La calle de los camiones agobia a los vecinos de La Pradera
Los residentes acuden otra vez a EXPRESO para reiterar este problema no resuelto por la ATM y el Municipio. El ruido y el desorden les roba la paz

Trancones. Durante todo el día el transporte pesado se apodera de dos de las principales avenidas de La Pradera 2, provocando embotellamiento vehicular y ruido que perturba a los vecinos.
El estruendo de las bocinas, el chirrido de las ruedas sobre el asfalto y los fuertes golpes de las puertas de camiones y tráileres se han convertido en un dolor de cabeza para los habitantes de la ciudadela La Pradera 2 y 3, sur de la ciudad.
Al salir al balcón, el panorama es siempre el mismo: varios vehículos en fila ocupan casi todo el espacio de la calle.
El alboroto dura todo el día y, según denuncian los residentes, los camiones molestan “hasta en horas de la madrugada”, cuando únicamente les es permitido circular en horario nocturno y por rutas que no perturben la tranquilidad ciudadana.
Los habitantes afectados acudieron nuevamente a EXPRESO para denunciar esta situación que lleva varios años y que les está robando la tranquilidad a decenas de familias que habitan en las avenidas Domingo Comín y Hugo Cortez, y otras aledañas, como la Calle 1, en La Pradera 3, donde están ubicadas una decena de fábricas.

Daños. El paso constante de camiones y tráileres ha originado el deterioro de las calles, el hundimiento del asfalto, en algunos puntos, y averías de las veredas.
“Este es un problema enquistado y no hay quién lo solucione. Ya lo hemos denunciado ante la Agencia de Tránsito y Movilidad (ATM) e incluso lo hemos hecho ante el Municipio, pero nadie ha hecho nada; mientras nosotros seguimos sufriendo las consecuencias del quemeimportismo de las autoridades”, lamenta Manuel Cantos, líder barrial de La Pradera 2, quien habita desde hace más de 20 años en la zona.
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Él asegura que en la última década la situación se ha vuelto insostenible y preocupante por las consecuencias que esto está originando. “El pavimento de las calles está agrietado y en algunos tramos existe hundimiento de la calzada que podría provocar daños a los automotores y peatones que circulan y caminan por esas vías. Además, los trancones son recurrentes y trastoca la circulación de los vehículos de los residentes”, menciona, al tiempo de reiterar el pedido a la ATM para que haga controles y sancione a quienes interrumpen la paz de los residentes.

El diario pasar de estos camiones ha generado daños en la calzada.
Este Diario consultó a la ATM qué tipo de controles tiene previsto realizar y cuáles son las sanciones establecidas en estos casos; pero hasta el cierre de esta nota no hubo respuesta.
Desde la ventana de su vivienda, Camelia Gómez, de 70 años, se estremece cuando habla de este tema. Dice que no se acostumbra a que el piso se agite debajo de sus pies. Ni que los vidrios crujan cada vez que pasa un camión. “A veces me pego cada susto porque pienso que es un temblor o que la casa se va a desplomar”, narra la mujer, quien asegura estar perdiendo la audición no solo por la edad, sino por el ruido constante del transporte pesado que circula cerca de su casa.
Camelia se queja porque el movimiento vehicular empieza de madrugada y se extiende en pleno mediodía. “Y no solo eso, los camiones pasan cargados de todo: de combustible, de mercadería, de materiales de construcción. Y no es difícil adivinar la cuota de inseguridad que llevan a una zona que mantiene intactas sus características de barrio. Donde los chicos andan en bicicleta y juegan en las veredas”, subraya.

La contaminación auditiva es uno de los malestares constantes de los moradores de La Pradera 2
Viviana Fajardo, de 60 años, señala que desde hace un lustro que se mudó del Suburbio Oeste a La Pradera 3 ha agregado ruidos a su vida. “Los camiones empiezan a pasar desde las dos, tres, cuatro de la madrugada, y no paran. Esto es insoportable. Me cansé de denunciar que en estas avenidas siempre pasan estas unidades, aunque no es parte de la red de tránsito pesado”, recalca.
Lo misma pasa con Mariana Delgado, de la misma etapa, que no tolera ya salir a su ventana y no alcanzar a ver el parque o su carro porque no hay más que enormes camiones a la vista. “Aquí hasta el paisaje se ha visto vulnerado. No puedes hablar dentro de casa, te toca gritar, porque hay tremenda bulla externa. Salir a caminar termina siendo aun peor, estresante. Te toca caminar de ladito, casi que sin respirar porque ya parece que los camiones se vienen encima. ¿Qué tipo de vida es esta?”, se pregunta.

El congestionamiento vehicular que se genera, es un malestar que se ha vuelto habitual para los ciudadanos de esta ciudadela.
En la ordenanza municipal hay dos métodos de sanción para quienes infringen con lo estipulado en materia de transporte pesado. Como se trata de vehículos, es la ATM la que multa a los automotores infractores, mientras que el Departamento de Justicia y Vigilancia de la Municipalidad sanciona a las compañías tras denuncias ciudadanas canalizadas a través de esta entidad. Pero los residentes aseguran que ninguna de las dos instituciones se han hecho presentes para solucionar el problema.
Los transportistas no quieren hablar con EXPRESO sobre los males que originan en el sector; pero reconocen que sí usan el área como parqueadero porque no cuentan con otro sitio cercano para hacerlo.
Los vecinos dicen que ya se cansaron de la vibración del asfalto y el ruido de los motores y esperan que las autoridades actúen, de lo contrario, serán ellos quienes tomen acciones para sacar de las calles a los camiones y tráileres.