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Diario Expreso Ecuador

Economía circular en Quito: las apps que dan una segunda vida a alimentos y ropa

Desde alimentos que no se vendieron hasta ropa de segunda mano y residuos reciclables, estas plataformas ayudan a reducir la huella ambiental

En 2020, la llegada del confinamiento impulsó un fenómeno que apenas comenzaba a ganar espacio en Ecuador: el movimiento preloved.

En 2020, la llegada del confinamiento impulsó un fenómeno que apenas comenzaba a ganar espacio en Ecuador: el movimiento preloved.Cortesía Magnific

Mariella Toranzos
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Darle nueva vida a lo descartable

  • Tres aplicaciones están impulsando la economía circular en Quito al rescatar alimentos, facilitar la compraventa de ropa de segunda mano y conectar a los hogares con recicladores de base.
  • Estas iniciativas buscan reducir el desperdicio, extender la vida útil de los productos y fomentar hábitos de consumo más sostenibles.

Hasta hace un par de años, hablar de reciclaje era pensar únicamente en materiales descartables, como el papel o el plástico. Hoy, esa idea se ha ampliado. Los alimentos que no llegaron a venderse, la ropa que lleva meses guardada en el clóset o las botellas que se acumulan en la cocina también pueden volver a entrar en circulación. La reutilización, impulsada a través de la economía circular, ha dejado de ser un concepto reservado para especialistas y comienza a aparecer en acciones tan cotidianas como comprar el almuerzo.

En Ecuador, esa transformación también pasa por el teléfono celular. En los últimos años han surgido aplicaciones que buscan prolongar la vida útil de productos que antes terminaban en la basura o permanecían olvidados, todas con un mismo objetivo: reducir el desperdicio y aprovechar mejor los recursos que ya existen.

'Rescatar' comida en buen estado

El caso más reciente es Cirkula, una startup peruana que eligió Quito como el primer paso de su expansión internacional. Su propuesta parte de una idea simple: conectar a restaurantes, cafeterías, panaderías y supermercados con consumidores interesados en comprar, a precios reducidos, alimentos que no lograron venderse durante el día, pero que aún son aptos para el consumo.

La iniciativa nació en 2019, cuando Michelle Gomberoff descubrió en Australia una aplicación dedicada al rescate de alimentos. ”Le conté la idea a Jimmy (su esposo y su socio), investigamos y decidimos lanzarnos en 2020”, recordó durante una entrevista.

Pero el concepto necesitó ajustarse a la realidad de la región. ”Esta idea ya existe en países más desarrollados, como un pack sorpresa, donde tú sabes de qué tienda estás comprando, pero no el producto. Eso no iba a funcionar en Latinoamérica porque hay mucha desconfianza. Teníamos que tropicalizar el modelo, publicando los ítems exactos”, explicó Gomberoff.

A diferencia de un servicio de entrega convencional, la plataforma permite al usuario elegir los productos desde la aplicación y retirarlos directamente en el establecimiento o recibirlos mediante delivery, según la opción disponible. En Quito, Cirkula ya trabaja con aliados como Dunkin' Donuts, San Honoré, Cevichería Cedeños, Vaco y Vaca, Pacari y Cassolette.

Cada día, los establecimientos publican una lista de sus opciones en descuentos y cuántos tiene disponibles.

La propuesta busca responder a un problema que se repite a escala mundial. De acuerdo con el Índice de Desperdicio de Alimentos de las Naciones Unidas, cada año más de 1.000 millones de toneladas de comida apta para el consumo terminan en la basura. En América Latina, Ecuador ocupa el cuarto lugar entre los países con mayor desperdicio de alimentos en los hogares, con un promedio de 96 kilogramos por persona al año.

Cada día, los establecimientos publican una lista de sus opciones en descuentos y cuántos tiene disponibles.

Cada día, los establecimientos publican una lista de sus opciones en descuentos y cuántos tiene disponibles.Cortesía Magnific

Un closet con vida nueva

Si la comida puede tener una segunda oportunidad, la ropa también.

En 2020, la llegada del confinamiento por la pandemia de la covid-19 impulsó un fenómeno que apenas comenzaba a ganar espacio en Ecuador: el movimiento preloved. Con más tiempo en casa, cientos de personas vaciaron sus clósets y comenzaron a vender, principalmente a través de redes sociales, prendas que seguían en buen estado, pero que ya no utilizaban.

Con el levantamiento de las restricciones sanitarias, esa tendencia dio paso a la apertura de numerosas tiendas de ropa de segunda mano en Quito. En medio de ese crecimiento apareció Niftymark, una propuesta que combinó un espacio físico con una aplicación para facilitar la compraventa de prendas entre quienes prefieren realizar todo el proceso desde su celular.

Creada por Apricot León, la iniciativa tomó forma tras analizar el auge del mercado de reventa en otros países y adaptarlo a la realidad ecuatoriana. El proyecto partió de un dato que marcó su propósito: cada año se producen cerca de 100.000 millones de prendas de vestir en el mundo y muchas de ellas apenas se utilizan unas pocas veces antes de ser descartadas.

La plataforma funciona como un escaparate digital donde cada usuario administra su propio clóset, publica las prendas que desea vender, fija sus precios y realiza las transacciones de manera segura. A esto se suma un showroom ubicado en el edificio Torres de la Colón, en Quito, donde también es posible conocer parte de la propuesta.

El funcionamiento es sencillo. Quien desea vender solo debe descargar la aplicación, crear un perfil y subir fotografías de las prendas, siempre que se encuentren en buen estado. Cada usuario fija el precio de venta y Niftymark se encarga de gestionar la transacción, el pago y el envío mediante un servicio de mensajería.

Una vez que el comprador confirma que recibió el producto en las condiciones ofrecidas, el vendedor recibe el dinero en su cuenta bancaria. De esta forma, ambas partes realizan el intercambio sin necesidad de encontrarse en persona.

Los puntos pueden canjearse por alimentos, bebidas, productos ecológicos o descuentos en una red de establecimientos aliados conocidos como ”Recinegocios”

Los puntos pueden canjearse por alimentos, bebidas, productos ecológicos o descuentos en una red de establecimientos aliados conocidos como ”Recinegocios”Cortesía Magnific

Reciclaje que abre el apetito

La tercera propuesta lleva el reciclaje tradicional un paso más allá al convertirlo en una experiencia con recompensas. 

Detrás de esta iniciativa está ReciVeci, un emprendimiento ecuatoriano de impacto social que busca conectar a los hogares con los recicladores de base. Como parte de ese objetivo desarrollaron la ReciApp, una plataforma que impulsa el reciclaje inclusivo, la economía circular y el desarrollo sostenible, al tiempo que permite a los usuarios acumular beneficios por reciclar.

El funcionamiento comienza en casa. Botellas, cartón, papel, vidrio y metal deben separarse correctamente, limpios y secos. Luego pueden llevarse a estaciones de reciclaje autorizadas o entregarse directamente a recicladores de base contactados a través de la aplicación. Cada entrega queda registrada en la plataforma y genera puntos que pueden canjearse por alimentos, bebidas, productos ecológicos o descuentos en una red de establecimientos aliados conocidos como ”Recinegocios”.

Entre los establecimientos que forman parte de esta red están restaurantes como L-Eden y Yiyi Dimsum and Dumpling Shop, además de ecotiendas como Verde Granel y Azul Esfera, así como emprendimientos de cuidado personal como Lule Care.

 La oferta incluye desde cafés, pizzas y postres hasta detergentes ecológicos y descuentos en actividades culturales.

Además de incentivar el reciclaje, la plataforma promueve una mejor clasificación de los residuos. ”La tecnología permite tener un impacto más grande con menos esfuerzo y esa fue la razón de crear la app, para decirle a la gente que ellos pueden buscar al reciclador”, ha explicado Lorena Gallardo, cofundadora de ReciVeci.

Aunque trabajan con productos distintos, las tres aplicaciones parten de una misma lógica: extender la vida útil de aquello que ya fue producido.

La economía circular encuentra así nuevas formas de integrarse en la vida cotidiana, incorporando decisiones de consumo para reducir la huella ambiental, 

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