Tiempos duros, decisiones sabias

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Tiempos duros, decisiones sabias

Si realizamos el inventario de los males nacionales, crónicos muchos de ellos y agravados otros durante la década infame, necesitaríamos de todo el espacio de esta página y deberíamos ser sucintos para no requerir más.

Ocurre que el acumulado es enorme y si a ese pesado lastre le agregamos nuevos problemas, no resulta difícil de entender que las soluciones no se den con la velocidad que todos desearíamos. Sin embargo, la inercia que para incidir sobre asuntos que aparentemente se pueden enfrentar asumiendo la coherencia que se espera en un equipo de gobierno bien consolidado, hace pensar que a más de las dificultades propias de los temas, hay otras variables impidiendo que se los atienda como es debido.

En esas circunstancias, cabe sugerir y así lo han venido haciendo múltiples observadores de la realidad, que el Gobierno dé paso a la constitución de un gabinete de concertación nacional.

La hora oscura que vive la nación debe ser iluminada por una conducción gubernamental patriótica y lúcida, contando para que así permanezca, con la colaboración de los mejores ecuatorianos.

Sin ánimo de insistir en la magnitud de los agravios que sufre la nación, pues podríamos entrar en un pesimismo estéril, se puede decir que la situación requiere disposición al sacrificio y el mínimo que se tendría que exigir es no negar el contingente, pequeño o grande que se pueda brindar, a la gran minga por la reconstrucción de la República que el presidente Moreno debería convocar, para intentar superar los destrozos que nos dejó la ya aludida década infame.

Ocurre que ya no basta la crítica del pasado. No les queda bien a quienes han sido parte de aquel, hacer ahora diagnósticos que todos compartimos. A los culpables, ya evidenciados, se los debe sancionar por traición a la patria y por otras diversas formas de corrupción. Mientras tanto, el país clama por la toma de medidas que si son el resultado de un esfuerzo conjunto, serán aceptadas como la abnegación que las circunstancias imponen. Sin unidad, las medidas solo podrían causar mayor desconcierto, resistencia e inestabilidad, para nada deseables.