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Diario Expreso Ecuador

No más elecciones

Sin oposición ni democracia, Daniel Ortega tilda las elecciones de 'liberales' y afianza una sucesión dinástica con su cónyuge Rosario Murillo en Nicaragua

En Nicaragua los ‘copresidentes’ Daniel Ortega y Rosario Murillo son cónyuges, y a falta del un copresidente, el período lo continúa el restante, sin nombrar o elegirse otro.

En Nicaragua los ‘copresidentes’ Daniel Ortega y Rosario Murillo son cónyuges, y a falta del un copresidente, el período lo continúa el restante, sin nombrar o elegirse otro.Archivo Expreso

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Así ha dicho, sin ningún empacho, el copresidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ya a 20 años de poder continuo, quien, según su ‘constitución’, copreside esa nación con su cónyuge, Rosario Murillo. Y esa no es, en realidad, una declaración desvergonzada, sino la reiteración de una realidad: las elecciones en Nicaragua, hacer rato, dejaron de ser tales. Claro, esos comicios lo son en el nombre, pues se presentan unos candidatos, siempre y cuando no sean opositores, y el escrutinio cumple el paradigma de la dictadura perfecta: no importan los votos sino quien los cuenta. Es decir, hasta acá, nada distinto de lo que ocurre en la Venezuela bolivariana, en que las ‘elecciones’ son solo una formalidad para que el sucesor chavista siga en el poder. Al menos, se creerá que no se trata de una monarquía comunista como la norcoreana en la que la sucesión es hereditaria, aunque eso es una creencia, pues en Nicaragua los ‘copresidentes’ son cónyuges, y a falta del un copresidente, el período lo continúa el restante, sin nombrar o elegirse otro. Una sucesión familiar a toda regla, en la que Laureano espera su turno.

Ni siquiera una simulación de elecciones

En Venezuela y hasta en Corea del Norte hay unas elecciones, en las que los Kim (Il Sung, Jong Il y Jong Un) obtienen incluso el 100 % de los votos, aunque a veces solo el 99,9 %. Como se ve, ni a los Kim y, peor, a los chavistas, se les ha ocurrido prescindir de algo que, al menos, imite una elección. Pero tenía que salir el ilustre revolucionario a decir algo de lo que los ultraizquierdistas están convencidos: el sufragio es una creación liberal que ellos desprecian y que solo sirve para llegar al poder pues, una vez en él, el éste se conserva por la fuerza. Y las elecciones que siguen son solo una falsedad en toda regla: en la Unión Soviética había elecciones, tal como las hay en la China continental, pero el elemento de competitividad no existe, porque eso es liberal. Ahora, que ese pensamiento sea transformado en realidad y que, aunque la Constitución hecha a su medida prevea elecciones, o una imitación de aquella, y se salte la regla que él mismo ha impuesto, es una confesión de que ni siquiera es un dictador sino un monarca absoluto de la peor especie. Una raya más para la gerontocracia nicaragüense que, sin miramientos, priva de la nacionalidad a sus contrarios.

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