Gabriela Ponce convierte el teatro en territorio de resistencia
La dramaturga, autora y docente lidera una institución histórica mientras apuesta por las nuevas formas de producción cultural

Gabriela Ponce es dramaturga, docente y autora reconocida con el Premio Joaquín Gallegos Lara y Escenarios del Mundo.
Gabriela Ponce asumió el cargo en 2023
- Frente al festejo por los 140 años del Teatro Nacional Sucre, su directora reflexiona sobre la labor de hacer arte en medio de las adversidades.
- Su gestión busca fortalecer el teatro y la dramaturgia dentro de la fundación e impulsar nuevas formas de creación.
Cuando Gabriela Ponce Padilla asumió la dirección artística ejecutiva de la Fundación Teatro Nacional Sucre, en octubre de 2023, imaginó que su trabajo estaría centrado en la programación escénica. Venía del teatro, de la escritura y de la academia. Sin embargo, al llegar, el alcance del escenario resultó mucho más amplio de lo que había previsto.
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“Uno dice, ‘qué hermoso poder gestionar, poder programar, poder hacer una curaduría a la altura de este teatro histórico para nuestra ciudad’. Pero luego cuando estás acá te das cuenta de que la fundación abarca un territorio enorme”, cuenta. La dimensión del cargo -que incluye cuatro espacios y ocho elencos- reconfiguró su forma de entender el oficio. “La parte ejecutiva, que es la que yo menos comprendía o dimensionaba, es la que ocupa la mayor parte de mi tiempo”.
Desde entonces, su gestión se despliega entre dos frentes: sostener una institución con peso histórico y, al mismo tiempo, abrir espacio para nuevas formas de creación. En ese cruce, ha debido aprender -en la práctica- lo que implica administrar lo público.
Gestionar en medio de la incertidumbre
El tránsito desde la creación hacia la gestión no fue lineal. “Yo venía desde lo artístico, desde lo académico, y ya instalarme en el espacio de la gestión ha significado un aprendizaje enorme”, explica. Antes de su llegada a la FTNS, había construido una trayectoria sólida en las artes: becaria Fulbright, docente universitaria, dramaturga y autora reconocida con el Premio Joaquín Gallegos Lara y Escenarios del Mundo.
Ese proceso implicó comprender la lógica de la administración pública, los tiempos institucionales y las condiciones políticas que atraviesan la cultura. “No existe escuela en gestión cultural, en administración pública de la cultura, en política de la cultura. Entonces, pensar la política pública ha sido un desafío enorme. Pero es mi obligación, porque el acceso a la cultura es un derecho y porque nosotros no solo hacemos gestión cultural, sino que desde aquí hacemos política pública”, señala.
A ello se suma un contexto que describe como inestable. “La gestión cultural no tiene la estabilidad para poder realmente planificarse y cumplir su programación”, afirma. Cambios en normativas, sistemas de contratación o decisiones políticas inciden directamente en la programación y en la sostenibilidad de los proyectos.

Gabriela Ponce es autora de títulos como Sanguínea, Flotar, pude y Antropofaguitas. Ocupa el cargo de directora artística y ejecutiva de la Fundación Teatro Nacional Sucre desde 2023.
Ese escenario se ha complejizado con la reforma al COOTAD, aprobada en febrero de 2026. Frente a ello, el desafío es inmediato: “Vamos a tener que repensar el lugar de las fundaciones, cómo van a articularse, cómo van a seguir funcionando”.
Aun así, insiste en que el margen de acción no desaparece. “No podemos dejarnos embargar por el pesimismo… la cultura siempre ha implicado resistencia”, añade.
El teatro dentro del teatro
Desde su llegada, Ponce ha buscado ampliar el lugar de las artes escénicas dentro de una institución históricamente centrada en la música. “Para mí siempre había una deuda con el teatro. Mi meta, desde que llegué, era traer el teatro al teatro”, resume.
Ese enfoque se ha traducido en el fortalecimiento de la programación escénica y en el impulso de espacios de creación. Entre ellos, la residencia de dramaturgia, que combina formación, escritura y circulación. “Era una deuda histórica con la dramaturgia nacional. La idea era responder a esta carencia que existe en el medio: la posibilidad de que el teatro se lea, se escriba y circule”, explica.
En ese sentido, desde 2025, la entidad ha publicado dos volúmenes de Cuadernos de Dramaturgia, con las piezas de los participantes de las residencias, y ha apostado por su montaje tanto en lecturas dramáticas como en puestas en escena.
A la par, el crecimiento del público ha sido parte del proceso. “Hemos subido sustancialmente más de un 80% en públicos de la fiesta escénica”, comenta sobre el festival que se ha convertido en uno de los ejes de su gestión y que abrirá sus puertas a una nueva edición el próximo 25 de mayo.
Un esperado festejo
Este año, el teatro cumple 140 años, pero la conmemoración no se limitará a una única fecha. “Queremos celebrar al teatro a través de la visibilización de todo lo que hace la fundación”, explica.
Por ello, la celebración se extenderá a lo largo de todo el año e incluirá conciertos, obras y actividades que reunirán a los ocho elencos, recientemente fortalecidos con el ingreso de sesenta y siete músicos. “Queremos mostrar la riqueza y diversidad de nuestros elencos y que la ciudad festeje con nosotros”, señala.

Desde su llegada, Ponce ha buscado ampliar el lugar de las artes escénicas dentro de una institución históricamente centrada en la música.
De lo público a lo íntimo
Aunque señala que su compromiso con la gestión es su prioridad actual, confiesa que el trabajo institucional le ha dejado poco espacio para la creación personal.
“Lo público te atrapa, te consume y te exige de un modo que no puedes realmente pensar en nada más”, reconoce. La intensidad de la gestión ha desplazado, en buena medida, el tiempo que antes dedicaba a la escritura.
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Autora de títulos como Sanguínea, Flotar, pude y Antropofaguitas, su obra ha transitado entre la narrativa y la dramaturgia, consolidando una voz propia en el panorama literario ecuatoriano.
Sin embargo, la escritura no ha desaparecido. En medio de agendas fragmentadas, ha logrado sostener el proceso creativo en los márgenes del tiempo disponible.
“Tengo una novela que empecé antes de entrar a la fundación y que he seguido escribiendo y revisando en mis tiempos libres. Quisiera publicarla más adelante”, dice.