Redes sociales
La comunicación del Gobierno está perdida en un jardín de infantes
Análisis | Irene Vélez y María José Pinto son responsables de mensajes oficiales "infantiles" criticados entre tiktoks borrados y cosméticos coreanos

María José Pinto e Irene Vélez han infantilizado la comunicación oficial del Gobierno.
Comunicación en crisis
- María José Pinto agravó su crisis de credibilidad al borrar videos de sus redes, culpando a la prensa de no aplaudir su agenda protocolar.
- El reciente video de la secretaria de Comunicación, Irene Vélez, priorizando la compra de cosméticos coreanos en lugar de gestionar el relato oficial fue tildado como "desconexión" con las urgencias del país.
- Expertas advierten que el uso de redes para mostrar "lo bonito" y eludir el debate técnico no es mera torpeza, sino una peligrosa táctica política para subestimar al ciudadano y anular la rendición de cuentas.
La simplificación del mensaje digital gubernamental está desubicada: el problema no es solo qué y cómo comunican, sino lo que parecen no escuchar. No es novedad en un Gobierno empeñado en hablar el lenguaje de una campaña electoral perpetua, aunque sus más de dos años de gestión ya exigen un idioma distinto al de TikTok.
Menos comunicación desde noviembre
Empezando por Carondelet. El paso de Carolina Jaramillo fue un fracaso previsible frente a un presidente que limita sus discursos. No fueron sus cruces prepotentes con la prensa los que sentenciaron la vocería, sino el revés en la consulta popular de noviembre de 2025. Días después se eliminó el cargo, y con él, la vaga intención de transmitir con formalidad.
Para entonces, lo único peor que la comunicación oficial era la salud pública. A ese ministerio mandaron por Decreto a la vicepresidenta María José Pinto, intentando transmitir que la segunda al mando agarra –por fin– prioridad a algo tan básico.
Cinco meses después, es la misma mala comunicación la que pone en duda si es competente. Dos TikToks borrados lo confirman: un acto de vergüenza ante el rechazo ciudadano, producto de la negligencia con los infantes en Taisha y el clamor de pacientes dializándose en salas que parecen hornos. Uno mostraba una visita a un museo en Madrid para “evaluar modelos de gestión”.
La excusa de Pinto: "la prensa no cubre, más suena lo malo que lo bueno"
En su defensa, Pinto culpó a la prensa y reprochó que "nadie cubrió" sus avances, concluyendo que "lo negativo llega más que lo positivo". La excusa victimista se cae ante el tamaño de la maquinaria comunicacional del Gobierno, con medios que cambiaron de dueño y que replican sin contrastar.
La politóloga Andrea Endara advierte aquí un claro "infantilismo": una estrategia de campaña que ignora los dolores del ciudadano y cree que basta con mostrar "lo bonito". Se exige aplauso por una agenda protocolar, olvidando que el periodismo no es relacionista público de giras internacionales, sino auditor de resultados. (Por cierto, la vicepresidenta ignora las solicitudes de información de este Diario desde noviembre).
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Y es que las redes de la Vicepresidencia tampoco exhiben logros, pero sí el rostro sonriente de Pinto ante estructuras europeas que el ecuatoriano apenas sueña. Al justificar su paseo madrileño mientras los hospitales locales colapsan, cayó en lo que la consultora política Grace Jiménez define como "disonancia de contexto": en tiempos de crisis, la gente no procesa explicaciones, sino la emoción visual. El mensaje oficial debía vender gestión; la pantalla transmitía ocio. Cuando esos códigos chocan, la imagen siempre gana.
Borrar la evidencia fue otro error. Para la analista Caroline Ávila, en manejo de crisis no hay salida de "borro y listo". Hacerlo –y en silencio– concede terreno y confirma la culpa. La Vicepresidencia prefirió la huida digital, liquidando su credibilidad (al cierre de este análisis, vicepresidencia no ha publicado nada desde el 16 de abril).
Ningún ministro o asambleísta salió en respaldo de la vicepresidenta. Ávila desliza una hipótesis pragmática: el régimen usa a ciertas figuras como "esponjas" para absorber el rechazo público y blindar al presidente Noboa.
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Sin embargo, sacrificar reputación para desviar el golpe exhibe una nulidad estratégica total. Así, los dedos apuntan a la secretaria de Comunicación, Irene Vélez.
Si la gente se preguntaba quién vigila (o no) lo que publica la vicepresidenta, Vélez decidió hacerse viral para presentarse. Esta cartera invierte millones en difusión y pautaje (dejando afuera a ‘troll centers’, que nunca son gratis) pero ella prefiere comunicar con dibujitos en su cuaderno, cual moda de escuelita. En su último video mostró que su única tarea anotada en la agenda era “Posicionar Acuerdo Comercial Korea”. Con ‘K’.
Lo hizo afirmando que “acosó” al Ministerio de Producción para preguntar: “¿bajarán de precio los productos de cuidado facial coreanos?”. El video la muestra comprando cremas y aplicándolas en su cara, como influencer y no como funcionaria. Solo después de salir con una bolsa llena de cosméticos –sin descuento aplicado aún–, Vélez “explica” que sí bajaría, pero en 60 días.
Luego, el ministro de Producción intentó sumarse a la tendencia de comunicar cualquier cosa, mostrándose comiendo platillos coreanos, celebrando un acuerdo que aún depende del parlamento asiático. El rechazo en redes sociales era de esperarse, ante una desconexión con la realidad que, comunicacionalmente, en el Gobierno ya parece epidémica.
La comunicación ya raya en lo ofensivo
La mediocridad debe volver a dar vergüenza, porque a estas alturas, la torpeza mediática es grosera. Y si es adrede, revela que siguen un guion oscuro: uno de esos que advertía Chomsky o teorizó Goebbels, y que bien aplicó el chavismo: que dicta hablarle al pueblo como a niños chiquitos y subestimar su capacidad de análisis.
Esto, sumado a claras presiones para doblegar a las voces críticas, dibuja un panorama donde el Gobierno quiere que todo se explique con peras y manzanas, no porque sea más didáctico, sino porque anula el debate. Quizá ignoren que tanto abuso de la frivolidad, al final, los hará ‘quedar de año’.