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La nueva xenofobia

La nueva xenofobia

Los gobiernos democráticos occidentales están perdiendo cada vez más soportes. Desde el cambio hacia el antiliberalismo en Polonia y Hungría, al voto por el “brexit” en el Reino Unido y la victoria de Trump en Estados Unidos, una cepa particularmente letal de populismo está infectando las sociedades, y se sigue propagando. Su atractivo es simple. Frente a salarios estancados y el declive de la calidad de vida, la gente se siente frustrada, y más todavía cuando sus gobernantes siguen diciéndoles que las cosas están mejorando. Entonces aparece el populista con sus promesas de remecerlo todo para defender los intereses de la “gente” (aunque en realidad solo sea una parte de ellos), ofreciendo algo presumiblemente más atractivo que soluciones factibles: chivos expiatorios. El más importante de la lista son las “élites”, es decir, los partidos políticos y los líderes corporativos establecidos. El populista señala que, en lugar de proteger a la “gente” de la presión y la incertidumbre económica, este grupo se enriquece a costa de su sufrimiento. Al impulsar la globalización, obligando a la gente a aceptar cada vez más apertura, han acumulado enormes riquezas que protegen mediante formas de evasión tributaria, externalización y otros planes. Aunque no se culpa solo a las elites. Sí, han traicionado a la gente, pero una manera en que lo han hecho es imponiendo la igualdad de derechos y oportunidades para las minorías, los inmigrantes y los extranjeros, que “roban” trabajos, amenazan la seguridad nacional y socavan los modos de vida tradicionales. El populismo de hoy anticipa una nueva y tóxica xenofobia que amenaza con fracturar nuestras sociedades. Para los políticos es una manera fácil de transformar rápidamente el temor y la impotencia de la gente en una embriagadora mezcla de ira y autoridad. Persuade a los votantes temerosos de que pueden “recuperar el control” de sus vidas y sus países, principalmente mediante el rechazo a los extranjeros. Los datos demográficos hacen particularmente peligrosa a esta nueva xenofobia. En gran parte de Occidente, las sociedades se están volviendo cada vez más diversas. Por eso muy importante luchar contra esta nueva xenofobia. Una manera es fomentar y habilitar una mayor interacción, mezcla y deliberación entre grupos diversos. Hay amplios estudios psicológicos que demuestran que el contacto entre grupos reduce la sensación de amenaza entre la gente, elevando las posibilidades de desarrollar lazos de confianza al interior de la sociedad. Otra medida es reforzar la protección de las libertades civiles, lo cual significa sostener el imperio de la ley, incluso frente a amenazas terroristas, y asegurar la independencia de los jueces. Los xenófobos acabaron con la democracia en los años 30 porque los líderes democráticos no lograron defender las constituciones de sus países. Una tercera medida es la innovación. Si las plataformas de redes sociales se reconfiguraran de modos creativos podrían crear espacios para la interacción de ciudadanos de diversos orígenes culturales. No se debería subestimar la amenaza que supone la nueva xenofobia. Rechazar la diversidad es rechazar la democracia. Por eso hay que defenderla antes de que sus enemigos ganen más terreno.

Project Syndicate