elecciones seccionales
Alcaldía de Quito 2026: quiénes parten con mayor reconocimiento y qué les falta
Tres consultores del Ciees, Comunicaliza y Clima Social hablan sobre cómo van los candidatos más opcionados a dirigir la capital

Nueve candidaturas están calificadas para correr por la alcaldía de Quito, ciudad con 2.7 millones de habitantes.
Lo que debes saber:
- Pabel Muñoz y Jorge Yunda parten con mayor reconocimiento por haber sido alcaldes de Quito.
- Wilson Merino, como exconcejal de oposición; y Harold Burbano, por el apoyo del presidente Noboa, buscan convertir su exposición política en reconocimiento electoral.
- Consultores advierten que ser conocido ayuda, pero territorio, imagen y propuesta también pesan.
Los rostros de Pabel Muñoz, Jorge Yunda y Wilson Merino han aparecido en sondeos y estudios filtrados en las últimas semanas, en medio de la carrera por la Alcaldía de Quito. A ellos se ha sumado el de Harold Burbano, cuya candidatura empieza a buscar visibilidad, de la mano de Daniel Noboa.
Los cuatro tienen algo en común: su nombre resulta familiar para una parte de los electores, aunque sus trayectorias y niveles de conocimiento son diferentes.
En las seccionales, previstas para el 29 de noviembre del 2026 y con nueve candidaturas calificadas, el tiempo es un elemento en juego. Tres consultores, que siguen el comportamiento electoral, coinciden en que ser reconocido es una ventaja inicial, no garantiza nada.
Carlos Coronel, del Centro de Investigaciones y Estudios Especializados (Ciees), dice que contar con un nivel de reconocimiento de al menos el 60 % es un requisito para entrar en la carrera.
Pero, aclara, el proceso es metodológico-estratégico; empieza en la identidad, avanza en la profundidad de imagen, qué de malo y de bueno se puede decir de él, la confianza, la propuesta electoral y ahí recién se pide el voto.
Transformar la notoriedad en votos, para llegar a ser alcalde en la capital
Así, Coronel anota que el 70 % de candidaturas no alcanza aún el reconocimiento. Y plantea que el desafío es convertir esa notoriedad en votos y eso implica una capacidad territorial. En la capital, eso supone tener personas y candidatos recorriendo los barrios y las 33 parroquias del distrito y una estructura para escuchar y recoger información.
A esa presencia territorial suma lo que denomina “escucha e inteligencia estratégica, hacer gestión política, contar con datos de calidad para comprender lo que ocurre en la ciudad y generar una propuesta”.
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Álvaro Merchante, de Comunicaliza, señala que las encuestas públicas han mostrado hasta ahora un escenario en el que Muñoz y Yunda cuentan con una ventaja, por haber sido alcaldes. “Muñoz tiene además la exposición permanente que implica ejercer el cargo”.
“La trayectoria de Merino se relaciona con su paso por el Concejo y con su posición crítica frente a la administración”.
Para Merchante, el reto de Wilson Merino es convertir ese reconocimiento aún menor en una propuesta que identifiquen los electores. “La campaña le dará una plataforma desde la cual promocionar su visión de Quito. La clave será observar si consigue trascender el papel de opositor y ser percibido como una opción”.
Sobre Burbano explica que haber ocupado un ministerio no garantiza, por sí mismo, reconocimiento. “El respaldo de ADN puede aportar organización y visibilidad, pero su rendimiento dependerá de la conexión entre la candidatura, las demandas de Quito y la valoración del Gobierno nacional”.
¿Electores buscan a los candidatos más conocidos?
Santiago Pérez, director de Clima Social, coincide en que ser reconocido “es importante, pero no es todo. En las campañas existen múltiples factores para que un candidato tenga viabilidad electoral”.
Entre esos factores menciona la imagen, el nivel de agrado o desagrado, la forma en que cada candidato comunica su mensaje, su capacidad para conectar con distintos grupos de electores, la organización política a la que pertenece y la eficiencia de la campaña.
Pérez identifica una aparente contradicción en el comportamiento del elector. En distintos estudios, explica, una mayoría puede expresar que quiere un cambio, pero frente a la papeleta puede inclinarse por personas conocidas.
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Ese comportamiento, subraya, no responde a una evaluación racional de opciones. “El conocimiento reduce la incertidumbre, pero tampoco implica respaldarla”.
Para Merchante, aún no estamos en la fase de mayor atención electoral. Quedan algo más de dos meses para los comicios.
“En ese periodo cambia el volumen de información que recibe el ciudadano: aparecen la publicidad, los debates, las entrevistas, el trabajo territorial y la confrontación directa entre candidaturas. El conocimiento actual es una ventaja, pero no convierte el resultado en irreversible”.
Merchante anota que habrá que ver si Quito vota por Quito y sus problemas, sobre gestiones de Muñoz o Yunda o si hay una extensión de la polarización política nacional.