Editoriales

Las otras graves pandemias

Es prioritario no descuidar acciones contra las ENT, dedicando simultáneamente todos los esfuerzos al combate del coronavirus.

Tiempos hubo en que la palabra pandemia se asociaba a enfermedades producidas por virus, protozoarios o bacterias, tal cual el sarampión, el paludismo o la peste, con gran capacidad infecto-contagiosa y múltiples mecanismos de transmisión, y por tanto, de amplia y rápida difusión en escala urbana, nacional o continental. Ahora, con más propiedad, el espeluznante término designa plagas con ámbito planetario, tal cual el VIH o la COVID-19, y su uso es común en todos los idiomas y en todos los países. Esa repetida utilización ha llevado a designar también como pandemias a las producidas por enfermedades no transmisibles (ENT), v.g. la hipertensión o la diabetes, que algunos designan como pandemias invisibles, tal cual la violencia contra la mujer.

Por supuesto, en el caso de las no transmisibles, el calificativo de pandemia obedece más a la amplitud de las zonas geográficas abarcadas que a la velocidad de la expansión pero, igualmente, a la alta mortalidad y complicaciones que generan.

Es prioritario no descuidar acciones contra las ENT, dedicando simultáneamente todos los esfuerzos al combate del coronavirus. Igualmente, en países como el nuestro, es vital no desatender las causas de la alta mortalidad neonatal, perinatal e infantil vinculadas a la pobreza.