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Diario Expreso Ecuador

Ecuador: El dilema entre autoritarismo y democracia en la política del país

Análisis | Gobernar requiere un mensaje claro y agendas con impacto, pero quienes aspiran lo olvidan. No hace falta coincidir en causas, pero sí en códigos

Elecciones en Ecuador marcadas por la polarización política y la búsqueda de una alternativa democrática entre el correísmo y el anticorreísmo.

Elecciones en Ecuador marcadas por la polarización política y la búsqueda de una alternativa democrática entre el correísmo y el anticorreísmo.Cortesía

César Febres-Cordero Loyola

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Lo que debes saber 

  • Ecuador sigue atrapado entre el correísmo y el anticorreísmo, pese a promesas de superar la polarización política.
  • Lasso, Moreno y Noboa intentaron fórmulas de reconciliación, pero todas chocaron con los límites del poder.
  • El debate sobre una “tercera vía” revela una crisis más profunda: la dificultad de sostener la gobernabilidad democrática.

El en Ecuador hay espacio para algo más que el correísmo y el anticorreísmo. El mismo presidente Noboa, que hoy representa la lógica de los antis llevada a su conclusión inevitable –tolerarlo todo con tal de prevenir el supuesto retorno inminente de Correa al poder– llegó al poder a finales de 2023 prometiendo trascender la polarización que había dominado la política ecuatoriana por casi una década y media.

Dos años antes, Guillermo Lasso había logrado remontar los resultados de una primera vuelta en la que casi se queda afuera, peleando acta por acta con un Yaku Pérez que había acusado a Correa, Moreno y Lasso de ser lo mismo y quedando no muy lejos de Xavier Hervas, cuyo mensaje de una alternativa moderna y moderada iba por líneas parecidas.

En segunda vuelta, Lasso tuvo que cambiar más que su forma de vestirse o de usar las redes sociales: se reunió con ambientalistas y con colectivos LGBTI y reforzó un llamado a unir a todos los sectores liberales del país. Siguiendo esa misma línea, ya como presidente electo prometió acatar los dictámenes de la Corte Constitucional sobre el aborto y trabajó en la construcción de un pacto legislativo con correístas y socialcristianos. Esos acuerdos nunca llegaron a ningún lado y el fracaso de Lasso llevó a Daniel Noboa por un camino anticipado a Carondelet.

Del correísmo al morenismo: rupturas y alianzas fallidas

Podemos ir todavía más atrás. Lenín Moreno, la carta del correísmo para vencer al desgaste en el 2017, ya se preguntaba en 2016 “¿qué nos ha alejado de algunas organizaciones de mujeres? ¿qué nos ha alejado de sectores del movimiento indígena? ¿qué nos ha alejado de algunos sectores de organizaciones ecologistas?”. Una vez en el poder, Moreno traicionó al correísmo y se fue peleando con ecologistas e indígenas y ahora está en el exilio al igual que Correa.

La fórmula de la reconciliación nacional parece ser un vehículo viable para llegar a la presidencia, pero evidentemente no resiste por mucho tiempo al ejercicio del poder. Gobernar requiere de un mensaje claro, de agendas que impactan la economía de millones de familias y que pueden llegar a extender o acortar sus vidas. Incluso para gobernar mal, pero permanecer gobernando, se necesita de una historia fácil de contar, con conflictos y antagonistas, enemigos a quienes culpar por la falta de avances. Cucos fáciles de representar en la teatralidad de la política, para así poner a empresarios, dirigentes y votantes ante una sencilla disyuntiva: ellos o yo.

Reconciliación nacional y límites de la gobernabilidad

La tercera vía, o quienes pretenden convertirse en ella, se olvidan de eso y pagan el precio. Por eso la suerte no los ha acompañado ni siquiera en el proceso electoral del 2025. Pueden escudarse con mucha razón, en que el ejercicio del poder crudo les ha hecho la vida imposible a todos los rivales de este Gobierno, de que nadie, sino los que han apostado el todo por el todo en esta lucha están dispuestos a exponerse a la mirada del presidente, y que de tal forma nadie les quiere donar un real para sus campañas. Pero si aceptan esa situación con resignación, solo puede haber dos conclusiones: quedarán indefinidamente sometidos al autoritarismo o totalmente al margen del juego cuando se acabe el tiempo de este caudillo.

La tercera vía, que debe entenderse a sí misma como la vía democrática, debería renunciar a esa numeración. Hay una vía que históricamente han preferido los líderes del Ecuador: la del mandamás, del dueño de las cortes, del señor de los tribunales electorales, del maestro de circo en el Legislativo. Y hay otra, la del demócrata que sabe que sin competencia justa no puede haber progreso alguno en este país. Ni vendrá la plata ni se quedará. El que tenga aptitudes se irá cansado del abuso de los poderosos y la vida seguirá igual como siempre.

El dilema del poder: autoritarismo vs democracia en Ecuador

Pero una fuerza verdaderamente democrática tiene que ser plural. Debe haber espacio para las agendas contrapuestas de la izquierda y la derecha. No debe haber entonces ni la segunda ni la tercera vía, sino muchas. Y no deberían querer esconder sus diferencias. Ese es el falso centro miedoso, bien exhibido en el discurso de Nebot del sábado 11.

Que los ambientalistas peleen por el agua en Cuenca, que los autonomistas defiendan a Guayaquil, que la derecha luche contra los aranceles y la izquierda contra la destrucción de la salud pública y el reemplazo de la educación por becas para cursillos. Pero que identifiquen bien al enemigo común. No necesitan coincidir en las causas, peor camino a las seccionales, pero sí en los códigos.

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