La última de Ortega
Daniel Ortega proscribe las elecciones de 2027 en Nicaragua para negociar su salida y sostener a su régimen ante el aislamiento regional

A Ortega no se le ‘chispoteó’ lo de proscribir las elecciones, lo hizo a propósito para apurarse en la estructuración de un marco jurídico que les ofrezca impunidad a él y a su pandilla.
El 19 de julio el presidente de Nicaragua, en un discurso con motivo del aniversario de la Revolución Sandinista, dijo textualmente: “aquí no volverá a haber elecciones”. Las elecciones presidenciales estaban previstas para el domingo 7 de noviembre de 2027. ¿Por qué Ortega se atrevió a despojarse de toda vergüenza para declararse dictador? No creo que es un tema tan simple como saber con tanta antelación que perderá las elecciones, o que le teme a un domingo 7. No, el tema es mucho más inmediato. Hace tan solo semanas EE.UU. había iniciado una presión fuerte y sostenida sobre el régimen cubano, pero la reanudación de las acciones bélicas sobre Irán y la pausa casi universal que generó el Mundial de Fútbol, cambiaron de dirección la atención. Sin embargo, nada parece detener el destino próximo de un cambio radical en Cuba. Para complementar lo anterior, con la consolidación de Chile, Colombia y Perú hacia la órbita de centro derecha, el turno natural es el pequeño lunar antidemocrático que representa Nicaragua.
Tener capacidad para negociar
Ortega y su cómplice, Rosario Murillo, saben perfectamente que en el 2027 se pueden robar las elecciones otra vez, como lo han hecho antes, y para eso no tienen que hacerlo público, pero sí les conviene culpar a EE.UU. de apoyar a la oposición, y proyectar en ese país la razón de sus males. Ortega sabe perfectamente que sus días están contados, que al ritmo como las cosas caminan, no llegará a noviembre de 2027, y lo que simplemente quiere es sostenerse en el 25% de la población adepta, en la capacidad para lograr alguna forma de negociación para no correr la suerte de Maduro, y ganar tiempo para conseguir un paraíso a donde pueda escapar y disfrutar lo mal habido.
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Valeria Alvear
A Ortega no se le ‘chispoteó’ lo de proscribir las elecciones, lo hizo a propósito para apurarse en la estructuración de un marco jurídico que les ofrezca impunidad a él y a su pandilla. Buscará entregarle lo que queda del país a China y buscar allá alguna casita de playa. Lo de Ortega no llama la atención, pero sí llama la atención el silencio de quienes se dicen progresistas; al menos digan esta boca es mía.