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Diario Expreso Ecuador

El privilegio de ser leído

Escribir una columna exige verificar hechos y dudar incluso de las propias certezas, por eso el mayor privilegio no es opinar sino ser leído

Una columna de opinión no debería aspirar a conseguir adhesiones, sino a ofrecer razones suficientes para provocar una reflexión.

Una columna de opinión no debería aspirar a conseguir adhesiones, sino a ofrecer razones suficientes para provocar una reflexión.Generada con IA

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Hace exactamente un año publiqué mi primera columna en estas páginas. Confieso que entonces pensé que el mayor privilegio consistía en tener un espacio para expresar mis opiniones. Con el paso de los meses comprendí que estaba equivocado. El verdadero privilegio no es escribir. Es ser leído.

Cada semana, muchas personas dedican unos minutos que no recuperarán a leer estas líneas. En una época en la que todos competimos por atención y las opiniones se suceden a enorme velocidad, detenerse a seguir un argumento supone una decisión que quien escribe no debería dar por sentada.

Leer una columna tampoco significa estar de acuerdo con ella. Quizá ocurra justamente lo contrario. Un lector puede terminar estas líneas pensando que el argumento es equivocado y, aun así, la lectura habrá valido la pena. Una columna de opinión no debería aspirar a conseguir adhesiones, sino a ofrecer razones suficientes para provocar una reflexión. Escribir una opinión exige también cierta disciplina. Supone estudiar, verificar los hechos, distinguir la evidencia de las interpretaciones y someter las propias convicciones a los mejores argumentos en contra. Quien escribe tiene derecho a defender una tesis, pero no a deformar la realidad para sostenerla.

La proeza de ser elegido por el lector

Durante este año los temas han cambiado cada semana y también algunas de mis propias certezas. Escribir obliga a estudiar asuntos que uno creía conocer, encontrar argumentos que no había considerado y descubrir que ciertos problemas admiten respuestas diferentes de las que imaginábamos. Tal vez allí esté una de las razones para escribir y para leer una columna, no necesariamente cambiar de opinión, pero sí estar dispuesto a examinarla.

Agradezco a Diario Expreso por la confianza de abrirme este espacio y, especialmente, a quienes cada sábado deciden leerlo. A quienes coinciden, a quienes discrepan y a quienes alguna vez encontraron aquí un argumento que los llevó a mirar un problema desde otra perspectiva. Después de un año, sigo creyendo que escribir es un privilegio. Pero hoy sé que el mayor privilegio no nace de tener la palabra, sino de que alguien, al otro lado de la página, decida concederme unos minutos de su tiempo.

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