Editoriales

Doble inseguridad

Pasa el tiempo y los no delincuentes cada vez tienen menos espacio para vivir en paz y tranquilidad

Cuasinormalizadas están ya esas precauciones de parquear en zona segura, no dejar objetos de valor dentro del vehículo, no caminar en zonas solitarias o mal iluminadas, no tomar taxis de la calle, no sacar el celular en ciertos sectores... Esas pautas que distinguen a Guayaquil, a Quito y a las poblaciones de Ecuador de ciudades estadounidenses o europeas donde también hay inseguridad pero que uno sea víctima de la misma es más cuestión de azar que de respetar ciertas pautas.

A este panorama ya incorporado a las rutinas de los ecuatorianos se ha ido añadiendo una cada vez más gráfica y explícita criminalidad. El ambiente de violencia ya no se circunscribe a zonas marginales que el ciudadanos promedio puede otear con distancia. Los indicadores de muertes violentas y la percepción de agresividad cada vez tienen más coincidencias.

Ha habido eslóganes electorales, ha habido promesas políticas y ha habido encuentros entre autoridades locales y nacionales y militares y policiales. Lo que no ha habido hasta ahora son soluciones. Todo lo contrario. Pasa el tiempo y aumenta la descomposición social. Pasa el tiempo y los no delincuentes cada vez tienen menos espacio para vivir en paz y tranquilidad.