violencia doméstica
El maltrato infantil que sigue oculto en los hogares de Guayaquil
El caso del Guasmo Sur expone una realidad que persiste dentro de los hogares; especialistas explican por qué las señales no siempre se detectan a tiempo

Según expertos, cuando la violencia se vuelve una práctica cotidiana en el hogar, termina siendo normalizada.
Lo que debes saber
- El caso de una niña golpeada por su padrastro en el Guasmo Sur expuso una realidad que permanece oculta en cientos de hogares de Guayaquil: el maltrato infantil que muchas veces solo se conoce cuando alguien logra grabarlo.
- Registros municipales reportan 318 niños y adolescentes víctimas de violencia intrafamiliar entre mayo de 2025 y septiembre de 2026, mientras especialistas advierten que las señales suelen aparecer mucho antes de que el sistema intervenga.
- El papel cumplen las escuelas es importante en la detección; el contexto de inseguridad puede agravar la convivencia dentro del hogar.
El caso de una niña golpeada por su padrastro en el Guasmo Sur expuso una realidad que permanece oculta en cientos de hogares de Guayaquil: el maltrato infantil que muchas veces solo se conoce cuando alguien logra grabarlo.
Las imágenes indignan. Un sujeto golpea a una niña que yace en el suelo, dentro de una vivienda del Guasmo Sur, en Guayaquil. Lo que debía ser un espacio de cuidado y protección terminó convirtiéndose en un escenario de violencia. La conmoción provocó la detención del hombre, quien fue enviado a la cárcel de Esmeraldas con prisión preventiva por 40 días mientras avanza la investigación.
El video recorrió las redes sociales en cuestión de horas y desató una ola de rechazo. Pero detrás de ese caso, que logró hacerse visible porque alguien lo grabó, permanece una realidad mucho más amplia: la del maltrato infantil que ocurre lejos de las cámaras, entre cuatro paredes y, muchas veces, sin que nadie intervenga a tiempo.
A pesar de que el maltrato contra niños y adolescentes es un problema documentado desde hace años en Guayaquil y Guayas, especialistas en niñez, docentes, psicólogos y trabajadores sociales coinciden en que las señales suelen aparecer mucho antes de que un caso estalle.
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Plataforma municipal registra 318 víctimas de violencia intrafamiliar en Guayaquil en 16 meses
El Registro Estadístico Cantonal de Casos de Violencia Intrafamiliar y de Género (Reccvim), administrado por la empresa pública Segura EP, concentra los reportes atendidos por las instituciones municipales.
Entre el 15 de mayo de 2025 y el 1 de septiembre de 2026, la plataforma registra 318 niños y adolescentes víctimas de violencia intrafamiliar en Guayaquil. Las víctimas tienen entre 0 y 17 años.
En ese lapso, esta herramienta digital contabilizó 1.225 atenciones a víctimas de violencia doméstica dentro de ese rango etario. Esas cifras reflejan únicamente los casos que lograron ingresar al sistema de atención.
El maltrato infantil no nace de un hecho aislado
Para Mariuxi Peralta, consejera del Departamento de Consejería Estudiantil (DECE) del colegio Ecomundo, el maltrato infantil casi nunca nace de un hecho aislado, sino de dinámicas familiares complejas.
Explica que, en muchos hogares, como ocurrió en el caso del Guasmo Sur, quien ejerce la violencia no es el padre biológico, sino otra figura que asume un rol de autoridad sobre el menor.
La psicóloga sostiene que las instituciones educativas trabajan en la detección temprana mediante campañas, escuelas para padres y programas para que los estudiantes reconozcan límites corporales, identifiquen adultos de confianza y sepan denunciar situaciones que vulneren su integridad. Sin embargo, advierte que esas acciones encuentran un límite.
“A pesar de los esfuerzos, que son muchos, no todos los padres asisten y no todos mantienen estilos de crianza alineados a lo que la institución orienta”, explica.
El contexto de violencia en Guayaquil sí influye dentro del hogar
Peralta considera que el contexto de violencia que vive Guayaquil sí influye en la niñez, aunque de distintas maneras. Por un lado, genera ansiedad, miedo y ataques de pánico en niños expuestos constantemente a noticias o hechos violentos.
Por otro, cuando la violencia se instala como una práctica cotidiana dentro del hogar, termina siendo normalizada.
“Si esa violencia ya forma parte de la familia, los niños la normalizan y luego la replican o la reflejan en otros contextos”, explica.
Frente a ello, dice, el papel de la escuela es claro: guiar, detectar y activar los protocolos de protección antes de que el daño escale.

El padrastro agresor fue detenido y estará encarcelado 40 días.
“Yo pensé que era normal”: la historia del maltrato que permaneció en silencio durante meses
Magaly -nombre protegido- hoy tiene 19 años, pero todavía recuerda con precisión los diez meses en los que la violencia marcó su adolescencia. Entre 2020 y 2021 sufrió maltrato físico y psicológico por parte de una tía con la que convivía, después de que su familia tuviera que abandonar su vivienda durante la pandemia.
Nunca conoció a su padre y su madre, hermana de la agresora, pasaba gran parte del día trabajando, por lo que el cuidado de ella y sus dos hermanos quedó en manos de esa familiar.
“Todo comenzó después de la cuarentena. Como yo era la mayor de tres hermanos, cuando mi mamá no estaba ella me ponía a limpiar la casa y lavar los platos. Yo lo hacía porque nos había dado posada”, recuerda.
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Lo que empezó como una exigencia de tareas domésticas fue escalando poco a poco: primero llegaron los gritos, luego los insultos y, finalmente, los golpes.
“Yo pensé que era normal”, dice con una serenidad que contrasta con lo vivido. Cuenta que su tía le jalaba el cabello, le arrojaba los cuadernos a la basura y después convencía a su madre de que el castigo era consecuencia de una supuesta mala conducta. “Le decía que yo me había portado mal y que por eso me castigaba”, relata.
El silencio terminó el día en que le pidió a su madre que regresara temprano del trabajo. Frente a ella y a sus hermanos, la tía la empujó. “Ahí mi mamá, que no me creía al principio, se dio cuenta y nos sacó de esa casa”, recuerda.
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Años después, asegura que ya perdonó a su madre, pero no olvida lo difícil que fue no ser escuchada cuando intentó pedir ayuda.
Sin recursos para recibir atención psicológica, encontró apoyo donde menos lo esperaba: una profesora gestionó que una amiga psicóloga la atendiera de forma gratuita. Para Magaly, esa intervención no borró lo ocurrido, pero sí evitó que la violencia definiera el resto de su vida.
El mayor riesgo es la normalización de la violencia
Para la psicóloga clínica Laura Alvarado, el contexto de inseguridad que vive la ciudad sí incide, aunque no como una causa automática del maltrato.
“Cuando un hogar está expuesto de manera constante al miedo, las extorsiones, la falta de empleo o la pérdida de un ser querido por hechos violentos, la tensión emocional aumenta y se vuelve más difícil manejar los conflictos de forma sana. La violencia no convierte automáticamente a una familia en violenta, pero un entorno marcado por ella puede agravar problemas que ya existían dentro del hogar”, señala.
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Añade que el mayor riesgo es la normalización: niños que crecen creyendo que los gritos, los golpes o las humillaciones son parte de la vida cotidiana y tardan años en reconocer que también son víctimas.
Entre 2023 y 2026, las Juntas Cantonales de Protección de Derechos intervinieron en 6.335 casos de vulneración de derechos en Guayaquil. De ellos, 4.613 involucraron a niños, niñas y adolescentes, siendo el maltrato y la negligencia las afectaciones más frecuentes.
Durante ese período, las autoridades abrieron 3.980 expedientes administrativos y dictaron 8.284 medidas de protección.