejos de sus raíces fue el precio que tuvo que pagar por llegar adonde está. Inclusive muchos lo ven como el sucesor de Alfonso Espinosa de los Monteros...

(Risas) Me subí en este tren del periodismo televisivo hace 10 años y medio. Es un tren del que no me quiero bajar. Ha pasado por muchas paradas, rutas y paisajes y de cada tramo he sacado una experiencia. Personas que transitaron por mi vida cuando estuve en TC y ahora en Ecuavisa. El viaje ha sido maravilloso, grande. Te digo algo, yo a los 12 años me visualizaba viviendo en Quito y trabajando en Ecuavisa. Siempre supe lo que quería.

Y en una época en que no se hablaba del mapa de la prosperidad y los decretos...

Totalmente. Yo me veía haciendo entrevistas, reportajes. Recuerdo que era un niño todavía cuando ocurrió lo del feriado bancario y cerca de mi casa la gente desprendía los cajeros automáticos, se enfrentaba con los policías y me asomaba al balcón. Mi madre me decía que no lo haga, pero yo quería estar ahí. Y me preguntaba cómo podía hacerlo. Entonces veía a María Cecilia Largacha, Félix Narváez, Tania Tinoco y Alfonso Espinosa de los Monteros.

¿Y se visualizaba junto a ellos?

Te sonará antipático pero sí. Yo quería pero no sabía si podía. Igual sentía las ganas de comunicar cuando el volcán Guagua Pichincha escupió un hongo de vapor y ceniza o se incendió la refinería de Esmeraldas. Yo quería estar ahí. Mi mamá se daba cuenta que no podía estar quieto.

¿Su cobertura más satisfactoria?

Satisfactoria, dolorosa y de mucho aprendizaje, la cobertura posterremoto en 2016. Después de una comunicadora de Zaracay fui el segundo en llegar a Pedernales la mañana del 17 de abril, trasladándome desde Quito y en medio de derrumbes. Los dos primeros días no salí de mi impresión, quería que alguien me dijera que no era real, que estaba en el escenario de una película. Al tercero, dejé mis emociones a un lado. Recuerdo que un colega escribió una crónica titulada No he tenido tiempo de llorar.

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La Ronda fue la locación escogida para la sesión de fotos.Angelo Chamba

¿Tuvo tiempo para hacerlo?

Sí, cuando llegué a casa. Rompí en llanto (sus ojos se humedecen). Está comprobado que ante cualquier catástrofe el periodista que está en el lugar de los hechos se convierte en un ciudadano más. Pero al mismo tiempo en un vocero que no puede emitir un juicio de valor u opinar, sino informar, por más que quiera gritarle al mundo que la gente necesita ayuda y que llegue rápido.

¿Y hablando de periodistas de opinión qué piensa de ellos?

Hay espacio para todos. Yo no hago periodismo de opinión. Para eso hay que prepararse si lo quieres hacer adecuadamente y con responsabilidad, no lo descarto.

¿Piensa mucho en el futuro?

Recuerdo que un día estaba con Úrsula Strenge y le dije que explicara lo de “un día a la vez”. No me detengo en pensar en el futuro. Soy de los que sale, hace su trabajo con pasión. Disfruto de mi día a día y mi momento.

¿Su mejor dupla hasta aquí?

María Isabel Carmigniani, no puedo mentir. Pero también me gusta la sobriedad de Gabriela Baer y Denisse Molina tiene lo suyo. Con María Isabel hay algo curioso. Fuimos compañeros de la universidad y decíamos entre bromas que íbamos a presentar noticias juntos. Los compañeros se burlaban, pero años después, nos vimos en el noticiero de Televistazo.

¿La extraña?

Claro que sí, no verla en el puesto que ella tenía frente al mío. Se convirtió en una gran amiga y nos hacíamos bromas todo el tiempo.

¿Para qué es malo?

Para juzgar, porque tampoco quiero que lo hagan con respecto a lo que pienso, siento y opino. Acepto críticas, observaciones y sugerencias, pero que me señalen con el dedo no. Por eso yo comunico, pero no juzgo.

¿Con quién le hubiese gustado tomarse una copa de vino?

Con mi padre a quien perdí cuando yo tenía dos años. También me hubiese gustado hacerlo con Gabriel García Márquez escuchando una buena cumbia.

Complete la frase: Juan Carlos Aizprúa, periodista...

Soñador.

No se iría de este mundo sin...

Llevar a mi madre a recorrer Europa por un mes. Se lo merece y se lo debo. Tampoco me iría de este mundo sin vivir frente al mar.

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Junto a su mamá, Marisol Villacís, quien le enseñó desde niño el valor de la disciplina y el trabajo.Cortesía

CURIOSIDADES PARA COMPARTIR

En los inicios de su carrera tomó clases de dicción y laboró en radio para conseguir un acento neutral.

Aunque es agnóstico, cree en el poder de la oración.

Agradece por todo (desde cuando llega a su destino hasta cuando le acreditan el sueldo).

El amor hacia su madre es descomunal. Fue su maestra de salsa.

Lo pone de mal genio la impuntualidad y la gente que no es frontal.

Le molesta que las personas con potencial y talento no aprovechen las oportunidades.

De niño nunca le doraron la píldora, jamás creyó en Papá Noel.

Evita manejar, por el tráfico de Quito prefiere el taxi.

Se demora en armar los textos por ser disperso.

Es rápido para editar.

Fuera de cámaras es muy bromista.

Más allá de los sueños es su película favorita.

Lava los platos mientras escucha música.

Pésimo para planchar y cocinar. Gasta comiendo afuera.

Barcelona y Nueva York son sus ciudades favoritas.

Su entrevistado pendiente es Barack Obama.

Toma agua como loco y ama el chocolate.

A las 5 de la tarde, es imprescindible la Coca Cola con papas fritas.

“Habla menos, aprende a escuchar”.