Análisis
Prepapeletas de Guayaquil y Guayas: las cosas que revelan
No se puede excluir la posibilidad de que, con alguna maniobra desde adentro o afuera, los precandidatos cambien antes de la inscripción de las candidaturas

Los ecuatorianos acudirán a las urnas el próximo 29 de noviembre de 2026.
El pasado jueves 2 de julio culminó el plazo para que las organizaciones políticas que quieran participar en las elecciones seccionales celebren sus procesos de democracia interna, más conocidos por el nombre de primarias, pero mejor entendidos como lo que a toda vista son: una puesta a dedo.
Política
Yadira Bayas enfrenta otra polémica por la entrega de dádivas en la antesala de la campaña
Daniel Alejandro Romero Páez
El caso de Zaida Rovira
Por supuesto, eso no quiere decir que esas elecciones internas de mentirita hayan estado exentas de sorpresas. Vaya y pregúntele, por ejemplo, a la ministra saliente (quién sabe por cuánto tiempo) Zaida Rovira, que estaba lista para ser nominada para la Prefectura del Guayas, pero que terminó siendo designada como precandidata a una concejalía en Guayaquil.
Esa designación de Rovira, y su reemplazo para la prefectura por Andrés Guschmer, quien antes aspiraba a ser candidato a alcalde de Guayaquil, se presta al análisis. Es difícil pensar en que Rovira simplemente haya caído en desgracia. Es bien sabido que el presidente Noboa la considera una pieza clave de sus campañas y que ella cuenta con importantes aliados en el Gobierno como la ministra Cynthia Gellibert o el exministro y ahora precandidato en Pichincha, Harold Burbano.
Por ende, es más fácil pensar que Noboa la quiere de candidata en Guayaquil porque prefiere arriesgarse a perder la prefectura que la alcaldía, donde están en juego lucrativos proyectos como el Quinto Puente y el nuevo aeropuerto.
Además, Rovira sentada en el Concejo Cantonal puede convertirse tanto en un ojo seco con el que controlar a cualquier figura emergente dentro de su propio partido como en un comodín fácil de remover y traer de vuelta a la baraja.
En cambio, si Noboa quisiera sacarla de la prefectura para llevarla a otro cargo, la vergüenza sería mayor.
La carta del Partido Social Cristiano
Otra nominación llamativa fue la del doctor Juan Carlos González para la Prefectura del Guayas por el Partido Social Cristiano. González, médico de profesión, viene siendo director de Salud del Municipio de Guayaquil desde el comienzo de la administración de Aquiles Álvarez. Algunos pegarán el grito de “¡pacto, pacto!” al cielo, pero se equivocarán diciendo que esto es evidencia del supuesto acuerdo entre Rafael Correa y Jaime Nebot para controlar al país.
Más allá de que sea cierto que Correa y Nebot mantienen líneas de comunicación abiertas, la relación más relevante en este caso es la de Álvarez con Nebot.
Cuando el actual alcalde recibió el cargo de manos de Cynthia Viteri (más sobre ella después), se encontró con un municipio patas arriba y en el descalabro financiero. Ante esas circunstancias, Álvarez, un admirador confeso de Nebot y de León Febres-Cordero, acudió a la vieja guardia socialcristiana para pedir ayuda. Mocolí escuchó sus plegarias y asintió.
Por otro lado, el PSC prefirió lanzar para la Alcaldía de Guayaquil a Andrés Roche, cuyas credenciales socialcristianas son incuestionables. ¿Por qué él y no Jorge Acaiturri, quien a raíz de su decepción preelectoral abandonó el partido? Hay diversas teorías, pero una en particular se alinea con la estrategia de Nebot en años recientes: Roche, como antes Topić en otra escala, sí está dispuesto a tirarse su propia campaña al hombro. El socialcristianismo, después de todo, ha perdido a muchos patrocinadores.

Andrés Roche es el precandidato al Municipio de Guayaquil por el Partido Social Cristiano y el movimiento Madera de Guerrero.
También perdió a una exalcaldesa que parece que de todas formas volverá a la papeleta: Cynthia Viteri. Ella va auspiciada por Centro Democrático, fundado por Jimmy Jairala, quien hoy se muestra alineado al Gobierno. Eso, sumado a sus declaraciones previas a favor de Daniel Noboa y a los lazos de su esposo con la comunicación oficialista, invita a pensar que ella será, como otros políticos alrededor del país, el plan B de Noboa.
El espectro para la izquierda
Para la izquierda la situación es aun más incierta. El correísmo, refugiado en el movimiento Amigo, anunció al asambleísta Juan Pablo Molina para alcalde y a la exlegisladora Sofía Espín para prefecta. En una etapa en la que todavía no es seguro si el movimiento Reto, adoptado por el aquilismo, podrá superar los problemas que ha tenido en constituir a su directiva nacional y celebrar sus primarias de forma aplazada, no podemos descartar que en una alianza posterior las figuras cambien y veamos otras caras. Tampoco podemos excluir la posibilidad de que, con alguna maniobra desde adentro o desde afuera, los precandidatos cambien antes de la inscripción de las candidaturas en agosto, momento en que se vuelven irrenunciables.

Juan Pablo Molina es asambleísta por Guayas de la Revolución Ciudadana.
Otras figuras que emergen desde la izquierda cuya suerte podría cambiar son los precandidatos de la Unidad Popular y el Partido Socialista, que junto a Pachakutik firmaron una alianza para las seccionales de Guayaquil y Guayas. Ellos auspician a Juan Cervantes y a William Brito para la provincia, mientras que sus cartas para la capital provincial son Karla Arellano y Mónica Luzárraga, respectivamente.
Seguramente, las semanas que vienen irán esclareciendo el panorama. Pero no nos confiemos. En el espíritu de Diana Atamaint, mejor compremos paraguas.