Hollywood cambia sus reglas: ¿las franquicias acabaron con las estrellas de cine?
El cine cambia: las franquicias dominan, el público adulto migra al streaming y las salas buscan convertirse en experiencias premium

Las cosas están cambiando en Hollywood y la forma de ver cine va cambiando.
Lo que debes saber
- El cine comercial prioriza franquicias sobre estrellas y modifica la relación del público con las salas.
- El público adulto migra al streaming mientras los cines apuestan por experiencias premium.
- Los sindicatos de Hollywood lograron proteger el uso de la imagen y voz de actores ante réplicas digitales.
El cine atraviesa una transformación marcada por el auge de las franquicias, el crecimiento del streaming y el cambio en los hábitos del público. Las grandes estrellas ya no son el principal motivo para acudir a una sala, mientras las producciones independientes buscan nuevos espacios para sus intérpretes.
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Las plataformas exponen a actores de circuitos como Sundance y Cannes ante audiencias globales, mientras los cines apuestan por pantallas gigantes, sonido inmersivo y experiencias que el hogar no puede ofrecer.
La franquicia
Una franquicia importa más que un actor. En el cine comercial actual, las grandes audiencias ya no van a las salas siguiendo a un actor específico. Se dirigen a los cines que exhiben largometrajes comerciales.
Y está justificado, porque la industria cambió las reglas del juego.
‘Muerte’ de las estrellas de cine
Veinte años atrás, la gente iba al cine para ver a Julia Roberts o Jim Carrey, sin importarles mucho de qué se trataba la película. Hoy van a mirar a Batman o a Spiderman, sin preocuparse de quiénes los caracterizan.
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La alienación del público adulto
Los estudios ya no arriesgan dinero en ideas originales y casi el 80 % de la taquilla global se concentra en secuelas, adaptaciones, videojuegos, cómics o juguetes. Como esas marcas ya son famosas por sí solas, no necesitan mayor publicidad.
Esto ha generado uno de los problemas más graves que enfrenta la industria del cine actual: la pérdida casi total del público adulto. Los espectadores mayores de 40 años crecieron con un cine basado en la narrativa, el desarrollo de sus personajes, el diálogo inteligente y el carisma de grandes actores.
Ir al cine hoy significa ver solo explosiones, pantallas verdes o tramas repetitivas, lo que hace que la generación pasada vea que esas películas no son para ellos. Estos espectadores, sin embargo, no han dejado de ver cine. Lo que han hecho es cambiar de espacio.
Los dramas otoñales, los thrillers psicológicos y las comedias inteligentes se fueron por completo a plataformas como Netflix, y allí están los adultos, masivamente, para admirarlas.
Actores como piezas de repuesto
Actualmente, las superestrellas son casi dueñas de sus marcas y han optado por desarrollarlas ellas mismas. Un claro ejemplo es Tom Cruise. Se han apropiado de sus personajes y, aunque la mística no exista, se vanaglorian de los millones ganados y de que sus presencias están, únicamente, en las pantallas gigantescas de los cines.
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¿Desaparecerán las salas de cine?
Las salas de cine no están destinadas a desparecer, pero están cambiando su propósito. No estamos frente a su desaparición, sino ante la terminación de lo que experimentábamos el siglo pasado.
Además, este 2026 va siendo histórico, pues la taquilla global ha vivido su mejor renacimiento pospandémico. Se debe a esos grandes éxitos y sorpresas culturales que han recaudado miles de millones de dólares. El público regresó masivamente a las salas cuando se percató de que le ofrecían razones muy valederas para salir de casa.
El cine, para sobrevivir a largo plazo ante la comodidad que ofrecen los televisores OLED y el streaming, entendió su metamorfosis obligatoria. Una de sus consecuencias es la reducción de salas intermedias. Ya no se necesitaban los Megaplex que albergaban 20 salas idénticas y, sobre todo, la gente prefería esperar a que su streaming las programase.
Cine ‘premium’ y de experiencia
En la actualidad, ir al cine se está convirtiendo en un evento de lujo. Las salas que prosperan son las que ofrecen lo que el hogar no puede: pantallas gigantes, como IMAX y 70mm, sonido inmersivo, láser de última generación, asientos con movimiento, servicio de restaurantes y, tarde o temprano, una bebida de alta gama en la butaca.
Eso, en los momentos actuales, al menos en Guayaquil, asusta, pues los movimientos pueden hacer creer que se viene un terremoto.
¿Se acabarán los actores de carne y hueso?
No. Aunque existe la amenaza de que los estudios manipulen réplicas digitales cual mercancía real, “no contaban con la astucia” desplegada por el Sindicato de actores y guionistas de Hollywood y triunfador absoluto debido a su famosa huelga.
El sindicato logró ratificar contratos que protejan al factor humano e impidan que la voz o imagen de un actor, sin su consentimiento expreso y por escrito, sea utilizada para crear réplicas digitales basadas en actores secundarios y utilizarlas de forma limitada como fondo, no sin pagarles justas regalías.
Tampoco se podrán utilizar actores sintéticos, creados 100 % por computadora, para reemplazar el empleo de intérpretes humanos. La revista Time sigue vigente, pero gracias a las batallas legales de los sindicatos, el arte de actuar sigue protegido por la ley… Al menos por ahora.
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