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Diario Expreso Ecuador

Así es Trinidad Espinoza: la joven detrás de la canción del gas que se volvió un ícono en Quito

Diez años después del nacimiento del popular jingle de los camiones repartidores, la joven recuerda cómo grabó la canción cuando tenía apenas ocho años

Trinidad Espinoza tenía apenas ocho años y no imaginaba que terminaría prestándole su voz a una de las canciones más reconocibles de la ciudad.

Trinidad Espinoza tenía apenas ocho años y no imaginaba que terminaría prestándole su voz a una de las canciones más reconocibles de la ciudad.Cortesía

Mariella Toranzos
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Un 'hit' inesperado

  • A diez años de la creación de la popular canción del gas, Trinidad Espinoza recuerda cómo grabó el jingle cuando tenía apenas ocho años y cómo su voz terminó convirtiéndose en uno de los sonidos más reconocibles de Quito.
  • Actualmente vive en Chile, donde estudia Kinesiología y practica patinaje artístico, pero sigue vinculada a la música y guarda con cariño el recuerdo de una melodía que forma parte de la memoria colectiva de la ciudad.

En Quito hay sonidos que forman parte del paisaje cotidiano: los claxonazos incesantes del tráfico, los pregones de los vendedores ambulantes, las campanas de las iglesias y los parlantes que retumban con éxitos de la música popular. Sin embargo, entre todos ellos hay uno que, desde hace una década, se ha ganado un lugar propio en la memoria de la ciudad: la canción del gas.

“Si en tu cilindro ya no queda más, tranquilo ya llegó el gas. ¡El gaaaas!”. La melodía suena desde cientos de camiones repartidores que recorren las calles de la capital y se cuela en la rutina de miles de hogares. Basta escuchar sus primeros acordes para que alguien se asome a una ventana, busque un cilindro vacío o salga apresuradamente a la vereda antes de que el vehículo continúe su recorrido.

La historia de esta canción comenzó hace diez años, en 2016, cuando una normativa municipal prohibió el uso de las tradicionales bocinas de los camiones repartidores para reducir la contaminación acústica. Ante la necesidad de encontrar una nueva forma de anunciar la llegada del servicio, la Asociación de Distribuidores de Gas Luz de América decidió apostar por una melodía que reemplazara aquellas señales sonoras.

Por entonces, Trinidad Espinoza tenía apenas ocho años y no imaginaba que terminaría prestándole su voz a una de las canciones más reconocibles de la ciudad.

Desde Chile, donde reside actualmente, y con motivo de los diez años del tema, Trinidad Espinoza -‘Trini’ para sus amigos y familiares- recuerda cómo comenzó su relación con la melodía. Cuenta que la Asociación de Distribuidores de Gas Luz de América acudió a su padre, Fabricio Espinoza, locutor y músico, para crear la canción. Lo que vino después ocurrió de manera inesperada.

“Era un domingo, estábamos en la casa y mi papá estaba en su estudio improvisado de grabación. Había pasado toda la mañana escribiendo el jingle y justo yo pasé por ahí cuando me dijo: ‘Oye, Trini, ven acá’. Yo me acerqué, él me puso los audífonos y me dijo: ‘Escucha esta canción, dime si te gusta’. Yo la escuché y le dije que estaba súper buena. Entonces me dijo: ‘Ya, cántala’. Me puso el micrófono, yo la canté, él la escuchó, dijo ‘perfecto’ y ahí quedó. Mandó el demo y a la gente le encantó. A la semana fuimos a grabarla y así quedó la canción del gas”, recuerda.

Una fama inesperada

Durante muchos años, la mayoría de personas no sabía quién estaba detrás de la voz de la canción. Y ‘Trini’ tampoco hacía mucho por revelarlo.

“Nunca me imaginé que, de un día para otro, la canción estaría en todas partes, a cada rato, ¡todo el día! Al inicio me daba vergüenza, así que no le contaba a nadie que esa era mi voz. Pero, como la gente tampoco sabía quién era yo, no tenía esa presión de estar bajo el reflector”, recuerda.

Quienes sí conocían el secreto eran sus familiares y amigos más cercanos. Por eso, en reuniones, cumpleaños y encuentros familiares, el tema aparecía una y otra vez.

Hoy la vida de Trinidad transcurre lejos de Quito. Desde hace poco más de dos años vive en Viña del Mar, donde estudia Kinesiología.

Hoy la vida de Trinidad transcurre lejos de Quito. Desde hace poco más de dos años vive en Viña del Mar, donde estudia Kinesiología.Cortesía

“Siempre había algún momento en que alguien decía: ‘Ya, ya, cántala’. Y cuando llegaba una persona nueva a la familia era peor. Preguntaban: ‘¿Has escuchado la canción del gas? ¿Tú sabes quién es la niña que canta? Es la Trini’. Entonces me tocaba cantarla otra vez. Al principio me daba muchísima vergüenza, pero después ya me empezó a dar risa”, cuenta.

Con el paso de los años, la canción se instaló en la vida cotidiana de la urbe. Durante la pandemia, cuando los repartidores recorrían una y otra vez los barrios de la ciudad, el jingle alcanzó una presencia aún mayor frente al confinamiento y el teletrabajo. Hubo quienes lo adoptaron con cariño y quienes confesaron estar cansados de escucharlo. Trinidad aprendió a convivir con ambas reacciones.

“Hay mucha gente que me dice: ‘Qué linda la canción’, o ‘yo me levanto con esa canción’, o ‘a mis mascotas les encanta’. Eso me gusta mucho, porque veo que evoca recuerdos bonitos para la gente. Y también me divierto con quienes no la soportan, porque yo no puedo hacer nada. Ya es parte de Quito y no creo que vaya a desaparecer de un día para otro”, dice entre risas.

Dejar Ecuador y empezar de nuevo

Hoy la vida de Trinidad transcurre lejos de Quito. Desde hace poco más de dos años vive en Viña del Mar. Aunque creció en Ecuador, nació en Chile y tiene nacionalidad chilena por parte de su madre, y decidió regresar a ese país para iniciar sus estudios universitarios.

Estudio Kinesiología y soy muy apegada al deporte y al ejercicio”, cuenta.

La mudanza representó un cambio importante. Adaptarse a una nueva ciudad, comenzar la universidad y construir una rutina lejos del lugar donde creció implicó un proceso de ajuste. En medio de esa transición encontró una actividad que terminó ocupando un espacio central en su vida: el patinaje artístico.

La afición nació años atrás en Quito, cuando vivía frente a una pista de patinaje. Alcanzó a practicar durante algunos meses antes de que la pandemia interrumpiera los entrenamientos. Cuando se trasladó a Chile decidió llevarse aquellos patines que había guardado durante años y volver a intentarlo.

En medio de su mudanza encontró una actividad que terminó ocupando un espacio central en su vida: el patinaje artístico.

En medio de su mudanza encontró una actividad que terminó ocupando un espacio central en su vida: el patinaje artístico.Cortesía

“Encontré un club y empecé a patinar. Actualmente llevo casi dos años dedicada a esto. Empezó como un hobby, como algo para hacer después del colegio, y después fue tomando cada vez más importancia. Ahora también compito y lo disfruto mucho”, explica.

Aunque la música ya no ocupa el mismo lugar que cuando era niña, sigue siendo una presencia constante en su vida. Canta, graba covers de manera ocasional y comparte momentos musicales con su familia, especialmente con sus hermanas.

“La universidad me toma mucho tiempo, pero sigo cantando. Siempre estoy pegada a la música. Es mi desfogue, como mi lugar feliz”, comenta.

A la distancia también aparecen las nostalgias. De Quito extraña la comida, los paseos familiares por el Centro Histórico y varias costumbres que marcaron su infancia. Entre ellas, una bastante particular.

“Aunque no lo crean, sí se extraña la canción del gas. Acá en Chile el gas no tiene canción. Disfruto vivir acá, pero extraño harto el lugar donde crecí”, dice.

Con los años, la vergüenza que sentía al hablar de la melodá desapareció. Si en Ecuador prefería mantener el secreto, en Chile la historia terminó convirtiéndose en una anécdota recurrente entre sus amigos.

“Al inicio me daba vergüenza, pero un día, contando anécdotas, salió el tema. Les conté y me decían: ‘No te creo, es impresionante’. Me comentan cosas como ‘tengo una amiga famosa’ o ‘nunca había tenido una amiga tan famosa’. Son muy lindos”, cuenta entre risas.

Un universo de "covers"

Trinidad asegura que una de las cosas que más le entretienen son las decenas de versiones que músicos, creadores de contenido y usuarios de redes sociales han hecho de la canción del gas a lo largo de los años.

“Hay hasta en rap. Me hace reír la creatividad de la gente y me conmueve el cariño que le tienen”, comenta.

Y no exagera. En redes sociales circulan numerosas reinterpretaciones del tema realizadas por artistas quiteños de distintos géneros musicales. También existen versiones acústicas, adaptaciones humorísticas y hasta interpretaciones de músicos extranjeros que en algún momento vivieron en Quito o visitaron la ciudad y terminaron familiarizándose con la melodía.

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