Editoriales

Luchas pusilánimes

Si es que son causales comprensibles, no debería haber temor a explicarlas y darlas a conocer.

Hace falta valor para derrotar a Goliat. Sobre todo, para condenarle a ocho años por cohecho, después de haber tenido bajo control a todo el sistema de Justicia. Hace falta valor.

Lo incongruente es que si se tiene esa determinación para enfrentar y judicializar a los poderosos, las mismas figuras sean esquivas con la prensa cuando saben que las preguntas no van a ser cómodas. Cuando hay un factor de cuestionamiento. No existen los héroes escurridizos. O, al menos, no son tan creíbles.

La solidez con la que se llevan casos ante la Justicia, se presentan pruebas para sustentar las teorías del caso, debe mostrarse en todos. No solo en los que llegan con insumos ya masticados desde la cooperación internacional. Una autoridad no es, ‘per se’, diligente en unas investigaciones y exigua en otras. A no ser que haya factores externos. Si es que son causales comprensibles, no debería haber temor a explicarlas y darlas a conocer. A responder, en definitiva, por la lentitud de actuación en tramas, por ejemplo, como las que se han fraguado durante años, como las que han desplumado a las jubilaciones policiales de cientos de millones -el caso más pernicioso hasta ahora revelado- y como las que ha presentado la prensa con todo lujo de detalles.