Volvamos a la sensatez

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Volvamos a la sensatez

Los prolongados silencios del Ministerio de Educación siempre nos han producido temor, pues en esos letargos y lapsos de inacción se propicia el surgimiento de extrañas ideas que los mandos medios están desesperados por entregar. Y así ocurrió nuevamente: de pronto se notificó la extensión del año lectivo actual y el atraso a la vuelta de clases en el mes de abril.

Lo primero fue ya oportunamente corregido por el señor ministro de Educación, sin embargo nada se ha dicho sobre fijar el inicio de clases el 22 de abril, disposición que va absolutamente en contrario de los lineamientos que se seguían para retomar ese año lectivo de diez meses claramente definidos, y que debería ir de abril a enero. Febrero y marzo resultan insoportables para hacer educación en los climas de nuestro trópico, por eso convendría que las autoridades ministeriales definan con claridad ese arranque del próximo año lectivo.

Los genios del ministerio no se han dado cuenta de que el comenzar las clases en abril 22 lleva a trabajar hasta el 25 de febrero de 2020, y pone el tiempo preparatorio para supletorios y la toma de estos exámenes en marzo, más allá del 15, lo cual nos regresa al más absurdo correísmo que venía siendo superado.

En esta nota llamamos la atención y pedimos al señor ministro y a sus inmediatos colaboradores revisar la medida y sobre todo no romper algo que venía siendo tratado como política de Estado, que había trascendido ya dos ministros: Freddy Peñafiel y Fander Falconí, y que dejaba las cosas ubicadas en un razonable contexto.

Diez meses claros no dejan oportunidad de confusión a nadie, ni en lo académico ni en lo organizacional de las instituciones, ni -en el caso de la educación particular- en lo económico, donde muchas veces surgen dudas acerca de si hay que pagar o no por fracciones de días laborados.

Distribuyamos los 200 días entre abril y enero, regresemos a la sensatez y permitamos una clara y buena organización al año lectivo de la Costa, cuyo calendario fue cambiado en su momento por un simple y colérico exabrupto presidencial.