De las obras a los juicios: así cambió la pelea entre Quito y Guayaquil con Noboa y Álvarez
Analistas y políticos explican cómo la falta de oficio y la judicialización sustituyeron a la obra pública en la disputa entre Gobierno y Municipio

Referencial.El presidente Daniel Noboa y el alcalde Aquiles Álvarez, en medio de tensiones políticas que reavivan el debate sobre centralismo y autonomía local.
Lo que debes saber
- De las obras al litigio: La disputa entre Noboa y Álvarez mutó de una competencia por infraestructura, como en la era Correa-Nebot, a un conflicto judicial que estanca proyectos clave.
- El peso de la experiencia: La falta de trayectoria en el sector público de la actual administración local debilita la defensa de Guayaquil frente al centralismo y limita sus recursos.
- Desarrollo ralentizado: El retiro de competencias estratégicas, como el Quinto Puente, y el retraso en las asignaciones presupuestarias dilatan y vuelven lentas las obras para la urbe.
Ha pasado casi una década desde que Rafael Correa dejó la Presidencia y Jaime Nebot la Alcaldía de Guayaquil. Las disputas entre el Gobierno central y el Municipio no son nuevas en Ecuador; el centralismo y las pugnas por competencias han marcado la relación entre ambas instancias durante años.
La diferencia es que, mientras la rivalidad entre correísmo y socialcristianismo solía traducirse en una competencia por ejecutar obras y ganar respaldo ciudadano, la confrontación actual entre Daniel Noboa y Aquiles Álvarez ha derivado en disputas institucionales, procesos judiciales y proyectos estratégicos atrapados en el conflicto político.
Para Henry Cucalón, exsecretario de la Municipalidad de Guayaquil durante la administración de Jaime Nebot y exministro de Gobierno, la diferencia no radica en la existencia del conflicto político, sino en la forma en que este se gestiona. “No es que no haya conflictos, siempre va a haber conflictos. La diferencia es cómo afrontas los conflictos”, señaló.
El peso del liderazgo y la gestión
Para Cucalón, la administración de Jaime Nebot pudo enfrentar los constantes choques con el Gobierno central gracias a una combinación de liderazgo, capacidad de gestión y respaldo ciudadano.
Según recuerda, pese al “profundo centralismo” del correísmo, el Municipio logró defender competencias y proyectos estratégicos como la actividad portuaria y el dragado del río Guayas. “No nos dejamos avasallar porque había un equipo liderado por el alcalde que no lo permitió y una gestión eficiente y honesta que recibió respaldo de la ciudadanía”, afirma.
A su juicio, la diferencia con la administración actual radica en su capacidad de respuesta frente al Gobierno central. “Hoy no pueden ejercer ni sus propias competencias bien, lo que le han hecho es el trabajo más fácil a un gobierno que ya era centralista”, sostiene.
Aunque considera que las rivalidades entre el Ejecutivo y el Municipio no son nuevas, asegura que el problema actual es la gestión. “Puede existir cualquier rivalidad, pero la incapacidad manifiesta es lo que marca la diferencia con lo de antes. Hemos retrocedido en muchísimas cosas”, concluye.
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La pérdida de competencias y las obras estratégicas
Para el exlegislador, las tensiones entre el Gobierno central y el Municipio han trascendido el plano político y han terminado afectando la gestión local. Entre los ejemplos que menciona están la pérdida de competencias ambientales y los obstáculos alrededor de proyectos considerados estratégicos para el desarrollo de Guayaquil.
A su criterio, el caso más representativo es el del Viaducto Sur o Quinto Puente, una megaobra que, al final del gobierno de Guillermo Lasso, fue delegada al Municipio de Guayaquil y posteriormente retirada por disposición del presidente Daniel Noboa.
Cucalón, quien se desempeñó como ministro de Gobierno durante la administración de Guillermo Lasso, período en el que se concretó la transferencia de la competencia al Municipio de Guayaquil, cuestiona que proyectos de esta magnitud puedan verse condicionados por diferencias políticas entre autoridades.
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“Primer acto de gobierno del presidente Noboa, asumo que no fue contra Guayaquil, sino por este espíritu de animadversión que hay con el alcalde (...) Se la quitaron y pasó a la Prefectura. Lo que le importa al pueblo es que las obras se hagan”, manifestó.
Recursos, gestión y responsabilidades
A las disputas por competencias se suman los reclamos recurrentes de la actual administración municipal sobre los retrasos en las asignaciones que corresponden por ley y las dificultades para obtener garantías soberanas destinadas a proyectos urbanísticos.
Sin embargo, Cucalón matiza esas críticas. Aunque reconoce que existen demoras en las transferencias estatales, sostiene que parte de los problemas responden también a limitaciones en la gestión municipal.
“No es que tengo la plata y no te la doy, es porque también el Gobierno central tiene retrasos en que le ingrese ese valor”, señaló.
Desde su perspectiva, la situación no puede atribuirse únicamente a una supuesta asfixia financiera. Por el contrario, considera que también existe una falta de experiencia en la administración de los recursos públicos.
“La asfixia como tal es deficiencia de gestión de los mismos recursos por parte de la municipalidad. Lo digo crudamente: por falta de oficio por lo público y por improvisación”, afirmó.
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La ciudad en medio de la confrontación
Para Cucalón, las diferencias entre autoridades no deberían traducirse en obstáculos para la ejecución de obras ni en afectaciones a los servicios que recibe la ciudadanía.
A su juicio, una de las principales diferencias entre etapas anteriores y la actual administración radica en la experiencia de quienes ocupan los cargos públicos. Señala que Jaime Nebot llegó a la Alcaldía con una amplia trayectoria en la función pública y el respaldo de una estructura política consolidada, mientras que Aquiles Álvarez asumió el Municipio sin experiencia previa en cargos de elección popular o de administración estatal.

Aquiles Álvarez, alcalde de Guayaquil, en una fotografía de archivo.
Según Cucalón, esa diferencia ha incidido en la capacidad de gestionar recursos, afrontar disputas institucionales y sostener una relación más efectiva con el Gobierno central.
En ese contexto, advirtió que la creciente confrontación política podría debilitar la capacidad de Guayaquil para defender sus intereses frente al centralismo, una característica que, según recuerda, marcó administraciones anteriores. Para el exlegislador, el principal riesgo es que las disputas partidistas terminen desplazando las prioridades de la ciudad y afectando directamente a sus habitantes.
Asímismo, el analista político José Luis Morales coincide en que el factor liderazgo resulta determinante para comprender las diferencias entre ambos momentos políticos. Explica que Nebot no solo contaba con experiencia administrativa y electoral acumulada, sino también con una organización partidista sólida y una red de respaldos sociales, empresariales y ciudadanos que fortalecían su posición frente al Ejecutivo.
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Liderazgos con distinto respaldo
Desde su perspectiva, esa estructura permitió que las disputas con el correísmo trascendieran las fronteras partidistas y se presentaran como una defensa de los intereses de Guayaquil. La administración municipal lograba articular apoyos de distintos sectores y proyectar una identidad cívica capaz de resistir los intentos de centralización impulsados desde Quito.
Morales sostiene que el escenario actual es distinto. Aunque Aquiles Álvarez conserva niveles importantes de respaldo político, no cuenta con una trayectoria pública comparable ni con una estructura de liderazgo construida durante décadas. Esto ha dificultado que los conflictos con el Gobierno nacional sean percibidos como una causa colectiva de la ciudad y ha reforzado la idea de una confrontación centrada en actores y disputas personales.
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Cuando la disputa deja de ser por las obras
El analista añade que también ha cambiado la naturaleza de la competencia política. Durante el correísmo, la confrontación entre Rafael Correa y Jaime Nebot se expresaba, en gran medida, a través de la ejecución de infraestructura y la capacidad de cada administración para exhibir resultados tangibles ante la ciudadanía.
En cambio, considera que la actual pugna entre el Ejecutivo y el Municipio se desarrolla en un contexto distinto, marcado por restricciones fiscales, menor inversión pública y una creciente judicialización de la política. En ese escenario, las disputas por competencias, recursos y control institucional han adquirido un protagonismo que antes recaía en la obra pública.
Morales advierte que esta dinámica responde también a incentivos electorales. A medida que se acercan nuevos procesos de elección, las tensiones entre oficialismo y oposición tienden a profundizarse, especialmente en territorios políticamente estratégicos como Guayaquil, donde históricamente se han disputado liderazgos con proyección nacional.
Finalmente, coincide en que el principal riesgo de esta confrontación es que los proyectos de largo plazo terminen subordinados a la competencia política. A su criterio, cuando las diferencias entre autoridades derivan en la paralización de obras, la disputa deja de afectar únicamente a los actores involucrados y termina trasladando sus costos a la ciudadanía.
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La ciudad, entre la política y la gestión
Aunque difieren en algunos diagnósticos sobre las causas de los problemas actuales, tanto Henry Cucalón como José Luis Morales coinciden en que la principal diferencia entre la etapa de confrontación protagonizada por Rafael Correa y Jaime Nebot y la actual disputa entre el Gobierno nacional y el Municipio de Guayaquil radica en la capacidad de liderazgo y articulación política.
Mientras las tensiones del pasado se desarrollaban en medio de una competencia por ejecutar obras y captar respaldo ciudadano, el escenario actual está marcado por disputas institucionales, conflictos judiciales y cuestionamientos sobre la gestión. Para ambos analistas, el riesgo es que la confrontación termine relegando las necesidades de la ciudad y retrasando proyectos estratégicos, en un momento en que Guayaquil enfrenta desafíos que demandan coordinación más que rivalidad política.