“El futuro de El Retiro es abrir otra ventana idéntica”: el plan de la cafetería de Puerto Azul
El Retiro nació para acercar a los vecinos a través del café. Su crecimiento impulsó una conversación sobre ciudad y convivencia

Ventana de atención del café El Retiro, en Puerto Azul.
Lo que comenzó como una idea para preparar café en casa y entregarlo a los vecinos a través de una ventana terminó convirtiéndose en un fenómeno de convivencia urbana en Puerto Azul. Sin mesas, sillas ni un local comercial formal, 'El Retiro' transformó la vereda en un espacio de encuentro peatonal donde el café de especialidad sirvió como puente para reconectar a la comunidad y devolverle la vida a la calle.
Aunque el concepto cobró fuerza y se lanzó oficialmente durante 2026, la idea no comenzó este año. Su origen se remonta a años atrás, cuando la infraestructura del inmueble y los primeros vínculos con el entorno empezaron a moldearse progresivamente antes de abrir esa ventanita al público.
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Un proyecto que nació mucho antes del café
El Retiro no nació como un emprendimiento concebido de un día para otro. Fue el resultado de una evolución paulatina de distintas iniciativas impulsadas por una misma familia, cuyo objetivo siempre fue fortalecer la vida comunitaria en Puerto Azul.
Sus fundadores —entre ellos Juan Alberto Andrade, arquitecto y residente de Puerto Azul— habían impulsado anteriormente iniciativas como la reforestación del parque ubicado frente a su vivienda, actividades vecinales, funciones de cine comunitario y el apoyo a una fundación dedicada al cuidado de gatos en situación de calle.
"Lo que nosotros queríamos era, nosotros, desde nuestra posición de vecinos, hacer café para vecinos", explica Andrade al recordar el origen del proyecto. Para él, la intención nunca fue abrir un local comercial, sino construir un espacio cercano donde fueran los propios dueños quienes recibieran a cada cliente y conocieran sus gustos.
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La arquitectura también formó parte de la idea
La característica ventana desde la que se despachaban los cafés tampoco fue improvisada.
Andrade cuenta que el espacio fue diseñado hace seis años como parte de un proyecto arquitectónico realizado en su vivienda. Desde el inicio buscaba mantener una relación visual con la calle y favorecer el contacto con quienes caminaban por el sector. Posteriormente, ese proyecto recibió el nombre de El Retiro, al estar construido sobre el retiro frontal de la casa, y llegó a ser finalista de la Bienal Panamericana de Arquitectura. Cuando nació la cafetería, el nombre encontró un nuevo significado: el lugar donde los clientes retiraban su café.
Frente a la vivienda también existe un parque que la familia ayudó a reforestar con 36 árboles del bosque seco, un espacio que terminó complementando la experiencia del proyecto.
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Una comunidad que se formó alrededor del café
El Retiro comenzó recibiendo pedidos por WhatsApp para luego entregarlos por la ventana. Con el paso de las semanas, el boca a boca hizo crecer el proyecto y transformó ese punto de retiro en un lugar de encuentro.
Personas que iban al gimnasio, familias con niños, adultos mayores, ciclistas y dueños de mascotas empezaron a coincidir en distintos momentos del día. Según Andrade, la experiencia trascendió la venta de café y permitió recuperar una forma de convivencia que considera cada vez menos frecuente en las ciudades.
"Lo que nos interesa es que la gente salga a la calle", afirma el arquitecto, quien sostiene que los barrios funcionan mejor cuando existen espacios donde los vecinos pueden encontrarse espontáneamente.
Para él, conocer el nombre de los clientes, recordar cómo preferían su bebida o conversar unos minutos mientras esperaban su pedido era precisamente el objetivo del proyecto.

Vecinos y dueños de mascotas comparten espacios de encuentro en Puerto Azul.
Mucho más que café
El Retiro ofrecía café de especialidad preparado por los baristas Juan Emilio Jiménez y Cuqui Rodríguez, utilizando granos provenientes de Zamora Chinchipe.
El menú incluía expreso, americanos, capuchinos, mocachinos, filtrados, lattes fríos, limonada de café y bebidas de temporada como el latte de rompope. Además, el proyecto se alió con la marca de postres Biscotti, también impulsada por una residente de Puerto Azul, para complementar la oferta gastronómica.
Los fines de semana organizaban actividades comunitarias y campañas de concienciación mediante mensajes impresos en los vasos de café, abordando temas ambientales y sociales propuestos por los propios vecinos.
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El crecimiento del proyecto abrió un debate sobre la convivencia en el barrio
Con el paso de las semanas, el proyecto comenzó a atraer cada vez más visitantes y a reunir cada vez más personas en los alrededores del parque ubicado frente a la casa.
Ese crecimiento también dio paso a las primeras inconformidades. Según Juan Alberto Andrade, algunos vecinos cuestionaron que el inmueble estuviera operando como un establecimiento comercial, pese a que, asegura, el proyecto consistía únicamente en preparar café dentro de la vivienda y entregarlo para llevar.
"Nos denunciaron desde el desconocimiento. Nos denunciaron diciendo que éramos un local comercial, claramente no lo somos, no lo fuimos", sostiene el fundador. Explica que el terreno donde se ubica la casa tiene uso residencial y que esa fue precisamente la razón por la que nunca abrieron una cafetería tradicional con mesas y atención al público.

El café El Retiro anunció su cierre tras denuncias vecinales en Puerto Azul.
De acuerdo con Andrade, el Comité de Puerto Azul realizó un primer acercamiento para advertirles sobre la situación. Posteriormente, el caso fue remitido al Municipio de Guayaquil con el argumento de que existía un comercio funcionando en un predio residencial. Sin embargo, relata que tras la inspección municipal no se dispuso ninguna clausura porque la vivienda no calificaba como un local comercial. "Aquí no hay nada que cerrar porque no es un local", fue la respuesta que, según el entrevistado, recibieron por parte de las autoridades.
Para Andrade, el caso evidenció un "vacío de la ley", ya que, a su criterio, el proyecto no operaba fuera de la normativa, aunque tampoco existía una regulación específica para una iniciativa de estas características. "Trabajamos en el vacío de la ley, no por fuera de la ley", afirma.
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Mientras la discusión avanzaba, la historia comenzó a viralizarse en redes sociales. El fundador asegura que recibieron mensajes de respaldo de vecinos, concejales, exautoridades y ciudadanos que consideraban que la iniciativa representaba una forma distinta de recuperar la vida de barrio.
El debate dejó de centrarse únicamente en una cafetería y pasó a plantear preguntas sobre las ordenanzas municipales y el espacio que tienen los pequeños emprendimientos comunitarios dentro de zonas residenciales.
No obstante, el crecimiento también tuvo efectos para quienes vivían junto al emprendimiento. Andrade reconoce que el flujo de visitantes empezó a generar molestias relacionadas con el estacionamiento, la presencia constante de personas en la vereda y la exposición de las viviendas en redes sociales.
"Ellos no tienen por qué comerse 50 personas en la vereda esperando un café", admite. Por ese motivo, asegura que la decisión de cerrar la ventanita no respondió a una clausura municipal, sino a la intención de preservar la convivencia con sus vecinos inmediatos.
Paradójicamente, la denuncia también impulsó el crecimiento del proyecto. Andrade recuerda que la solidaridad de la comunidad multiplicó la afluencia de clientes: inicialmente esperaban vender unos 15 cafés diarios, pero en la última jornada despacharon más de 250 bebidas. Incluso, la publicación en la que anunciaron que dejarían de atender desde la ventana acumuló más de 1.800 comentarios de apoyo, la mayoría de residentes de Puerto Azul, según el fundador.
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El futuro de El Retiro
Aunque la atención desde la emblemática ventana llegó a su fin, Juan Alberto Andrade asegura que el proyecto continuará. La decisión de cerrar no significó el final de El Retiro, sino el inicio de una nueva etapa en la que el principal reto será encontrar un espacio donde el modelo pueda convivir con el entorno.
"Cerramos por respeto a nuestros vecinos inmediatos, porque el proyecto tuvo muy buena acogida, creció y El Retiro necesita irse a otro lugar donde todos estén cómodos: la gente que nos quiere y la gente que no", afirma el fundador.
Tras anunciar el cierre, surgió una pregunta entre los clientes: ¿a dónde irá El Retiro? Andrade aclara que la respuesta siempre estuvo en el mismo lugar: Puerto Azul. El equipo descartó trasladarse a un local comercial tradicional, pese a que existían predios con uso de suelo que permitían operar con todos los permisos municipales.
"La gente cree que el problema era el permiso, pero nunca tuvimos problemas por el permiso. El problema era la convivencia", sostiene. Por ello, explica que ahora buscan un espacio con calles más amplias, frente a un parque o en un sitio donde la dinámica del proyecto no afecte a los residentes cercanos.
La idea tampoco es cambiar la esencia del emprendimiento. Andrade adelanta que el objetivo es abrir otra ventana, replicando el concepto que convirtió al café en un punto de encuentro para los vecinos.
"El futuro de El Retiro es abrir otra ventana, idéntica, donde la gente vuelva a salir a la calle a pedir su café", señala.
Más allá del café, una idea de comunidad
Para el arquitecto, la experiencia dejó aprendizajes que no modificaría si tuviera la oportunidad de empezar nuevamente. Define la primera etapa de El Retiro como un "laboratorio" que permitió entender tanto a quienes respaldaban la iniciativa como a quienes preferían mantener la tranquilidad de su entorno.
"Fue un gran experimento. Entendimos lo que quiere la gente que llega caminando por un café y también lo que esperan quienes viven alrededor. No vamos a cambiar el modelo; vamos a buscar un lugar donde esas dos realidades puedan convivir", explica.
Más allá del café, Andrade considera que el proyecto abrió una conversación sobre el papel que pueden desempeñar los pequeños emprendimientos en la construcción de comunidad. Incluso, cree que el debate generado tras el cierre podría servir para revisar si las ordenanzas municipales responden a nuevas formas de activar la vida barrial.
"Las conclusiones de este proyecto son darle una oportunidad a la gente y a la ciudad para que la calle vuelva a ser el escenario de algo. Que la gente salga otra vez, converse y se encuentre. Ese siempre fue el propósito de El Retiro."