El corazón movedizo de Quito: ¿qué nos dice el nuevo centro sobre la ciudad?
De la Plaza Grande a La Alameda y ahora a La Chilena, la idea de centro ha cambiado junto con la ciudad. Vivienda y movilidad explican parte de ese recorrido

El punto fue establecido este año por el Instituto Geográfico Militar (IGM) a partir de la cartografía de la urbe.
Una urbe en constante evolución
- El centro geográfico de Quito se desplazó 17 cuadras en tres años y hoy se ubica en La Chilena, un cambio que refleja la expansión de la ciudad y el surgimiento de nuevas centralidades.
- La vivienda, las vías y el crecimiento hacia los valles han transformado no solo la geografía de la capital, sino también la forma en que sus habitantes entienden y viven su centro.
Entre las calles Imbabura y Manabí, la vida transcurre sin sobresaltos. Pequeños comercios, hoteles, dependencias policiales y casas antiguas conviven con el tráfico de los buses que conectan el sector con Toctiuco, San Juan y La Marín, y que ofrecen una vía de salida del Centro Histórico.
A unas cuatro cuadras, el movimiento comercial del Ipiales se filtra entre las calles, mientras decenas de transeúntes se detienen frente a las rebajas anunciadas en enormes carteles.
A pocos pasos permanecen las grandes piedras de la lavandería municipal La Chilena, un espacio histórico donde todavía es posible lavar la ropa gratuitamente. Desde lo alto, encaramado en las escalinatas del barrio, se divisan las cúpulas de las iglesias y, a la distancia, la Virgen del Panecillo.
En medio de esa cotidianidad, pocos sospechan que allí se encuentra el nuevo centro geométrico de la capital. Hasta hace poco, sus propios vecinos desconocían que habitaban, literalmente, en la mitad de la mancha urbana consolidada de Quito.
El punto fue establecido este año por el Instituto Geográfico Militar (IGM). A partir de la cartografía a escala 1:5000 de la zona edificada consolidada, el organismo situó el centroide de Quito en las coordenadas 0° 12' 56.748" S y 78° 30' 47.486" W.
La medición también revela cuánto puede cambiar la forma de una ciudad en apenas unos años. Tres años atrás, un ejercicio similar había ubicado ese punto en las calles Ríos y Antonio Elizalde, cerca de La Alameda y junto a Itchimbía. Desde entonces, el centro geométrico de Quito se desplazó aproximadamente 17 cuadras hacia el suroccidente.
Una ciudad en expansión
Pero durante buena parte de la historia de Quito, hablar del centro no generaba duda alguna. La Plaza Grande y sus alrededores concentraron durante siglos la vida política, religiosa, comercial y social. Desde allí se articulaba una ciudad que, a comienzos del siglo veinte, todavía se extendía alrededor de un núcleo relativamente compacto.
La llegada del ferrocarril a Chimbacalle, la posterior aparición de la red de tranvías y el crecimiento poblacional comenzaron a modificar esa configuración. La ciudad se expandió hacia sectores como La Mariscal, La Carolina e Iñaquito y, al sur, hacia Chimbacalle y la Villaflora. Con el paso de las décadas, nuevas vías, barrios y urbanizaciones ampliaron progresivamente aquella geografía.
Para Karina Cazar, decana del Colegio de Arquitectura y Diseño Interior de la Universidad San Francisco de Quito, entender ese proceso requiere distinguir el centro matemático de aquello que los habitantes reconocen y utilizan como una centralidad.

El centro geométrico de Quito se desplazó aproximadamente 17 cuadras hacia el suroccidente.
“El centro no se desplaza solamente de manera geográfica, sino que también cambia nuestra definición de centro, y eso es lo más importante. Históricamente pasamos del centro de una ciudad andina con la plaza, la iglesia, el poder político y el poder social. Luego pasamos a una definición de ciudad donde el centro estaba amalgamado por edificios, sobre todo públicos e instituciones financieras, pero siempre asociados al espacio público que los circunda. Y ahora tenemos una definición de centro que está atraída por el auto, el consumo y las plazas comerciales”.
Así, mientras el punto geométrico ha llegado a La Chilena como resultado de la forma que ha adquirido la ciudad, los centros de la vida cotidiana se han multiplicado.
El propio Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PMDOT) identifica a Iñaquito como el principal polo comercial y financiero, y señala a Tumbaco y Cumbayá entre las parroquias donde la expansión urbana hacia los valles se ha hecho visible durante las últimas tres décadas.
“La ciudad ha crecido sin una cartografía clara, hacia diversos polos de expansión. Entonces, aunque geográficamente hay un centro, en cuanto a percepción hay muchas otras centralidades que incluyen Iñaquito y Cumbayá”, explica el urbanista Juan Antonio Burbano.
A su criterio, ese movimiento se aceleró en los últimos años. “La pandemia reforzó ese crecimiento que ya se había estado cimentando durante varios años y que responde a la forma en que el quiteño concibe el tipo de vida que quiere vivir, que ya no necesariamente se cimenta en la vida urbana, sino en una búsqueda de espacio, silencio y cercanía con la naturaleza”.
Este agrega que, frente a esta realidad, es posible estimar que, dentro de tres años, cuando se realice una nueva medición, el corazón geográfico de la urbe se haya desplazado hacia lo que hasta hoy consideramos el norte de Quito.
La vivienda empuja las fronteras
La vivienda aparece como uno de los principales motores de ese desplazamiento. Del Centro Histórico, parte de la población se trasladó a La Mariscal; después, el crecimiento residencial avanzó hacia el norte y, con el tiempo, hacia los valles. Según el PMDOT, el 33,81 % de los habitantes del Distrito Metropolitano vive en parroquias rurales y esa proporción podría alcanzar el 37 % durante la próxima década.
“Dónde y cómo la gente quiere vivir es fundamental para entender el crecimiento de la ciudad. Lo vimos en Cumbayá, que cambió completamente con el auge de la vivienda”, explica Cazar. Ese movimiento, desafortunadamente, suele anteceder a la infraestructura: “Primero llega la vivienda; luego atrae comercio y equipamiento, y estos terminan generando una nueva centralidad. Además, una vía no es solamente una vía: también se convierte en infraestructura de urbanización”.
La expansión hacia los valles ha estado acompañada por urbanizaciones cerradas y una mayor dependencia del automóvil.
La experta señala que estos nuevos enclaves pueden ofrecer vivienda sin necesariamente integrarse al tejido urbano: “Empiezan a aparecer pequeñas comunidades cerradas, una especie de ciudad amurallada contemporánea. Luego tienes la pared, una vía que no es peatonal y comercios que necesitan del auto”.
Al mismo tiempo, algunos sectores consolidados pierden residentes. “La falta de planificación ha generado una expansión bastante descontrolada, que deja grandes bloques del casco urbano prácticamente deshabitados”, sostiene Burbano.
El reto, entonces, no pasa únicamente por hacia dónde seguirá creciendo Quito, sino por lo que ocurre en la ciudad ya construida. Las políticas municipales plantean densificar sectores que cuentan con servicios y fortalecer distintas centralidades, mientras buscan contener la expansión urbana.
Para Cazar, vivienda, movilidad y espacio urbano deben pensarse en conjunto: “Sin vivienda no hay ciudad. La vivienda atrae comercio, actividades, ocio y polos económicos”. Y considera que si bien, los planes del Cabildo para que los quiteños vuelvan a habitar el casco urbano son necesarios, cree que se debe tomar en cuenta las características que han motivado el desplazamiento.
“Hay que trabajar en la calidad de la vivienda que se ofrece dentro del espacio urbano. No podemos seguir reduciéndola. Tenemos que adaptarnos a los espacios contemporáneos, pero sin quitar ese deseo del quiteño de sentirse confortable dentro de la misma área urbana”, señala.