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Mónica Villegas, diseñadora de joyas cuencana
La artista ha recorrido un amplio camino artístico hasta descubrir lo que hoy es su oficio.Cortesía.

Mónica Villegas: “La joya cuencana es digna de exportación”

Sus diseños tienen un contenido cultural e investigativo y, en su mayoría, son elaborados con finísimos hilos de plata tejidos de forma artesanal.

¿Cómo se convierte una estudiante de Historia en una innovadora artista de joyas? Ese camino es el que recorrió Mónica Villegas (32), creadora y directora creativa de Mama Kuna después de regresar de un viaje a África. Conectó esa experiencia con su influencia cuencana y, antes de la pandemia, incursionó en esta rama artística a la que le da un valor cultural a cada diseño.

Hoy sus creaciones en filigrana se venden dentro y fuera del país, especialmente en ciudades como Nueva York y Miami.

  • De los pinceles a las joyas

La cultura es su principal fuente de inspiración cada vez que bocetea a mano alzada. Esa faceta creativa empezó a los siete años con los pinceles.

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Posteriormente, redirigió su talento hacia el bordado de flores y, cuando ya tenía veinte años, se convirtió en una artista plástica que se sentía cómoda al pintar óleo sobre lienzo.

Su vínculo con la moda, explica, se debe a que vivió entre joyas. “Esto me resultaba normal. Desde niña caminaba hasta mi casa y pasaba por aproximadamente diez joyerías. En Cuenca el arte fluye”, asegura.

Sin embargo, no fue hasta su etapa universitaria cuando empezó a unir todas sus pasiones. “Luego de que ganó mi tesis de grado, me llevé a Uganda (África Oriental) el Proyecto Ecológico Chiriboga. Este trata sobre cómo las mujeres afro visibilizan la violencia contra ellas a través de las máscaras. Esa fundación estaba haciendo un evento a nivel internacional para combatir la violencia de género y ahí pude dar mi aporte investigativo”.

Ya en Ecuador, decidió fusionar sus dos fuertes: el arte y la investigación.Empecé Mama Kuna con muy poco capital. Debía tener trabajos extras para poder sacarlo adelante. Tampoco contaba con un local, así que como buena millennial, incursioné en el mundo de las ventas en línea”, comenta entre risas.

En 2019, desde la ciudad de Quito donde reside desde hace nueve años con su hija, vio la luz su emprendimiento, ese que atrapa a mujeres que valoran la historia que hay detrás de cada pieza.

Cada joya tiene varios viajes invertidos. Por ejemplo, hay unos aretes inspirados en la planta Platanillo, que vi en un paseo que hice a Colombia a mis 15 años. Luego la volví a encontrar en la Amazonía ecuatoriana y comencé a hacer una investigación de campo y bibliográfica. Entonces, todo lo que veo e investigo se convierte en parte de un diseño”.

En su mente, las ideas no paran y se conjugan plenamente con su alma viajera. “Me conozco el Ecuador desde Carchi hasta el Macará y de la punta más lejos de Galápagos hasta la frontera con Perú. Desde que era pequeña me atraía su arquitectura, flora, fauna. Dentro de poco diseñaré una mini colección de ángeles en la que se conservan los colores de la Escuela Quiteña. Soy amante del arte religioso”, se confiesa.

  • Aliándose con más artistas

El destino la llevó a Quito cuando decidió estudiar Historia. “Aquí he conocido gente que valora mucho el arte cuencano”, cuenta orgullosa.

Sus piezas son trabajadas en su mayoría en material de plata. “El trabajo en filigrana en oro es muy costoso y solo lo trabajo bajo pedido”. Para eso cuenta con artesanos orfebres. También trabaja con dos mujeres que son quienes pintan la plata. Esto se desarrolla en Cuenca y luego regresa a sus manos en la capital, donde cuenta con el apoyo de un fotógrafo para tener todo registrado en sus redes sociales.

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La economía circular es otro de sus empeños. La aplica en sus empaques que son elaborados una parte en Guayas y otra en Quito. “Entrego mis piezas en cáscaras de naranja. Es un arte que lo hace a mano el artista quiteño Édgar Santamaría. También entrego en cajas de balsa hechas por artesanos de la Isla Puná”.

Ahora cuenta con el apoyo de la Alfarería Encalada (Cuenca) para la realización de joyeros en forma de platitos. Así se expondrá próximamente su colección Tierra Dorada, en el museo Casa del Sombrero en Cuenca. “No soy solita, es todo un equipo. Yo visibilizo a todos los artesanos y la gente que me colabora”.

Potenciar el arte de la filigrana es uno de sus objetivos. “Tejer a mano tiene un costo elevado, pero no por eso puede terminar. Hay una migración fuerte de los artesanos de la zona del Azuay hacia los Estados Unidos, por eso es necesario valorizarla. El arte cuencano es digno de exportar”, concluye.

  • ¿Por qué el nombre?

Dice la mitología inca que había una suma sacerdotisa cuyo oficio era instruir y vigilar a las Acllas, Ñustas o Vírgenes del Sol para que se dedicaran a su deber religioso. Su nombre era Mama-Cuna.