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Diario Expreso Ecuador

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Encrucijadas

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Vemos gente acosada por tormentas mentales y morales que les hacen pensar que, cualquiera que fuere la decisión que tomen, podría ser la equivocada. Caen en un atolladero y contribuyen con su indecisión a que lo peor suceda. Estas encrucijadas abundan en el ámbito político que tiene un referendo por delante, cuyos resultados, por fortuna, se anuncian sin embargo favorables a la democracia.

Hoy vemos rostros correístas descompuestos por el sinsabor de un fracaso que pondrá punto final a una década revolucionaria plagada de abusos e indecencias que siguen saliendo a la luz. Han dejado de ser revolucionarios y la rebeldía que les es implícita se ha apergaminado, convirtiéndolos en conservadores de los yerros y en protectores de sus ambiciones. La consulta popular les impone votar y la encrucijada ética en la que se han sumergido es evidente. Correa, entre atemorizado e iracundo, les pide alinearse contra su propio movimiento y desobedecer el pedido cívico de quien es presidente de ese mismo movimiento, Lenín Moreno.

Paralelamente, la oposición formal (llamémosla con cierta ligereza la derecha) acude a la muletilla de creer que se desarrolla un “tongo” político y muestra su insatisfacción por las tibias e insuficientes reformas de carácter económico que propone Moreno. Se pide así desconfiar de Moreno, sin percatarse de que solo beneficiaría al NO en la consulta.

Estoy convencido, si las encuestas son certeras, de que Correa no podrá revertir por sí solo la aprobación de las siete preguntas de la consulta planteada por Moreno, a menos que sucesos verdaderamente extraordinarios sobrevengan. La democracia se fortalecería si nos olvidáramos de Correa, pero cualquier manifestación en contrario nos obliga a intervenir activamente en la consulta y a no confiar simplemente en las virtualidades democráticas del electorado ecuatoriano. Debemos lanzarnos al ruedo y secundar la visión democrática que nos impone acabar con el correísmo. Debemos pensar, incluso, en los millares de adolescentes que debieron familiarizarse desde su infancia y por toda una década, con el carisma demagógico y capacidad de convocatoria de un dictador como Correa. Debemos recordar que hemos entregado a esos adolescentes la facultad de votar por el destino del país, mientras los ancianos, dueños de madurez, experiencia y alguna sabiduría, se alejan acomodaticiamente de las urnas. ¿Qué edad tiene usted, lector(a)? ¿65, 70 u 80? ¿Cree razonable dar la espalda al pronunciamiento ciudadano que se avecina? De mi parte, mañana martes cumpliré noventa años y me será grato responder a un llamado ético y cívico acudiendo a votar por el SI, dejando para más tarde mis eventuales disconformidades con el Gobierno actual. Dejaré impresa mi modestísima voz de respaldo a la democracia y contribuiré al holgado triunfo que se necesita para aleccionar a la juventud y adolescencia sobre cómo actúa un pueblo pensante en defensa de la democracia, repudiando a la soberbia, a la farsa ideológica y al autoritarismo depredador.

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