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Diario Expreso Ecuador

Más allá de las fronteras

Ecuador, Perú y Colombia comparten una amenaza que no conoce fronteras. La cooperación regional es clave para enfrentar al crimen organizado

Ecuador, Perú y Colombia comparten una extensa frontera terrestre y una amenaza común: el crimen organizado.

Ecuador, Perú y Colombia comparten una extensa frontera terrestre y una amenaza común: el crimen organizado.Canva

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Si las organizaciones criminales pudieran votar, seguramente elegirían una sola cosa: que los gobiernos sigan trabajando por separado, eso explica buena parte de su éxito.

Las mafias no tienen fronteras, ideologías ni burocracia. Se adaptan, cooperan, financian, reclutan y se mueven con una velocidad que los Estados todavía no consiguen igualar. Mientras tanto, Ecuador paga un precio demasiado alto, la violencia, extorsión, narcotráfico y el miedo son la consecuencia de una amenaza que jamás fue exclusivamente ecuatoriana. Por eso, la coincidencia política entre Ecuador, Perú y Colombia merece leerse desde otra perspectiva. No importa quién obtenga el crédito político, lo importante es que comprendan que la seguridad dejó de ser un asunto interno.

Existen más de dos mil cien kilómetros de frontera terrestre que unen a tres países frente a un mismo enemigo. Allí debería comenzar la mayor operación de cooperación regional de las últimas décadas.

Una oportunidad histórica para Ecuador, Perú y Colombia

La oportunidad es histórica, no ocurre con frecuencia que tres gobiernos tengan la posibilidad de construir una agenda común desde el inicio de sus mandatos. Si logran transformar esa coincidencia en una política permanente, la región habrá dado un paso decisivo. Si la desaprovechan, el único beneficiario seguirá siendo el crimen organizado, que desde hace años entiende mejor la cooperación que los propios Estados.

No necesitamos declaraciones de buenas intenciones, necesitamos inteligencia compartida, vigilancia tecnológica, operaciones simultáneas y una decisión política que dure más que un período presidencial. Porque las mafias no descansan cuando cambian los gobiernos y sería imperdonable que los gobiernos sí lo hicieran.

La seguridad de Ecuador ya no depende únicamente de lo que hagamos dentro de nuestras ciudades. Depende, sobre todo, de la capacidad de nuestros vecinos para entender que esta batalla ya dejó de ser de un solo país.

La pregunta ya no es si podemos trabajar juntos, la pregunta es cuánto tiempo más estamos dispuestos a perder antes de hacerlo.

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