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Diario Expreso Ecuador

La Copa que vale millones, banderas que no pueden tocar el suelo y otras rarezas del Mundial

La cita mundialista va más allá de los goles y el terreno de juego; este torneo esconde historias que revelan el lado más humano y cultural del deporte

El equipo de fútbol de Irán debe abandonar Estados Unidos al terminar los partidos

El equipo de fútbol de Irán debe abandonar Estados Unidos al terminar los partidos@teammellifootball

María Verónica Vernaza Guerrero

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Lo que debes saber:

  • Las selecciones adaptan sus tradiciones y superan barreras, como el emotivo mensaje de paz de Irán.
  • La copa original posee un valor simbólico incalculable y permanece bajo estricta custodia en Zúrich.
  • El protocolo oficial para la interpretación de los himnos nacionales contempla ajustes especiales en dos casos concretos.

Detrás del espectáculo televisivo y la adrenalina de cada partido, existen detalles fascinantes que pasan desapercibidos. Desde estrictas restricciones diplomáticas y protocolos religiosos hasta rituales antiguos que reviven en las tribunas, estas son cuatro curiosidades increíbles que marcan el pulso de la cita mundialista actual.

Mensaje de Irán tras el empate

Los jugadores de Irán dejaron una nota manuscrita en el vestuario tras el empate 0-0 ante Bélgica, en la que agradecieron a Los Ángeles por su hospitalidad, tras una participación marcada por medidas extraordinarias fuera de la cancha.

En medio del conflicto en Oriente Medio, Irán fue el único equipo sometido a restricciones excepcionales. La selección debió trasladarse desde su base en Tijuana, México, hacia Estados Unidos menos de 24 horas antes de cada partido y regresar inmediatamente después.

“Desde la Antigua Persia de hace miles de años hasta el Irán civilizado de hoy, el espíritu de Irán sigue vivo y firme. Vinimos a Los Ángeles con orgullo, competimos con honor y nos vamos con dignidad. Gracias, Los Ángeles, por su hospitalidad. Y gracias a cada iraní que entregó su corazón, su voz y su alma por Irán a lo largo de estos 180 minutos. Que la paz, el respeto y la amistad prevalezcan entre todas las naciones”, escribieron.

La nota también recordó el ataque contra una escuela en Minab durante el primer día de la guerra con Estados Unidos, un hecho en el que, según reportes, murieron 168 niñas.

La copa no se entrega

El trofeo original que se entrega a los campeones mundiales es una pieza única: está elaborado en oro de 18 quilates, pesa poco más de seis kilos y su valor material se estima entre 250.000 y 350.000 dólares. Sin embargo, su precio real, por historia y simbolismo, puede superar los 20 millones de dólares.

Pese a su prestigio, el trofeo nunca pasa a manos del campeón. La organización lo conserva bajo estricta custodia en su museo de Zúrich. En su lugar, el ganador recibe una réplica de plata bañada en oro.

Su historia está marcada por dos robos. El primero ocurrió en Londres en 1966, cuando la Copa Jules Rimet desapareció durante una exhibición previa al Mundial. Días después, un perro llamado Pickles la encontró envuelta en papel, escondida bajo un arbusto

El segundo robo sucedió en Brasil en 1983. El trofeo, ya en propiedad del país tras el tricampeonato de 1970, fue sustraído de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol. Nunca se recuperó; se presume que fue fundido.

Es por esa razón que la copa original sigue siendo uno de los objetos más vigilados del deporte mundial.

Protocolo detrás de las banderas

Durante el Mundial, la organización implementó un nuevo protocolo prematch en el que las banderas gigantes de las selecciones se despliegan directamente sobre el césped mientras suenan los himnos. Sin embargo, este procedimiento tuvo que modificarse por motivos religiosos y culturales con los símbolos patrios de Arabia Saudita e Irak.

La bandera de Arabia Saudita lleva inscrita la Shahada (la profesión de fe islámica), mientras que la de Irak porta el Takbir («Allahu Akbar», Dios es el más grande). Según las leyes de ambos países, estas frases sagradas jamás deben tocar el suelo ni ser pisadas, ya que se considera un acto de profanación y blasfemia grave.

Para evitar una crisis diplomática y respetar la fe de estas naciones, se dispuso una adaptación durante la ceremonia en sus partidos. En lugar de colocar las telas sobre la hierba, un grupo de voluntarios mantuvo ambas banderas elevadas en el aire durante todo el acto protocolario. 

Para mantener la simetría visual del espectáculo, también se sostuvo en vilo la bandera de sus rivales en turno, garantizando así el respeto cultural en el torneo

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