Cultura

Juan Valdano: “Ecuador es un país ingobernable”

El ganador del Premio Nacional Eugenio Espejo en la categoría de Creaciones Literarias, habla sobre el galardón, el oficio de escribir y la política.

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Juan Valdano nació en Cuenca en 1939. Es escritor, historiador y fundador de la subsecretaría de Cultura. Tiene más de treinta libros publicados.Cortesía

El ganador del Premio Nacional Eugenio Espejo en la categoría de Creaciones Literarias, habla sobre el galardón, el oficio de escribir, y el marco político que vive el país en medio de la pandemia.

Desde su casa en la capital, y vía telefónica, el escritor, historiador y miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua,habla con Kiosco de Libros sobre su reciente triunfo en el Premio Nacional Eugenio Espejo, galardón que este año ha estado rodeado de polémica, y que incluso fue sujeto de una demanda en la Defensoría del Pueblo.

Valdano no es ajeno a los acontecimientos suscitados desde el inicio de las nominaciones, que comenzaron a fines de junio y reitera que, en su caso, no buscó el galardón sino que fue “una nominación espontánea” desde la Academia y varias organizaciones culturales.

¿Cómo se siente con este galardón, y con la nominación?

Me siento complacido, y lo celebro. Diría que un premio se justifica siempre y cuando la persona que lo recibe ha desarrollado un trabajo amplio en su campo, que en mi caso es la cultura. Yo no busqué el Premio Espejo, sino que fue una nominación espontánea, pero me enorgullece que mi trabajo, mi reflexión fundamental ha sido sobre el Ecuador, la cultura ecuatoriana y cómo es Ecuador frente a los ojos del mundo, sea reconocido. Tengo más de cincuenta años en el oficio de escribir. Empecé en las aulas universitarias y he desarrollado una larga trayectoria literaria, tengo más de treinta libros publicados, en relato, ensayo y novela.

¿Qué significa para usted ganar el mayor premio nacional para la creación literaria en un país que lee poco?

No escribo por recibir algo a cambio, es algo que no se puede evitar. Escribir es un trabajo que se hace sin ningún interés, que se hace por amor, por hacer la mejor obra posible. Siempre me interesó escribir, y quise escribir sobre el Ecuador, la cultura ecuatoriana y cómo es Ecuador frente a los ojos del mundo. Siento que las generaciones que me antecedieron estaban enfocadas en lo local, casi en lo provinciano. Pero para mí, el país debía participar en la gran cultura del mundo, para abrirse más al carácter universal.

La sociedad ecuatoriana aun tiene temas pendientes en el fomento a la lectura. En países en que sí se lee, el ciudadano común busca un libro por costumbre. Eso es algo que falta en Ecuador. Eugenio Espejo decía que nosotros aparentamos cultura, pero no somos cultos (…) que aparentamos estar informados, pero no lo estamos.

En Ecuador, dedicarse por completo al oficio de escribir aun es utópico. ¿Cree que se ha hecho lo suficiente en cuanto a política cultural para apoyar a artistas y escritores?

El Estado no siempre se ha preocupado de la participación de los artistas o de la cultura. Por los años cuarenta, cuando se fundó la Casa de la Cultura, esta debía dar cabida a estas iniciativas, pero no funcionó como debía.

Creo que hoy en día el gobierno ha hecho lo posible, dentro de las limitaciones que tiene, por incentivar a los artistas. Hay avances sin duda, y un mayor apoyo económico, aunque aun hay temas pendientes. En este gobierno al menos, hay una mayor libertad para crear.

Claro, hay avances, aunque el país mantiene ese espíritu caótico al que usted se refirió el año pasado en el libro 'Una nación presentida'. ¿Cree que ese 'caos' del que habla se ha manifestado aun más en esta época?

En ese libro parto de un hecho que se comprueba: Ecuador es un país ingobernable. Esta es una característica que está presente desde el inicio de nuestra vida republicana y a la que seguimos cohesionados. Nuestras ciudades, nuestra tendencia a la indisciplina, a pasar por alto la ley, son una prueba de ello, pero seguimos vigentes como república y como sociedad. A pesar del caos, hay un respeto a ciertas normas de convivencia que nos cohesionan, así como la valoración de la libertad. Eso ha impedido que nos disgreguemos. Y esperamos que en estas épocas de crisis, esto perdure. Ecuador ha pasado épocas muy difíciles, pero hemos salido adelante.

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'La nación presentida', ensayos sobre el país se publicó el año pasado en medio de las protestas de octubre.Cortesía

Sin embargo, los hechos recientes, la lenta reacción del gobierno, la corrupción tiene a muchos pidiendo que el caos acabe y que “empecemos de nuevo”. ¿Esto se puede hacer o, como usted mismo ha dicho, es correr en círculos?

No, es un absurdo. Cada cuatro años se quiere refundar la república. Por eso este país tiene como veinte constituciones en menos de dos siglos, y eso tiene que ver con nuestra indisciplina. No hay persistencia. Creemos que con cada gobierno hay que presionar el ‘borra y va de nuevo’. A las élites políticas les importa el poder, y al llegar quieren reinventarlo todo, por eso vamos en círculos y repetimos los mismos errores. No podemos ver el porvenir con una visión más dinámica. El pueblo que no aprende de sus propios errores, no prospera. Hay que tomar lo que tenemos y mejorarlo.

Al país le gusta olvidar el pasado. Y en ese sentido, ¿qué opina de quienes dicen que la historia ecuatoriana ha olvidado a sus mujeres, entre ellas a sus artistas y escritoras?

No creo que la historia del Ecuador haya olvidado a las mujeres. Sí creo que el papel de la mujer en la vida política, académica y cultural en los últimos treinta años es mucho más activa y hay una mayor conciencia de equidad y protagonismo. Sí hubo una tendencia en nuestra sociedad a no reconocer estos roles, pero que ha ido cambiando y mejorando en las últimas décadas.

Usted compartió la terna para el premio con Lupe Rumazo y Sonia Manzano. ¿Ha tenido algún acercamiento a la obra de estas escritoras? ¿Qué opina de quienes dicen que el que no hayan ganado se debe al machismo del Estado?

Conozco la obra de las dos escritoras y las respeto y admiro dentro de su campo. Ellas indudablemente han hecho una gran obra, y este reconocimiento (estar en la terna) significa que han participado en la creación desde sus puntos de vista y sus campos de acción.

En cuánto a lo otro que me pregunta, yo no busqué el Premio Espejo, y ellas eran tan merecedoras como yo (…) Estos premios existen en todos los países, y quizás lo que se tiene que hacer es reformar los reglamentos.

¿Cómo ha vivido la pandemia? ¿Se encuentra trabajando en algún proyecto nuevo?

Sí. Acaban de publicarse dos libros míos que, por la pandemia, aún no han sido difundidos. Ambos son ensayos. El primero, ‘Crónicas de una época de indignación y de esperanza: 2016-2019’ es un libro de microensayos en los que reflexiono sobre acontecimientos políticos, culturales, de esos años en el país y el mundo. El segundo es ‘Pensamiento latinoamericano, desde la duda a la creencias’. Es una selección de ensayos sobre los pensadores más importantes de América Latina, desde el siglo 18 hasta el siglo 20. En definitiva lo que planteo en este último libro es el aporte latinoamericano dentro del pensamiento filosófico.