Editoriales

Por la buena política de gasto

El presupuesto municipal creció orgánicamente y para ello no se necesitó incrementar los cuadros burocráticos.

Recordando que el dinero que sustenta a todos los niveles de gobierno se origina en los bolsillos de los contribuyentes, la calidad del gasto debe primar igualmente a nivel local. En el caso que nos atañe, sostenemos que el progreso alcanzado por Guayaquil en las últimas tres décadas se debe, precisamente, a que los alcaldes fueron juiciosos y cuidadosos con el buen uso de tales recursos, priorizando el gasto de capital y limitando el consumo no regenerativo. El presupuesto municipal creció orgánicamente y para ello no se necesitó incrementar los cuadros burocráticos, peor tratándose de contrataciones que podrían juzgarse como políticamente motivadas, que duplican funciones y terminan entorpeciendo el funcionamiento municipal.

Hoy parece estarse rompiendo esa tradición de bien servir. Estamos a tiempo para poner coto a estas nacientes prácticas y, desde estas columnas, continuaremos insistiendo en el mantenimiento de la buena política de gasto. No será del caso que aquello que tomó tanto tiempo y disciplina alcanzar, la buena economía municipal, sana y espartana, vuelva a ser pasto del abuso administrativo que, repetimos, constituye un abuso de confianza con el dinero de la gente.