La aristocracia de la excelencia
La democracia no debería significar igualarse hacia abajo, sino reconocer el esfuerzo, el mérito y la excelencia como motores del progreso colectivo.

El reconocimiento al mérito y a la excelencia puede convertirse en un impulso para el desarrollo de toda la sociedad.
Hace unos años Frederick Brown, quien fuera por mucho tiempo capellán del Senado de los Estados Unidos, escribió unas letras que habría que esculpirlas en piedra y recordárselas a cada niño, a cada joven, y hacérselas aprender de memoria a los políticos demagogos. En su escrito ‘La aristocracia de la excelencia’ toca, sin la sutileza de un bisturí sino con la contundencia de un puñal, ese sentimiento de culpa que se han encargado de hacer sentir a quien sobresale en algo, los lastimeros de extrema izquierda y los ‘progres’.
Cuando destacar se convierte en una culpa
Escribió Brown que uno de los peligros de la democracia es la veneración de la mediocridad. El principio de que todos los hombres son creados iguales lo fuerzan a la interpretación de que todo aquel que destaque en algo es un traidor a la masa, al pueblo. Añade que el confort de la tribu ‘socialistoide’ está en el mínimo común denominador, olvidándose de que el verdadero avance en cualquier lugar o en cualquier ámbito de la existencia humana, es elevarse primero levantando la bandera, liderando, y buscando encender la luz ahí donde para el resto hay una cómoda penumbra.
Se rechaza el concepto de aristocracia del intelecto y de la energía, pues se pretende hacer creer como imaginario, que aquel que sobresale es siempre porque le hace trampa a un sistema que debe ser igualitario.
La excelencia como motor del progreso
Hay abundancia de personajes mezquinos al ver en cada acción loable, heroica y desprendida, el tapado interés por el logro material y la vanidad, como justificando la incapacidad propia ante quien sobresale legítimamente por encima del promedio.
Al final, los frutos de la excelencia, del arrojo y del sacrificio, son de todos, benefician a todos, hacen crecer a todos, incluso a los que quisieran apagarles la luz para volvernos a las tinieblas.
Elevarse para servir a los demás
Termina su escrito Brown elevando el tono al expresar que el verdadero gobierno de todos no implica igualarse hacia abajo, sino elevarse por los demás para servir mejor.
Tenemos la obligación de aplaudir a quienes en buena lid sobresalen en cualquier campo de la vida honrada de nuestra sociedad, porque sobre sus hombros todos nos sostenemos.