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Marcela Aguiñaga
Marcela Aguiñaga durante un acto público en Guayas, en el contexto de su salida que reconfigura el panorama político provincial.Archivo

Salida de Marcela Aguiñaga reconfigura el mapa político en Guayas

Marcela Aguiñaga renuncia a la Prefectura del Guayas; Carlos Serrano asume el mando en medio de una reconfiguración política

El escenario político del Guayas, la provincia con mayor peso electoral del Ecuador, ha experimentado un profundo sacudimiento tras el anuncio oficial de Marcela Aguiñaga. Al comunicar su renuncia irrevocable, prevista para el 14 de mayo, y confirmar que no buscará la reelección, se abre un nuevo capítulo de incertidumbre en la administración provincial. Con esta decisión, Aguiñaga no solo cierra un ciclo que debía extenderse hasta 2027, sino que también altera de forma significativa las proyecciones electorales y las alianzas de cara a los próximos comicios.

La salida de una de las figuras con mayor capital político en la región —motivada por una compleja y sensible situación de salud familiar— da paso a una etapa de transición bajo el mando del actual viceprefecto, Carlos Serrano. Este relevo ocurre en un momento crítico para la provincia, donde la seguridad, la inversión en infraestructura y el desarrollo agropecuario demandan una continuidad institucional que ahora deberá ser gestionada por un perfil más técnico y empresarial. Sin embargo, este movimiento no es meramente administrativo; representa un hito que obliga a las fuerzas políticas, tanto del oficialismo como de la oposición, a recalcular sus estrategias ante un vacío de liderazgo que pone a prueba la capacidad de transferencia de apoyo popular hacia su sucesor.

Marcela Aguiñaga anunció que renunciará a su cargo el próximo 14 de mayo y que no buscará la reelección en los comicios seccionales.

¿Por qué renunció Marcela Aguiñaga? El impacto político de su decisión

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Perspectiva experta: ¿Retiro táctico o fin de un ciclo político?

Para el politólogo José Luis Morales, esta renuncia no puede leerse como un evento aislado, sino como un movimiento estratégico en un tablero de "ajedrez político" donde "nada es casual". Morales sostiene que, aunque la funcionaria apeló a motivos personales, la decisión coincide con un periodo de alta confrontación entre los gobiernos seccionales y el Ejecutivo, sugiriendo que Aguiñaga pudo haber tomado esta ruta tras evaluar riesgos de persecución política o procesos en organismos de control. "Es bastante inteligente decir inmediatamente no voy a lanzarme... desaparezco políticamente, puedo volver", afirma el experto, quien ve en este retiro una forma de preservar su imagen frente al desgaste del conflicto directo con el Gobierno Nacional.

En este nuevo escenario, el movimiento oficialista ADN surge como el actor con mayores posibilidades de crecimiento. Morales destaca que la organización del presidente Daniel Noboa ha demostrado gran habilidad articulando con cuadros disidentes, por lo que podría capitalizar el cansancio del electorado hacia partidos tradicionales como el Partido Social Cristiano (PSC). "Quien veo con más chances de entrar sería ADN", afirma el analista, subrayando que la cercanía geográfica y política con Santa Elena convierte a Guayaquil y al Guayas en un objetivo estratégico para el Gobierno.

El desafío de Carlos Serrano

Respecto a Carlos Serrano, quien asumirá el cargo el 14 de mayo, Morales considera que su éxito dependerá de su capacidad para generar alianzas inmediatas y definir quién será su segunda al mando para cumplir con la paridad de género. Para el analista, Serrano tiene la oportunidad de "lucirse" y utilizar la gestión como un bastión político propio, siempre que logre concluir con eficiencia las obras pendientes. De ser así, el retiro de Aguiñaga se confirmaría como una jugada táctica: al alejarse del foco público en un momento donde la política es un "deporte de alto riesgo", ella preserva su imagen y evita un desgaste mayor. "Sales como una persona virtuosa porque dijiste: yo tomé la decisión de irme por circunstancias personales", concluye Morales, dejando abierta la puerta para un retorno en futuros ciclos electorales.

Análisis: El fin del liderazgo personalista y la orfandad del voto

Por su parte, el politólogo Santiago Pérez Samaniego coincide en que la salida de Aguiñaga representa una fractura profunda en el electorado, aunque advierte que el voto no migrará "en bloque". Según Pérez, existen dos capas de votantes en conflicto: el ideológico, que probablemente retornará a la Revolución Ciudadana (RC) por su estructura y memoria electoral, y un segmento "personalista" vinculado estrictamente a la figura de la prefecta. Este último grupo, que valora el perfil individual de Aguiñaga por encima de la disciplina partidista, corre el riesgo de dispersarse hacia la abstención o hacia opciones de centro y oficialistas.

El desgaste de un ciclo y el vacío de poder

Bajo esta óptica, Pérez Samaniego sostiene que el fin de la etapa de Aguiñaga comenzó antes de su renuncia formal. Políticamente, su ruptura con la RC en diciembre de 2025 marcó el inicio de un desgaste que la dejó sin el "paraguas orgánico" necesario para una reelección sólida. "La ruptura con la RC cambió su visibilidad política y esta crisis familiar aceleró esa salida", explica el experto, subrayando que el correísmo actual carece de una figura con la misma potencia electoral individual y combinación de atributos —experiencia pública y arraigo territorial— que ostentaba la funcionaria saliente.

Serrano: De la narrativa social a la gestión técnica

En cuanto a la sucesión, Pérez Samaniego —en contraste con algunos matices de Morales— sostiene que lo más razonable para el nuevo prefecto sería adoptar una línea estrictamente técnica y mantener un bajo perfil político. El analista advierte que intentar replicar el liderazgo de Aguiñaga implicaría un alto riesgo, considerando el peso nacional de su figura. En ese escenario, anticipa un giro en las prioridades de gestión: pasar de una narrativa de alta exposición social hacia un enfoque más orientado al sector rural, la producción y la articulación empresarial, características que definirían el sello propio de Serrano.

Esta transición, en definitiva, sitúa al oficialismo (ADN) como el actor mejor posicionado para crecer sobre los vacíos de poder y capitalizar una oposición atomizada. No obstante, Pérez no descarta una reanimación del Partido Social Cristiano en lo local, siempre que logre reunificar el voto anticorreísta ante la ausencia de un rostro provincial fuerte en la RC. 

Como conclusión compartida por ambos expertos, la clave para entender esta dinámica no es solo la partida de Marcela Aguiñaga, sino el contexto de su salida: una renuncia que ocurre tras romper con la organización que la llevó al poder, dejando un mapa político en Guayas que deberá dibujarse de cero.

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