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Diario Expreso Ecuador

Girona, la ciudad que Hollywood convirtió en un gran plató

Antes de convertirse en el reino de Rapunzel, sus calles fueron Braavos, Desembarco del Rey y la Francia del siglo XVIII

La Catedral de Girona y su escalinata se convirtieron en el Gran Septo de Baelor durante la sexta temporada de Game of Thrones.

La Catedral de Girona y su escalinata se convirtieron en el Gran Septo de Baelor durante la sexta temporada de Game of Thrones.Linda Martillo

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Hay ciudades que se recorren mirando mapas. Girona también puede visitarse siguiendo escenas.

Una escalinata conduce a una catedral catalana, pero en la pantalla puede ser la entrada al Gran Septo de Baelor. Un monasterio románico se transforma en la Ciudadela de Antigua. Y las mismas piedras que un día fueron parte de Westeros ahora sostienen el reino fantástico de Rapunzel.

El casco antiguo, las murallas y las calles estrechas del Barri Vell han convertido a esta ciudad catalana en una localización codiciada por producciones nacionales e internacionales. No necesita grandes decorados para parecer medieval: la historia ya hizo buena parte del trabajo.

La relación de Girona con el audiovisual se remonta a los primeros años del cine, según la Girona Film Office. Sin embargo, tres grandes producciones permiten entender especialmente su capacidad para representar lugares, épocas y universos completamente diferentes: El perfume, Game of Thrones y la nueva versión de acción real de Enredados.

De Girona a Westeros

El gran salto internacional llegó con Game of Thrones. La producción de HBO rodó en Girona durante 2015 varias escenas de la sexta temporada, estrenada en 2016.

La serie no utilizó la ciudad para representar un solo lugar. Sus calles se convirtieron en sectores de Braavos, Desembarco del Rey e incluso Antigua.

La escalinata barroca de la Catedral de Santa María sirvió como exterior del Gran Septo de Baelor. Allí se filmó la escena en la que Jaime Lannister llega a caballo, acompañado por las fuerzas Tyrell, para impedir la expiación pública de Margaery.

La catedral volvió a aparecer en el final de temporada, cuando el Gran Septo fue destruido mediante efectos visuales. La explosión verde ocurrió en la ficción; el edificio que sostuvo la escena continúa dominando el paisaje de Girona.

En otras zonas del Barri Vell se desarrollaron las persecuciones de Arya Stark por Braavos. La plaza dels Jurats acogió la obra teatral sobre los Lannister, los Baños Árabes formaron parte de su huida y el puente de Galligants fue utilizado en la secuencia en la que el personaje cae al agua.

El monasterio de Sant Pere de Galligants asumió otro papel: se convirtió en parte de la Ciudadela de Antigua, donde Samwell Tarly llega para formarse como maestre.

Girona no fue solamente una localización. Dentro de una misma temporada interpretó tres territorios diferentes del universo de George R. R. Martin.

Antes de los dragones estuvo El perfume

Una década antes de los Stark y los Lannister, Girona ya había prestado sus paisajes a otra ficción internacional.

En 2005, el director alemán Tom Tykwer filmó en Cataluña parte de El perfume: historia de un asesino, adaptación de la novela de Patrick Süskind estrenada en 2006.

La película necesitaba reconstruir la Francia del siglo XVIII y distribuyó su rodaje por diferentes puntos. Barcelona representó buena parte del París antiguo; el castillo de Sant Ferran, en Figueres, sirvió como curtiduría, puerta de la ciudad y prisión; mientras que Girona y sus alrededores acogieron paisajes naturales y espacios relacionados con la casa y el taller de Madame Arnulfi, donde Jean-Baptiste Grenouille aprende nuevas técnicas para capturar aromas.

También se rodaron escenas en la canónica de Santa María de Vilabertran, un conjunto románico situado en la provincia de Girona.

Este despliegue revelaba una de las grandes ventajas cinematográficas del territorio: en distancias relativamente cortas reúne cascos históricos, bosques, montañas, fortalezas y construcciones religiosas capaces de representar distintos momentos del pasado.

Girona se convierte en el reino de Rapunzel

En 2026, Girona volvió a cambiar de identidad. Esta vez fue Disney la que desembarcó en el Barri Vell para rodar parte de la versión de acción real de Enredados, inspirada en la película animada de 2010 y en la historia de Rapunzel.

Entre el 20 de julio y el 3 de agosto, la producción utilizó espacios como la Catedral, su escalinata, la Pujada de Sant Domènec y sectores de la muralla. El templo fue intervenido con cortinajes, tarimas, tronos, candelabros y esculturas para integrarlo al reino ficticio de Corona.

El despliegue reunió a un equipo de aproximadamente 500 personas. Meses antes, miles de aspirantes acudieron a un macrocásting en Girona, mientras la producción buscaba entre 1.500 y 2.000 figurantes para las grabaciones.

El rodaje también alteró temporalmente la vida cotidiana del centro histórico. Hubo cierres puntuales de calles, restricciones de acceso, cambios en las visitas turísticas y pantallas opacas para impedir que se filtraran imágenes del set.

La transformación produjo una coincidencia cinematográfica: las mismas escaleras que representaron el poder religioso de Desembarco del Rey se convirtieron, una década después, en parte del reino de Rapunzel.

La arquitectura que permite contar varias historias

El atractivo de Girona se explica, en buena medida, por su concentración patrimonial. En un espacio que puede recorrerse a pie conviven vestigios romanos, arquitectura medieval, murallas, callejones de piedra, monasterios, iglesias y construcciones barrocas.

Para una producción audiovisual, esa proximidad reduce desplazamientos y permite filmar escenarios distintos sin abandonar el mismo entorno urbano. Para los espectadores, provoca algo diferente: la posibilidad de pasar de una ficción a otra con solo doblar una esquina.

La ciudad cuenta además con la Girona Film Office, un servicio municipal que centraliza solicitudes, permisos y necesidades logísticas relacionadas con los rodajes. Su labor busca facilitar el uso de espacios públicos y consolidar el territorio como destino para la industria audiovisual.

Pero recibir grandes producciones también plantea un equilibrio delicado. Los rodajes generan actividad económica, contratación local y promoción turística, aunque pueden provocar restricciones en barrios que continúan habitados y en monumentos que reciben visitantes a diario.

Una ciudad que se visita dentro y fuera de la pantalla

El efecto de Game of Thrones no terminó cuando el equipo abandonó Girona. Sus localizaciones se incorporaron a las rutas turísticas y crearon una nueva forma de mirar la ciudad: comparando la piedra real con el universo añadido posteriormente mediante decorados y efectos digitales.

Ahora, Enredados abre la posibilidad de una nueva ola de visitantes, esta vez atraídos por el reino de Corona y la historia de Rapunzel.

Girona parece tener una extraña capacidad para desaparecer sin dejar de ser reconocible. Puede convertirse en Braavos, Antigua, Desembarco del Rey o una ciudad francesa del siglo XVIII, pero sus calles siempre conservan algo propio.

Quizá ese sea su mayor talento cinematográfico: no necesita borrar su historia para interpretar otras. Le basta con dejar que las cámaras encuentren, entre sus piedras, el escenario que estaban buscando.

Cuando el rodaje termina, se retiran los tronos, los cortinajes y las pantallas que esconden el set. La fantasía abandona la ciudad, pero Girona permanece allí: otra vez catalana, medieval y real, hasta que llegue una nueva historia.

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