Actualidad

El temblor y la turbulencia

Una amiga regresaba de viaje el domingo 21, cuando el piloto anunció que era probable que el avión atravesara cierta turbulencia al aproximarse a tocar tierra. Esto debido al temblor que se había producido unos diez minutos antes y que tuvo su epicentro en Isidro Ayora, cerca de Guayaquil. Lo anunciado no sucedió pero ella hizo el comentario en el chat y se preguntaba qué tendría que ver el temblor con la turbulencia. Según lo que investigué en Internet, un terremoto no afecta a un avión en vuelo debido a la altura a la que este se moviliza -a partir de los 10.000 metros, normalmente-, pues las ondas generadas por el movimiento telúrico tendrían que recorrer una enorme distancia y llegarían totalmente atenuadas hasta esa altitud. Solo si el avión debe aterrizar justo en el momento en que se produce el sismo o inmediatamente después, entonces sí podría generarse turbulencia. Y supongo que su magnitud dependerá de la intensidad del temblor, pero generalmente, esta puede oscilar entre leve, moderada, severa y extrema. Ninguna de las tres primeras pone en peligro al avión, aunque experimente fuertes movimientos; y la extrema, la que se da dentro de un cumulonimbo -una nube oscura que provoca fuertes tormentas-, es fácilmente detectable para los pilotos, quienes simplemente la evitan.

Ecuador fue arrasado por un terremoto político y social durante los diez años del correísmo, que lo ha dejado devastado económica y moralmente. Los responsables han ido alzando vuelo poco a poco, uno a uno, llegando a altitud crucero, donde la onda sísmica no puede alcanzarlos. Algunos han afrontado turbulencia leve, otros moderada. Unos pocos han experimentado sacudones severos. Pero todos saben que no corren riesgo. Tal vez hayan sufrido cierta incomodidad y hasta se hayan pegado un buen susto. Pero no más que eso. Y otros cuantos, los más diestros, al ver la nube negra que se avecinaba, tan evidente en el horizonte, aumentaron altura y velocidad y hábilmente la evadieron. Así estarían a salvo. Estaban seguros de ello. Nosotros también.

colaboradores@granasa.com.ec