Repensar a Guayaquil

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Repensar a Guayaquil

En la iconografía histórica anual, durante julio y octubre hay obligación de proponer a nuestros lectores los nuevos aspectos o retos de una aglomeración metropolitana como Guayaquil, para que continúe en su desarrollo y mejoramiento o para que rectifique y enrumbe su modelo urbano en función de sus ciudadanos, una ciudad inclusiva y la democracia participativa.

El crecimiento “tentacular” del conjunto urbano se basa, actualmente y para las próximas dos décadas, en un rígido esquema de segregación socio-residencial, que tiene los tentáculos de la vía a la costa y Samborondón-Daule-Salitre para demanda habitacional con capacidad de pago bajo la gestión integral de la promoción inmobiliaria; y el noroeste, a través del par Perimetral-Monte Sinaí y vía a Daule y Durán, para grupos populares (ocupaciones) y promoción de las viviendas de interés social, que para ciertas élites en maridaje con el Estado es un buen negocio. Lo último permite a la administración municipal resaltar avances en reducción de la pobreza y acceso a vivienda formal.

De acuerdo a las encuestas, incluyendo las de EXPRESO, los tres principales problemas que aquejan a la población citadina son la inseguridad ciudadana, el transporte público y el desempleo. Debemos destacar el incremento persistente del subempleo con su alto grado de informalidad laboral, expresado en el crecimiento hipertrofiado de los sectores de servicios y comercios, como también del “paratrabajo” (trabajos ilegales-microtráfico, sicarios, etc.), que se perciben más en una época recesiva.

Mientras que las clases medias y altas han resuelto los problemas de inseguridad amurallándose en ciudadelas fortificadas y con controles electrónicos, o “enjaulándose”, agudizan las desigualdades urbanas y provocan el desmejoramiento de la convivencia citadina.

Finalmente, el predominio absoluto de la motorización privada hace que el sistema vial siempre sea limitado para la circulación, minimizando los alcances de las nuevas modalidades de transporte público. Urgencia de repensar a Guayaquil.