Tres obras ecuatorianas abrirán el Preludio de la Fiesta Escénica de Quito 2026
La ciencia ficción apocalíptica, el teatro documental y la autoficción atraviesan las propuestas que abrirán el esperado encuentro capitalino

La obra Algo sigue su curso del colectivo Proyecto Pendiente inaugura el Preludio de la Fiesta Escénica el miércoles de 20 de mayo.
Dramaturgia con sabor nacional
- Algo sigue su curso, Cadáver negro del sol y Tebas Land abordan universos distópicos, rituales escénicos y procesos de autoficción.
- Las tres propuestas surgen de procesos de investigación y creación colectiva. Se estrenan del 20 al 23 de mayo en la capital.
La escena contemporánea ecuatoriana atraviesa un momento de exploración y cruce de lenguajes. Nuevas dramaturgias y procesos de creación colectiva se articulan alrededor de preguntas sobre la violencia, la vigilancia, el cuerpo, la memoria, el abandono y las formas de representación.
En ese contexto, el Preludio de la Fiesta Escénica de Quito abre un espacio dedicado a los procesos creativos locales, con tres montajes dirigidos por creadores ecuatorianos que llegarán a las tablas del 20 y el 23 de mayo.
La programación reúne propuestas que dialogan con la ciencia ficción, el archivo histórico, la autoficción y el teatro documental. Desde universos postapocalípticos hasta rituales escénicos construidos con datos astronómicos y obras que cuestionan la representación de la violencia, las tres piezas comparten una preocupación por las formas en que el teatro puede construir nuevas lecturas de la realidad contemporánea.
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La obra inaugural
La obra que inaugura el Preludio es Algo sigue su curso, del colectivo Proyecto Pendiente, que se presentará el 20 de mayo en el Teatro México. La propuesta sitúa al espectador en un contexto postapocalíptico marcado por la vigilancia tecnológica y el aislamiento.
En este universo, el mundo ha sido devastado por un cataclismo climático provocado por el extractivismo industrial, lo que ha derivado en un sistema de hipervigilancia y control. Allí, tres personajes sobreviven en una cotidianidad donde la idea de comunidad parece imposible: una mujer juega a morir, aunque la muerte está prohibida; otra colecciona palabras pese a haber perdido el habla; y una tercera espía a sus compañeras a cambio de recuperar recuerdos del pasado.
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La dramaturga Salomé Velasco explica que el proyecto surgió inicialmente a partir de un acercamiento a la obra Final de partida, de Samuel Beckett. “Nos dimos cuenta en el camino de que había un impedimento que frenaba lo que queríamos hacer, pues los personajes, que son hombres, no podían ser representados por actrices. Entonces eso nos dio la pauta para hacer una especie de versión libre”, comenta.
Sin embargo, el proceso derivó hacia una creación construida colectivamente a partir de improvisaciones, conversaciones y ejercicios actorales junto al elenco y al director, Iñaki Moreno.

La obra surgió a partir de un acercamiento a la obra Final de partida, de Samuel Beckett.
La obra explora códigos de la ciencia ficción y del teatro del absurdo desde un universo distópico poco habitual en la escena ecuatoriana. Moreno señala que uno de los retos fue sostener el ritmo y las tensiones dramáticas dentro de ese género. “Decidimos introducir cierta comicidad desde el gesto y desde la palabra. La obra no es solo una cuestión densa, sino que tiene estos chispazos de diversión, de absurdidad e incluso momentos de surrealismo”, afirma.
La propuesta también incorpora un diseño sonoro construido como un personaje más dentro de la escena. Gabriel Barreto, encargado del diseño sonoro, explica que la referencia inicial fue la película Cartas de un hombre muerto. “El sonido es oxidado todo el tiempo. Entonces todos los elementos responden a eso. El sonido dialoga con las actrices y hace que la atmósfera sea más fuerte”, comenta.
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Un universo 'postsolar’
El 21 de mayo llegará Cadáver negro del sol, dirigida por Denisse Neira y presentada por el colectivo Tardigradx Bichepalus en el Teatro Nacional Sucre. La obra propone un ritual escénico contemporáneo construido a partir de crónicas coloniales, archivos históricos, danza contemporánea, datos astronómicos y ficción especulativa.
En el universo de la obra, el sol ha sido privatizado y las acllas -las vírgenes del sol- permanecen esperando engendrar al nuevo hijo solar. A partir de esa premisa, el montaje cruza investigaciones sobre el disciplinamiento corporal, las bastoneras escolares y las representaciones nacionales construidas desde el cuerpo.

La puesta en escena contará con diez bailarinas sobre las tablas.
“Nos interesaba pensar cómo, desde el cuerpo, también se construye una nación. Encontramos estas representaciones escolares sobre las vírgenes del sol y vimos cómo la historia también tiene filtraciones de ficción que construyen nuestra realidad nacional”, explica Neira.
La directora añade que el proyecto reúne materiales provenientes de investigaciones históricas y de su propia tesis de maestría. “Queríamos construir un rito para el público. Entonces ingresan el sonido, la luz y el uso de datos científicos. Trabajamos con información enviada por satélites y con procesos de sonificación de datos. Todo eso crea este universo”, señala.
La puesta en escena contará con diez bailarinas, visuales en vivo, dispositivos lumínicos y una composición sonora construida con datos astronómicos en tiempo real. “Queríamos una estética barroca. Más bien sentimos que nada quedó fuera. Todo convive ahí: el movimiento, el archivo, el sonido, la luz y esta ficción postolar”, comenta Neira.
Poner el dolor en palabras
El cierre del Preludio llegará con Tebas Land, dirigida por Ivannia Michelena y presentada por La Hoguera Teatral el 23 de mayo en el Teatro Nacional Sucre. La obra, escrita por el dramaturgo franco-uruguayo Sergio Blanco, parte de la figura del parricidio y de los encuentros entre un joven condenado por asesinar a su padre y un dramaturgo que intenta reconstruir la historia del crimen.
Inspirada en el mito de Edipo y en expedientes judiciales ficticios creados por Blanco, la obra desplaza el foco desde el crimen hacia las posibilidades de representación teatral.

En Tebas Land, el teatro se vuelve un espejo incómodo, donde la paternidad, la culpa y la mirada social se tensionan.
Michelena explica que la versión ecuatoriana partió de un proceso de investigación con personas privadas de libertad. “Tebas Land es una obra que se inscribe dentro de la autoficción y que difumina los límites entre la ficción y la realidad. Me encontré con el texto en 2019 y me gustó muchísimo. Ahí nació la idea de ponerla en escena, pero adaptada al contexto local. Para ello hicimos un año de investigación, entrevistas con personas privadas de libertad y ejercicios actorales”, comenta.
La directora añade que el montaje implicó desafíos escénicos y actorales particulares. “El primer reto fue la escenografía, porque sucede dentro de una cancha enrejeada de tres metros de altura. También fue un reto actoral porque era necesario mostrar las violencias que había sufrido el personaje y cómo esas narraciones afectan la percepción del dramaturgo”, explica.
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La obra se presenta en un contexto atravesado por debates sobre violencia y sistema penitenciario en el país. “Queremos que sea una obra movilizadora. Es significativa dentro del contexto actual y nos hace pensar en esos contextos de violencia y en lo que queda debiendo la supuesta rehabilitación”, concluye Michelena.