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Diario Expreso Ecuador

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Estudiantes de arquitectura en Quito: ideas que salen del aula y buscan cambiar la ciudad

Docentes de tres facultades de Arquitectura motivan a sus estudiantes a intervenir en la ciudad. Estudiantes cuentan cómo un enfoque poco convencial los inspira

”Con lo que hay” se denomina el taller que llevan adelante desde hace 15 años, Enrique Villacís y Cynthia Ayarza, profesores de arquitectura de la PUCE.

”Con lo que hay” se denomina el taller que llevan adelante desde hace 15 años, Enrique Villacís y Cynthia Ayarza, profesores de arquitectura de la PUCE.Karina Defas/ EXPRESO

Rosero Mariela
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Lo que debes saber:

  • Quito: estudiantes de arquitectura recorren la ciudad, como parte de su proceso de formación.
  • El taller "Con lo que hay", de la PUCE, pasa de las maquetas a las obras reales, en la capital y en otras zonas, como Salcedo, etc.
  • En la Universidad Central, un profesor de arquitectura y sus alumnos tienen un proyecto para transformar el campus en un laboratorio de sostenibilidad y urbanismo.

Los estudiantes de las facultades de arquitectura recorren Quito y ensayan intervenciones que, en su mayoría, se quedan en maquetas o en proyectos premiados dentro del ámbito académico. ¿Cuánto de ese trabajo puede traducirse en transformaciones para la capital?

Para el arquitecto Martín Real, profesor de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE), la formación está diseñada para abordar proyectos de distinta escala —desde vivienda unifamiliar hasta urbanismo— con un aumento progresivo de complejidad. 

En su taller de “escenarios alternos” les ha propuesto pensar en soluciones frente al vaciamiento urbano. El ejercicio parte de elegir zonas de intervención —como el Centro Histórico, el eje de la 10 de Agosto o el entorno de El Ejido— y replantear sus formas de ocupación.

Muchos estudiantes apenas las conocen y enfrentan temor al recorrerlas o interactuar con sus habitantes. Ese impacto, sin embargo, forma parte del aprendizaje.

A partir de ese diagnóstico, los alumnos simulan intervenciones arquitectónicas: proponen nuevos usos, incorporan vivienda o equipamientos culturales y proyectan escenarios posibles. Aunque se trata de ejercicios académicos, el énfasis está en comprender la ciudad, hablar con sus usuarios.

Con sus alumnos desarrollaron un ejercicio puntual en una cuadra cercana a la Prefectura de Pichincha, sobre la 10 de Agosto. El objetivo fue entrenar a los estudiantes en un escenario ficticio de intervención arquitectónica. 

El punto de partida consistió en seleccionar una edificación susceptible de rehabilitación y asumir, como hipótesis de trabajo, que los lotes perimetrales estaban vacíos para ampliar las posibilidades de exploración.

Los estudiantes se involucran y construyen, hay más riesgos

Una lógica distinta guía el trabajo de Enrique Villacís y Cynthia Ayarza, impulsores del taller “Con lo que hay, que desde hace 15 años combina diseño participativo y construcción comunitaria. En él, los estudiantes no solo diseñan: trabajan con un barrio o colectivo y ejecutan, junto a ellos, una obra concreta.

El enfoque busca evitar el asistencialismo. Más que entregar soluciones, promueve procesos de colaboración y corresponsabilidad: la comunidad se involucra y aporta, mientras la academia contribuye con diseño y metodología. Frente a experiencias efímeras o simbólicas, su apuesta es dejar herramientas replicables y fortalecer la autonomía local.

La experiencia de estudiantes de arquitectura

Los estudiantes destacan el enfoque poco convencional. Brigitte Ubidia, de séptimo semestre, resalta que el taller trasciende la maqueta: diseñaron y construyeron un juego infantil en la Fundación Jardín del Edén, en Salcedo, con acompañamiento técnico. Considera que este tipo de proyectos puede replicarse en otros espacios públicos, al promover usos abiertos y exploratorios.

  • En Quito surgió una oportunidad en el barrio Loma Grande, con el apoyo del colectivo Mi Loma Grande. 
  • En la escuela Jorge Washington, en la calle Rocafuerte, intervinieron en espacios originalmente dominados por el cemento para incorporar sombra y áreas verdes. 
  • También se diseñó un teatrino: aunque el espacio era privado, el colectivo lo abría de forma permanente al barrio. 
  • En el patio interior de un inmueble se construyó un vivero, concebido como un lugar de encuentro, cultivo y cuidado.

La mirada de los universitarios cambia, luego del taller

Sebastián Guarderas subraya que el taller permite “materializar” ideas y vincular la formación con la realidad social: una experiencia de cocreación que convierte a la academia en herramienta de transformación. 

El estudiante mira oportunidades para trabajar con espacios para los comerciantes informales, con mobiliario temporal o no, que podría usarse en ferias, más allá de carpas o quioscos.

Marcelo Pila, por su parte, apunta que salir al territorio cambia la forma de observar la ciudad: permite detectar problemas, pero también oportunidades, como la reutilización de edificaciones abandonadas.

En la Universidad Central se busca que el campus sea un laboratorio de sostenibilidad

Diego Hurtado y estudiantes de la Universidad Central junto a la maqueta del campus sostenible, que les gustaría poder desarrollar.

Diego Hurtado y estudiantes de la Universidad Central junto a la maqueta del campus sostenible, que les gustaría poder desarrollar.Karina Defas/ EXPRESO

En la Universidad Central, el arquitecto Diego Hurtado trabajó con sus alumnos en un proyectos para transformar al campus en un laboratorio de sostenibilidad y urbanismo. 

La propuesta incluye metas al 2040

  • Gestión integral de aguas grises y negras.
  • Reducción de residuos para llegar a basura cero.
  • Producción de energía renovable, para compartirla con barrios cercanos y transición hacia modelos de economía circular. 
  • El objetivo es convertir el campus en una centralidad abierta, con parque, museos, vivienda, comercio y espacios públicos que se integren a barrios como La Gasca, Miraflores o Santa Clara.

En el planteamiento también se observa los efectos del cerramiento universitario, que puede generar espacios degradados en su entorno e inseguridad. 

Frente a ello, se proponen bordes activos, integración urbana y nuevas dinámicas de uso, con vivienda más económica, cuyas rentas podrían costear un préstamo, por ejemplo del Banco del Estado. La idea es avanzar hacia un modelo de “barrio de 15 minutos”, con menos desplazamientos y mayor vida de ciudad.

Entre maquetas, intervenciones reales y laboratorios urbanos, la arquitectura universitaria ensaya respuestas. El desafío sigue siendo que esas ideas no se queden en el aula.

Lo que buscan esas intervenciones

Para Martín Real, la academia debe asumir un rol activo en la generación de ciudad. Cita, por ejemplo, la experiencia de la Universidad Indoamérica en Ambato, que junto al Municipio levantó un proyecto que comenzó como ejercicio académico y terminó convertido en un recorrido peatonal público: Las Escalinatas, que hoy conectan dos plataformas mediante escaleras eléctricas. 

La iniciativa articuló a la academia, la institución pública y la empresa privada hasta concretarse.

En el taller de Villacís y Ayarza, en la PUCE, el objetivo es “llevar la arquitectura a territorios poco atendidos, más allá de zonas como la República del Salvador o Quitumbe, para reconocer necesidades reales y sembrar inquietudes que impulsen procesos sostenidos”.

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