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Alexandra Cuesta, la ecuación detrás del cine

La cineasta de origen cuencano, con varias cintas exhibidas en escenarios mundiales, forma parte de la nueva generación dotada del séptimo arte.

Alexandra Cuesta, cineasta ecuatoriana
Alexandra CuestaCLOTILDE-RICHALET

Con el tiempo en contra y comprometida 100 % con el cine, empatar con Alexandra es un desafío. Es una mujer sociable, pero sobresale en ella una introversión que no puede ocultar al momento de hablar sobre la mujer fuera del plató. Sin embargo, se explaya cuando el tema se centra en lo que le apasiona: el séptimo arte.

Los temas son amplios y responde con la experiencia de un notable ejercicio profesional con el que se ha granjeado un nombre propio. Sin embargo, llegar a donde está supone sacrificios, preguntándose cómo habría sido su vida si hubiese podido ser simultáneamente ama de casa o corresponsal de guerra. “Aunque no ha sido posible aquello, creo que sí he vivido radicalmente diferentes vidas en diferentes etapas y sé lo que se siente. He cumplido muchos sueños y ahora es momento de buscar otros”.

Con doble nacionalidad, la artista se formó en EE. UU., donde empezó un apasionado trajinar por las artes. La fotografía fue la pauta que la embarcó luego por el séptimo arte, en un recorrido nómada que le hace sentir cómoda al habitar diferentes espacios, mientras se nutre y se deja sorprender por la diversidad del género humano. “Me apasiona descubrir cosas nuevas, sobre todo mundos distintos al mío. Supongo que por eso escogí el cine”.

El manejo de la cámara la conecta con gente y espacios a los que no tendría acceso de otra forma. Su interés por el documental se centra en la realidad existente, que “abre infinitas posibilidades para contar una historia y tener un sentido del mundo”.

Alexandra Cuesta, cineasta ecuatoriana
La cineasta ecuatoriana de 41 ñaosCortesía Mauricio Garduño

El universo de la cineasta emerge y se proyecta diáfano a través de su cámara, fiel compañera de oficio. Enfrascada en la pantalla que dirige y controla, se descubre un trasfondo de sinergias, en el que la sensibilidad y la introspección calan hondo.

Un anhelo cumplido

Llegó a Los Ángeles al ganar una beca para estudiar cine y video en CalArts, una universidad de Bellas Artes bastante vanguardista. “Por primera vez me sentí parte de una comunidad de artistas y cineastas que compartían una misma filosofía de creación y vida. California se convirtió en mi hogar y creo que esa sensación permanecerá siempre. Ahí están mis mentores, amigos cercanos y también una conexión profunda con el espacio urbano y la naturaleza. Es una ciudad que contiene infinitos submundos por explorar. Su historia está muy conectada a la cultura chicana y mexicana, con una gran influencia latina. Temas muy presentes en mis películas”.

A sus 41 años, su propósito es seguir creando con una mirada que va más allá de lo superficial, sin un guion que coarte la fluidez que busca en sus cintas, y empoderada con un sello distintivo que le hizo merecedora de la beca Guggenheim (año 2017), el sueño dorado de todo artista y que solo se concede una vez al año a pocos dotados de diferentes ramas del arte.

La coyuntura le permitió radicarse nuevamente en Los Ángeles, después en México, Chile, Japón y Ecuador, y producir ‘Notas, encantaciones’, una serie de seis cortometrajes autobiográficos filmados en 16 mm, en cada uno de estos destinos. Las partes I y II se estrenaron en el New York Film Festival y en Art of the Real en Lincoln Center, en la Gran Manzana. Posteriormente serán exhibidas en el Ecuador.

'El movimiento de las cosas', filme de Alexandra Cuesta
Ella es el personaje principal del filme 'El movimiento de las cosas'Cortesía Clotilde richalet

Su más reciente filme

El movimiento de las cosas’ mantiene a Alexandra Cuesta en Ecuador, asida a sus raíces. Gracias a esta película, fue invitada a participar en la Berlinale en un laboratorio de desarrollo llamado Doc Station, en el que se incluyen diez proyectos a nivel mundial. “Es un espacio para desarrollar ideas, recibir críticas y, sobre todo, se puede conectar con gente de diferentes partes que trabajan con otros métodos y aportan con sus visiones. Eso contribuye inmensamente al proyecto”.

Su pasión por el cine nace de estar detrás de la cámara para crear sus propias imágenes, trabajando desde lo experiencial. “Es un proceso de improvisación, como lo haría un compositor. Hay técnica e intuición, hay disciplina y fluidez. Todo empieza desde ver al mundo a través del encuadre, donde se revela algo, casi como magia, algo que para el ojo desnudo puede parecer como un detalle aparentemente insignificante, pero en la pantalla cobra vida y significado”.

  • Cara a cara

Al mismo tiempo que hace cine, ha sido también docente.

Sí, he enseñado en todo tipo de espacios: universidades, museos, instituciones sin fines de lucro, etc. Me encanta enseñar e intercambiar conocimiento con estudiantes. Sobre todo, me encanta dar talleres y hacer asesorías personales a otros cineastas.

¿Quién le acompaña en esta aventura?

Mi familia y amistades profundas regadas por el mundo. Tal vez puede sonar un poco cursi, pero me acompaño yo misma. Algo que identifiqué hace mucho tiempo es la importancia de tener libertad para mi espíritu, y es lo que más cuido porque eso me permite cambiar, volver, ir, venir, reinventarme, o quedarme cuando lo sienta necesario.

 ¿Cómo maneja sus tiempos paralelamente a su oficio?

Para los artistas no hay tiempo paralelo, es decir, es una condición envolvente. Manejar el tiempo es algo muy difícil para mí, pero intento balancear y desenchufar, y también ser saludable. Me gusta caminar por la ciudad con audífonos, montar bici, ir a la montaña, compartir con gente querida, meditar, hacer yoga, y hacer algo con las manos como pintar, tocar guitarra o cocinar.

¿Cómo se ve a sí misma?

Creo que simultáneamente soy la que siempre he sido y alguien en constante crecimiento. Aprecio mucho la soledad y soy sensible. Al mismo tiempo soy más sabia y más conectada conmigo misma.

¿Qué le hace sonreír?

Cosas simples como la emoción de llegar a un lugar nuevo, pasar tiempo con personas que quiero, escuchar buena música, mi café de la mañana, fotos impresas en papel, fogatas, el mar, la neblina, estar con mi abuela en su jardín, ver buen cine en el cine. La verdad, me encanta reírme y pese a la dificultad de la vida, intento tomar las cosas con humor y vivir con buena energía, empatía y con respeto hacia el otro.

Alexandra Cuesta, cineasta ecuatoriana
Alexandra CuestaCortesía

  • Películas y festivales

‘Recordando el ayer’ (2005), grabado en un barrio de Queen’s, fue su primer cortometraje. Le siguieron ‘Piensa en mí’ (2009), un retrato sobre el transporte público y la invisibilidad de la comunidad latina en Los Ángeles; ‘Beirut 2.14.05’ (2008), un filme-diario rodado en Líbano; y ‘Despedida’ (2013), un poema visual sobre un barrio chicano.

Territorio’ (2013) fue su primer largometraje. Fue filmado en Ecuador y proyectado en el festival FIDMarseille.

Mientras daba clases en el Departamento de Cine de la Universidad Pública de Nueva York, producía la serie ‘Notes, Imprints (On Love)’.