“La musica da esperanza, escucha y visibilidad al otro”

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“La musica da esperanza, escucha y visibilidad al otro”

Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Paredes, de origen argentino, conoce a la perfección los beneficios y el poder que esta disciplina (que promueve con pasión) ofrece a las personas. Ha trabajado en Institutos Geriátricos y Psiquiátricos de Buenos Aires, y ha sido testigo de los cambios y mejoras que sus pacientes han tenido.

Él, director de Recorrido 33, una asociación civil que transforma la calidad de vida del paciente oncológico a través del arte, visitó las instalaciones de EXPRESO para hablar de la especialidad y de los avances y técnicas que utiliza para trabajar.

- Teniendo en cuenta que existen diversas definiciones de musicoterapia, ¿cómo nos explica su significado?

- La musicoterapia es la utilización de la música en un contexto terapéutico. Fundamental para tratar e intervenir (terapéuticamente) las emociones, los sentimientos, las expresiones... Vital para aliviar el dolor y generar bienestar psicofísico, autocontrol y serenidad.

- ¿A quiénes beneficia?

- Prácticamente a todos. A niños y adultos que sufren o no algún tipo de patología o trastorno, a personas con excesivo grado de estrés, a madres, migrantes, presidiarios... En sí a todo aquel que esté padeciendo algún dolor o sufriendo algún conflicto intercultural.

- ¿Pero de qué manera? A los migrantes, por ejemplo, ¿cómo los ayuda?

- La música cumple el rol de mediador, facilita el vínculo con otro. Promueve los procesos de comunicación, movilización y aprendizaje. En otras palabras, la terapia restituye las funciones del individuo, lo incita a alcanzar una mejor organización intra o interpersonal.

- Y en cuanto a los adultos mayores, ¿qué utilidad tiene en ellos esta disciplina?

- Los ayuda a encontrarse con su ser sonoro, les devuelve lo perdido. A través de recuerdos musicales e identidad sonora, la disciplina los levanta. Les permite encontrar formas no verbales de expresión emocional que los alivia, calma e impulsa a redescubrir su potencial. Les da posibilidad...

- ¿De vida?

- De todo, de cambios. Y no solo a ellos, también a los pacientes oncológicos y a los pequeños con síndrome de Down. A ellos la especialidad les da esperanza. Y es que cuando la parte médica te dice, por ejemplo: ‘Aquí ya no hay nada que hacer’, el arte, a a través de sus sonidos, melodías e instrumentos, te ayuda a sanar.

- Y cómo lograr esos resultados. ¿Depende de la música como tal?

- En sí del proceso, de las patologías y el paciente a tratar. Cada uno tiene su discurso, su forma de comunicación verbal y no verbal. Las melodías que en este tipo de terapia se aplican no son generalizadas. Existen diversas líneas de musicoterapia, de allí que a veces el terapeuta toca y el paciente escucha, o improvisa, toca, compone, crea sus propios sonidos.

- ¿A dónde apunta la disciplina? ¿Cuál es su alcance en la región?

- En Latinoamérica va creciendo cada vez más. Hoy es posible ver a musicoterapeutas trabajando en departamentos de neonatología, psiquiátricos, centros de adicciones... En cuanto a las universidades, Chile, Colombia y Argentina ya la ofrecen como carrera de pregrado. Algunas incluso dictan la maestría.

- ¿Qué pasa con Ecuador?

- La especialidad está presente. Justamente por eso me encuentro en el país. Actualmente estoy colaborando en la creación de una maestría para una universidad local. En definitiva, son muchos ya los que le apuestan a estas herramientas de confrontación que alivian, entre otras cosas, los efectos del momento vital que transitan.