Los encantos del puerto de los murales

  Buenavida

Los encantos del puerto de los murales

Más de 300 grafitis y pinturas dibujados con aerosol colorearon una ciudad industrial de Austria.  Es una galería al aire libre

Murales
Parece una fotografía, pero es un grafiti de Karski & Beyond sobre un depósito del puerto de Linz.DPA

Los murales pintados con aerosol se unen al arte digital y colaboran con la transformación de Linz. La localidad austriaca dejó de ser una ciudad industrial gris para convertirse en un respetado destino cultural.

La serpiente, de color verde venenoso, recorre todo a lo largo la pared de un depósito. El artista austriaco de grafitis Nychos tardó solo cinco días en crear esta espectacular imagen con pintura en aerosol.

La pintura de la serpiente abarca 900 metros cuadrados y es el grafiti artístico más grande de la ciudad portuaria de Linz, ubicada a orillas del río Danubio.

Mural Harbor (Puerto de murales) es el nombre de esta expresión artística que reúne más de 300 grafitis y pinturas dibujados con aerosol en rampas de carga y almacenes, contenedores y frigoríficos. Hoy en día se describe como la galería al aire libre más extensa de este arte en Europa.

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La idea fue de Leonhard Gruber, quien migró de Tirol a Linz y estableció su oficina en el puerto.

Gruber ya se había hecho un nombre en los Alpes como organizador de eventos deportivos de snowboard. Y al llegar a la ciudad sobre el Danubio se sorprendió por el grisáceo aspecto industrial del lugar.

"Sin embargo, Linz era conocida entre bailarines de breakdance y músicos de hip-hop", dice. Pero entonces, el arte de los grafiti vinculado con la cultura del hip-hop era prácticamente desconocido en allí.

Con motivo de la Hafenfest (fiesta del puerto) de 2012, Gruber hizo pintar con pulverizadores por primera vez la pared frontal de un depósito. El grafitero berlinés Stohead decoró en aquel momento nada menos que 500 metros cuadrados.

Después de eso, la noticia de que en el sector del puerto del Danubio (Donauhafen) de Linz se podían pulverizar enormes superficies se extendió como un reguero de pólvora en la escena mundial de los artistas urbanos.

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Los visitantes pueden crear su propio mural en un curso intensivo.DPA

Mural Harbor se convirtió, con apoyo de la empresa operadora del puerto, en un lugar legal para la actividad artística -a menudo ilegal- del grafiti.

El espectro de los espacios disponibles para pintar va desde un formato de tarjeta postal hasta superficies gigantescas.

El área de arte muestra sencillos "smileys" rociados con unos pocos trazos junto a retratos fotorrealistas. Han participado artistas de 35 naciones que pulverizaron y pintaron en el puerto, llegaron de Australia y Singapur, Marruecos y Sudáfrica, Chile y Perú.

Pero los artistas de grafiti más rebeldes poco podían comulgar con la galería a cielo abierto. ¿Pulverizar por invitación de una galería? Eso no cierra en absoluto. Porque para ellos en primer plano está el atractivo de lo prohibido.

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Para ellos, los dibujos estridentes y coloridos se crean en la oscuridad protectora de la noche en, por ejemplo, vagones del metro, trenes de mercancías y cercanías, puentes de autopistas, estaciones transformadoras, barreras acústicas y señales de tráfico.

Los grafiteros rebeldes juegan al gato y al ratón con la Policía. Para ellos, los grafitis son arte urbano, para los otros son daños a la propiedad.

Los visitantes pueden conocer este estilo artístico en un recorrido guiado, acompañados por el creador de la galería, Gruber, y el experto en cultura Michael Url.

Ambos salen a caminar con grupos de visitantes casi todos los días entre principios de abril y finales de octubre. La multitud de interesados abarca desde grupos de estudiantes de escuelas hasta agrupaciones de la tercera edad, totalizando unas 10.000 personas al año.

El Paseo de los Murales (Mural Walk) lleva a pie por los muelles de carga o, en fechas determinadas, una barcaza a motor pasea a los interesados por las diferentes dársenas del puerto.

Tras el paseo en bote o la caminata, los visitantes pueden crear su propio mural en un curso intensivo y convertirse en artistas de grafiti por un rato.

Linz se forjó con Mural Harbor un nombre como una ciudad viva de arte y cultura. El barrio cultural OÖ respalda esta apreciación. Bajo el lema "Höhenrausch" (éxtasis en las alturas) se llevan a cabo desde 2009 diversas exposiciones especiales sobre los tejados del centro de la ciudad, sobre un centro comercial y un aparcamiento.

"Los visitantes no dicen 'vamos al museo' sino 'vamos a la azotea'", dice el organizador saliente de la muestra Martin Sturm.

Sturm señala que hasta los años 60, Linz era considerada la Pittsburgh austriaca porque el aire estaba contaminado por las emisiones de la industria pesada, el cielo lucía a menudo gris.

Hace tiempo que eso es cosa del pasado. La siderúrgica Voestalpine AG, que con unos 10.700 empleados es el mayor empleador de la región, ha emprendido un camino ecológico. Según la empresa, se están invirtiendo más de 2.400 millones de euros (2.656 millones de dólares) en ello.

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Los turistas que recorren la tradicional ruta a lo largo del Danubio, desde Passau hasta Viena, suelen hacer una escala de una noche en Linz. La ciudad está ubicada en la región de Alta Austria, en el norte del país europeo, entre Salzburgo y Viena.

Gran parte del impulso tuvo lugar en el año 2009, cuando Linz fue Capital Europea de la Cultura. Subsidios de decenas de millones de euros fluyeron para proyectos artísticos en la ciudad, que ahora también se percibe desde el exterior como un destino que vale la pena para un viaje centrado en el enfoque cultural.

También los visitantes del Ars Electronica Center, en el Puente de los Nibelungos, se sumergen en otros mundos. Allí, los robots hacen bailar a una marioneta, la inteligencia artificial obtiene sonidos sinfónicos de un piano. Los espectáculos interactivos muestran los efectos de las tecnologías en la vida cotidiana. Es un museo único y también un ejemplo de la transformación de la metrópoli industrial en el centro cultural del presente.

Pero Linz aún conserva algunas cosas un poco más tradicionales, como por ejemplo su 'Linzer Torte' (tarta de Linz), que es un popular recuerdo que se lleva a casa tras una visita a la ciudad del Danubio.