Los jovenes y la vida eterna del terror

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Los jovenes y la vida eterna del terror

Independientemente del director, la productora o la crítica, filmes de este tipo son garantía de audiencia en todas las salas del mundo.

Es casi un desafío para los jóvenes asistir a ver una película de terror.

Hay una constante dentro de los estrenos de cine, al menos desde hace treinta años: siempre hay películas de terror en cartelera.

Independientemente del director, la productora o la crítica, filmes de este tipo son garantía de audiencia en todas las salas del mundo.

Mientras otros géneros tienen altos y bajos a través de la historia, este encuentra su constante a partir de un hecho muy particular: en sí mismo atrae al espectador al cine, sin importar cuál sea la cinta.

Es casi un desafío para los jóvenes asistir a ver una película de terror. El ritual del grupo de amigos que tratan de aguantar los sustos ofrece una experiencia que tal vez, sin quererlo, termina siendo interactiva.

El espectador toma una parte activa, reacciona físicamente a la película y eso se logra (con mayor o menor calidad) en todos los filmes de este tipo.

Hay otros géneros como el melodrama o la comedia que también tienden a producir reacciones físicas (el llanto y la risa, respectivamente), pero la fórmula cinematográfica no está tan universalizada como la del terror, por eso es más difícil que hacer reír genere en sí mismo una base de fanáticos. El terror es el que goza por el momento de esta rara exclusividad. Y dentro de este existen subgéneros como el terror psicológico o el slasher que no necesariamente producen el mismo efecto.

Pero dentro de las variables existentes, los espectadores van a poder experimentar al menos alguna de las sensaciones características. La incomodidad, la tensión extrema y fundamentalmente el jump scare (también conocido como el susto instantáneo) son propiedad del terror y sus aristas.

¿El terror es de consumo exclusivo de los jóvenes? Para nada, pero quizás un público adulto sea más exigente con respecto al verosímil de un film o a la construcción de un personaje y para sorpresa de pocos, en su gran mayoría las cintas no pasan ese filtro. Por eso son tan saludables las sagas como ‘It’: demuestran que la convivencia entre el consumidor del género y el consumidor de un filme de calidad es absolutamente posible.

De cualquier modo, todo parece indicar que las fórmulas básicas del género gozan de excelente salud. Y lejos parece estar de agotarse la pasión de los jóvenes y adolescentes por aventurarse a entrar en la sala oscura y enfrentarse a los terroríficos sucesos que les tiene preparados la pantalla grande.