sismos en Guayaquil
Guayaquil ante un sismo: los riesgos que amenazan al centro de la ciudad
Edificios antiguos y características del suelo aumentan la vulnerabilidad sísmica en Guayaquil; un terremoto podría superar la capacidad de respuesta

Ciudadanos caminan por la intersección de las calles Lorenzo de Garaycoa y Clemente Ballén, en el centro de Guayaquil, rodeados por edificios.
Lo que debes saber
- Guayaquil mantiene una alta vulnerabilidad ante un sismo de gran magnitud, especialmente en su zona céntrica, debido al suelo blando y a edificaciones antiguas con problemas estructurales.
- A esto se suman bodegas improvisadas, acumulación de materiales combustibles y posibles dificultades para atender emergencias por calles bloqueadas, escombros y fallas en los semáforos.
- Expertos y ciudadanos cuestionan si la ciudad está realmente preparada para resistir y continuar funcionando después de un terremoto.
Guayaquil enfrenta un desafío latente en su cotidianidad: su alta vulnerabilidad ante eventos sísmicos de gran magnitud. Aunque los terremotos son eventos impredecibles, un sismo con epicentro cercano al centro de la ciudad, en el golfo o incluso en localidades próximas, como Durán o Milagro, podría desencadenar desastres graves debido a debilidades estructurales, geológicas y operativas que llevan años acumulándose.
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El sismo de Colombia del pasado 10 de agosto reavivó esta advertencia. Priscila González Briceño, experta en prevención y gestión de riesgos, señala que “los desastres no comienzan con el sismo, sino con las condiciones de vulnerabilidad que hemos acumulado durante años”.
Sismo en Guayaquil: Suelo blando y sedimentario, principal factor de riesgo
Esta premisa es crítica en el centro de la urbe porteña, zona que concentra diariamente a miles de personas que habitan, trabajan o transitan por ella. El principal factor de riesgo es el suelo blando y sedimentario de la ciudad, que amplifica las ondas sísmicas.
El arquitecto Johnny Cóndor, perito de la Judicatura y parte del Cuerpo de Bomberos de Guayaquil, describe la compleja hidrogeología del Puerto Principal.
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“Tenemos humedad en toda la ciudad. Hacemos un hueco a un metro y encontramos agua. Guayaquil está sobre el limo (barro o fango)”, explica.
Esta condición contrasta en ciertos sectores, como Puerto Santa Ana, donde se hincan pilotes a 25 metros para lograr sismorresistencia. En el centro, en cambio, la respuesta estructural es incierta.
Sismo en Guayaquil: Envejecimiento de edificios antiguos, otro problema
A esta característica se suma el envejecimiento de edificaciones antiguas de construcción mixta, es decir, de madera y hormigón. Cóndor explica que la madera en las uniones de vigas y pilares ya cumplió su vida útil y, al perder humedad, genera fisuras.
“Con un movimiento se terminan de aflojar por completo y, por consiguiente, se puede producir un colapso”.
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El “divorcio”, como él lo llama, entre madera y bloque causa colapsos de paredes, falla que provocó muertes en el terremoto de Pedernales en 2016, recuerda Cóndor. Como consecuencia de esto, inmuebles patrimoniales ya muestran estructuras resentidas. Es el caso de la Casa Tola, en Escobedo y avenida 9 de Octubre.
La situación de los edificios altos en el centro es preocupante. El arquitecto Cóndor advierte que existen inmuebles “sentidos” y no reparados desde 2016 en vías como Vélez, 9 de Octubre, Luque y Chile. El Municipio cuenta con un listado de estos inmuebles en riesgo que siguen habitados.
Él menciona un edificio en Luque y Tulcán, clausurado en 2016 tras un colapso parcial, que aún sigue en pie y amenaza a sus vecinos. Además, Cóndor señala que estructuras altas con vacíos internos, como el edificio El Fórum, tienen grandes probabilidades de caer ante sismos mayores a los 7,5 grados de magnitud.
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Edificios como bodegas en Guayaquil podrían generar un escenario complicado dentro de una emergencia
Por otro lado, la conversión informal de oficinas en bodegas comerciales en sectores como la Bahía sobrecarga las estructuras. Priscila González, por su parte, explica que esto plantea dos problemas. El primero corresponde a las cargas que soportan las estructuras; el segundo, a la carga combustible. Materiales como ropa, cartón y juguetes acumulados aumentan el riesgo de incendios.
El siniestro de febrero de este año en el edificio Multicomercio, el complejo comercial de 11 pisos que se quemó en las calles Eloy Alfaro y Cuenca, en el centro de Guayaquil, fue una advertencia.
Tras un sismo, los cortocircuitos y la caída de mercancías desatarían un fuego de difícil control, de acuerdo con lo mencionado por González.

Un flujo importante de personas transitan a diario por debajo de edificios en la Bahía de Guayaquil.
El caos vehicular, las calles bloqueadas por escombros y los semáforos apagados, en una ciudad con alta concentración de puestos comerciales, dificultarían el paso de ambulancias y bomberos, sobrepasando la capacidad de socorro.
Ante esto, finalmente, González plantea una pregunta clave: ¿está preparada Guayaquil para continuar funcionando después de un sismo?
¿Cómo reaccionarían residentes y comerciantes en el centro de Guayaquil ante un sismo en Guayaquil?
Alejandro Cruz, quien reside en un edificio también del centro, admite sentir temor ante las consecuencias de caminar por calles como el bulevar 9 de Octubre u otras arterias importantes en caso de un sismo de gran magnitud.
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“Yo me he puesto a pensar qué haría si hay un temblor en pleno día, mientras estoy haciendo alguna compra o incluso solo comiendo. ¿Hacia dónde corro? ¿A qué le debo tener miedo o qué me podría caer? De paso, la Bahía está siempre tan ocupada de gente que tampoco sabría cómo reaccionar”, reconoce.
Cruz reside en el centro desde los cinco años y, por lo tanto, siente como su barrio el “corazón” de la ciudad. “Me daría tanta pena ver destruido el centro, el lugar que ha sido el ‘nido’ de tantos negocios y tantas historias”.
Desde la otra cara, Teodoro Santana, comerciante de uno de los mercados municipales de la urbe, cuenta que suele recorrer las zonas más densamente ocupadas del centro en pleno día en búsqueda de mercadería. Por tal razón, considera que es necesario que los ciudadanos conozcan el plan de seguridad en caso de emergencias como los sismos.
“Con tantos edificios, que si bien es cierto no son altos pero siguen siendo peligrosos, uno no sabe hacia dónde correr. Sería fatal un movimiento así, porque la gente no está preparada y algunos, Dios no lo permita, hasta podrían fallecer solo por no conocer qué hacer y qué no hacer. La gente con miedo es capaz de irse a parar debajo del lugar en el que más peligro corren”, indica con preocupación.