
El espejismo del progreso en Daule
El 100 % de la urbe tiene servicios básicos, pero la zona rural aún carece de agua potable y vías. 18 candidatos aspiran a la Alcaldía.
Sentado en el amplio sillón que ocupa desde hace 19 años, Pedro Salazar, alcalde de Daule, examina las cifras que tiene impresas en su ayuda memoria. “Una planta de potabilización de agua, alcantarillado en el 100 % de la cabecera cantonal, un parque inclusivo, complejos deportivos...”, dice enumerando los logros de su extensa gestión.
Afuera, cuadrillas de obreros trabajan a doble jornada, dejando listo el proyecto más emblemático de la Alcaldía: la primera fase del malecón de Daule, una obra con una inversión de 6 millones de dólares y que lleva cerca de un año en ejecución.
Asimismo, en los distintos puntos de ingreso a la capital arrocera del Ecuador, trabajadores colocan hormigón y alistan aceras y bordillos. Eso recibirá a los visitantes que arriben al lugar. Salazar se irá y dejará para la posteridad un Daule moderno.
“Sí, estoy contento. Me siento satisfecho. Cuando llegamos, Daule no tenía agua potable, alcantarillado, pavimentación de calles, áreas verdes, infraestructura deportiva. No tenía nada. Hemos trabajado en base a prioridades”, subraya.
A su criterio, deja pocos pendientes. Las cifras, al menos, son alentadoras. El próximo burgomaestre, de los 18 candidatos que aspiran al cargo, deberá continuar con la dotación de servicios básicos a un 5 % de los recintos, la segunda fase del malecón y la construcción de otra planta potabilizadora de agua en el sector de La Aurora. Sencillo, simple y concreto.
Sin embargo, lejos del bullicio de las calles dauleñas, la realidad de las zonas rurales se aleja de la pintoresca imagen de progreso que pinta el burgomaestre.
Directamente frente al futuro malecón, a menos de dos minutos en canoa, está Riberas Opuestas, uno de los recintos urbanos más antiguos del cantón. Aquí, en cincuenta años, el único indicio de la modernidad que ha llegado es un poste de luz.
Tampoco ha llegado el agua potable, la recolección de basura o las estaciones de bomberos, servicios sobre los que pagan impuestos, pese a que no tienen acceso a ellos por falta de vías de ingreso o un puente que los conecte a la ciudad.
“Nosotros vivimos como lo hacían nuestros abuelos. Todo hay que comprar del otro lado, hasta el agua potable. Sacar los productos que cultivamos es un problema de todos los días. Cuando hay heridos o enfermos, no hay quién los saque de urgencia o cómo entrar una ambulancia. Pero imagínese que, aún así, pagamos tasas como la de la recolección de basura cuando acá no entra el camión y todos tenemos que quemar los desperdicios.
Pagamos alumbrado público por un único poste, porque otros dos no funcionan”, narra Johnny Alcívar, residente del sector desde hace 40 años.
La pugna por la edificación del puente, recuerda Pilar Chaguay, otra moradora, tiene más de 15 años. Pero pese a los constantes oficios, y las recurrentes promesas, aún no se edifica. La última respuesta, dada en 2018 por el alcalde, fue contundente. “Yo pregunto, hacemos el puente y ¿qué tenemos del lado de allá?”, dijo a un medio local.
Y eso, más que cualquier otro servicio básico es lo que los residentes le piden al futuro alcalde: un puente que los conecte a la modernidad dauleña, de la que no han visto ni la sombra.
“Cada vez que hay campaña llegan a pedirnos el voto y decirnos que nos van a construir el puente. Ojalá esta vez el que llegue realmente quiera mejorar la vida de la gente que vive aquí, y el puente no se quede en promesa”, enfatiza Chaguay.
La situación es similar en El Cerrito, Santa Rosa y San Sebastián, tres de los 180 recintos y caseríos que conforman el cantón guayasense y que se dedican por completo a la agricultura. Hasta ahí tampoco ha llegado el grueso de la obra municipal.
El agua aún llega por tanquero. Parte del flujo lo cubre de manera gratuita la Alcaldía, pero los camiones pasan, en promedio, cada dos semanas y el resto del tiempo, los moradores deben adquirir el líquido vital a camiones particulares por entre $ 1,50 y $ 2.
“Sí vienen los tanqueros municipales, pero no pasan todos los días. El agua que traen dura unos tres días y, hasta que vuelve a pasar, nos toca comprar en la carretera”, señala Rosa Marín, residente de El Cerrito.
A las zonas más alejadas los tanqueros no llegan. Ahí el Cabildo construyó cisternas comunitarias que, pese a estar funcionales, provocan quejas continuas.
“El agua no sale limpia y a veces la gente se enferma. Lo que realmente queremos es tener agua potable como lo tienen en la ciudad”, indica Yerson Zambrano, morador de San Sebastián.
En esta situación también están El Laurel, Limonal, Los Lojas, Río Nuevo, entre otras. Según datos de la Dirección de Obras Públicas, solo el 35 % de los cantones rurales cuenta con acceso a la red domiciliaria. El otro 65 % se abastece por tanqueros o cisternas comunitarias.
Entre las obras para las zonas rurales también ha estado la construcción de letrinas, con el fin de paliar la falta de un sistema de evacuación de aguas servidas. Y aunque para los moradores, el servicio ha sido funcional, también causa preocupación.
“Lo que necesitamos es un buen sistema de desfogue porque por acá hay cada vez más gente, niños sobre todo, y esos pozos sépticos se van a llenar”, agrega José Zambrano.
Lo que sí ha llegado de mano de la Alcaldía a los recintos son las canchas deportivas, de las que se han edificado 160 a los largo de los 19 años de gestión. “El deporte es salud y si es salud es vida”, explica Salazar.
Pero la principal problemática que afecta a las zonas rurales es la vialidad, competencia que no corresponde al Cabildo, sino a la Prefectura del Guayas, dignidad a la que aspiran veinte candidatos y que ha estado en manos de Jimmy Jairala durante una década.
EXPRESO solicitó hace dos semanas información sobre la inversión en caminos vecinales a la cartera estatal, pero pese a insistentes intentos, no hubo respuesta. Con lo que se cuenta es con información de 2018, cuando la Prefectura señaló a este Diario que, desde 2009, había invertido $ 10 millones en las vías del cantón arrocero.
En ese reporte se indicó que en la lista de obras realizadas estaban los trabajos de rehabilitación con carpeta asfáltica de la vía Laurel-Lorena; la reconstrucción de la vía de ingreso a Pueblo Nuevo; el mantenimiento pétreo del camino Yurima-Judipa-Boca de las Peñas; y el camino a Las Maravillas-Palo Alto-La Candela- La T Chiquita. También estaba la reconformación y compactación de caminos y bacheo asfáltico en Limonal, el mantenimiento pétreo del camino Naupe-Clarisa y la reconstrucción de camino Ánimas-Península de Ánimas.
Pero no está la pavimentación de numerosas vías vecinales, entre ellas las de recintos como los previamente mencionados; San Sebastián, Santa Rosa, El Cerrito, Río Nuevo y más.
Los moradores señalan que, en estas zonas, lo único que la Prefectura ha realizado es bacheo pétreo y que este se ve fuertemente afectado durante la época invernal, impidiendo a los residentes sacar sus productos hacia otras ciudades.
En mal estado también está la carretera que une a San Vicente, Judipa, María Victoria y Boca de las Piñas. En esta última, el Cabildo debió intervenir, construyendo un puente carrozable para facilitar la salida de trabajadores y producción agrícola, al no recibir respuesta de la Prefectura. Ahí existen 10.000 hectáreas de tierra productiva.
Obras antes del cambio
Antes del cambio de mando, en mayo, la alcaldía inaugurará varias obras. Estarán listas la primera fase del malecón de Daule, el parque inclusivo más grande del país y la regeneración urbana de los tres ingresos a la ciudad. Todas se realizan en la cabecera cantonal. No hay grandes obras en la zona rural que concluyan antes de dicha fecha.