Así es 'El hablante de las sillas', una obra que combina teatro, ciencia ficción y live cinema
La puesta en escena, una narración transmedia, sucede en un planeta tierra que está al borde del colapso. Se estrenó en el Estudio de Actores, en la capital

El elenco de El hablante de las sillas da vida a dos universos que transcurren en paralelo y terminan conectándose a lo largo del montaje.
Una pieza con múltiples relatos
- El hablante de las sillas, dirigida por Daniela Sánchez, parte de Las sillas de Eugène Ionesco para construir un universo distópico que combina teatro del absurdo, ciencia ficción, live cinema, proyecciones y sonido en vivo.
- La obra, que se presenta en el Estudio de Actores de Quito, entrelaza dos historias alrededor de la supervivencia, la vigilancia, el deterioro del planeta y la necesidad de transmitir un último mensaje.
En algún punto del futuro, la Tierra, asfixiada por el deterioro y la contaminación, se aproxima a su declive. Frente a la posibilidad de la extinción queda una alternativa, aunque no está al alcance de todos. La corporación B.I.T.E. ofrece a quienes puedan pagarla una vía de escape: Biosfera A1, un territorio artificial instalado en el Planeta B donde sus habitantes podrán comenzar de nuevo, lejos de las restricciones del mundo que dejaron atrás.
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Allí vive Mujer, una científica que lleva años intentando crear las condiciones necesarias para sostener ese nuevo mundo. Junto a ella permanece Niño, un sujeto de experimentación cuyo cuerpo ha seguido creciendo, aunque su desarrollo mental ha sido detenido a los siete años.
En otro lugar, sobre una especie de barca, dos ancianos aguardan la llegada de una multitud de invitados que nunca aparece. Viejo y Vieja tienen un último mensaje que transmitir a la humanidad y esperan que un Hablante pueda hacerlo por ellos. Aunque parecen habitar realidades separadas, las historias avanzan en paralelo hasta comenzar a revelar los vínculos que existen entre ambos universos.
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Así se construye El hablante de las sillas, obra escrita, adaptada y dirigida por Daniela Sánchez Benavides a partir de Las sillas, de Eugène Ionesco. El proyecto nació con la intención de llevar a escena el texto del dramaturgo rumano-francés, pero durante el proceso de creación fue transformándose hasta incorporar una segunda historia atravesada por la ciencia ficción.
La propuesta conserva elementos del teatro del absurdo de Ionesco y los hace dialogar con un escenario distópico marcado por la experimentación, la vigilancia y el deterioro ambiental. Entre ambos relatos aparecen, además, imágenes construidas a partir de conflictos armados contemporáneos. “Queríamos hablar de ese incesante afán de destruir la humanidad que tenemos nosotros mismos”, señala Sánchez.

Viejo y Vieja aguardan la llegada de invitados que nunca aparecen, en la historia que conserva el vínculo más directo con Las sillas, de Eugène Ionesco.
Un escenario en varias capas
Esa transformación alteró también la puesta en escena. Sánchez había trabajado anteriormente con propuestas transmedia, pero quería explorar por primera vez el live cinema. Lo que comenzó como una serie de pruebas terminó incorporándose a la dramaturgia y el montaje pasó a combinar actuación, cámaras, video, proyecciones, archivo gráfico, iluminación y sonido producido en vivo.
“Originalmente, no teníamos la intención de hacer una obra transmedia, pero había cosas que queríamos que contar, y no había cómo decirlas en texto. Entonces pensamos en decirlas a través de la imagen, del sonido y del cuerpo. Y aprovechemos también la herramienta del primer plano en cámara, que es tan rico”, cuenta.
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La disposición del público responde a esa multiplicación de perspectivas. Los espectadores rodean el espacio escénico mientras dos pantallas muestran imágenes captadas o reproducidas durante la función. Una cámara puede detenerse en un gesto que ocurre a pocos metros del público; otra, integrada al universo de B.I.T.E., mantiene a la biosfera bajo vigilancia constante.
A través de documentos, imágenes y pequeños indicios, el espectador accede además a información que los personajes no necesariamente verbalizan y puede decidir hacia dónde dirigir la mirada.
Coordinar todas esas capas es uno de los retos de Juan Francisco Mejía, encargado de articular el dispositivo técnico de la obra. Durante cada función debe seguir las acciones de los intérpretes para activar y sincronizar videos, sonido, micrófonos, cámaras e iluminación.
“Es quizás el proyecto más complejo en el que he trabajado, porque están sucediendo muchas cosas de manera simultánea: en el escenario, en las pantallas, en la iluminación, en el live cinema. Es un desafío enorme”, explica.

La puesta en escena combina actuación, iluminación, proyecciones y sonido en vivo para construir el universo distópico de la obra dirigida por Daniela Sánchez.
Un cuerpo entre dos universos
Andrés Obando interpreta a Niño/Hablante, el sujeto de experimentación que permanece junto a la científica en la biosfera. Aunque su cuerpo corresponde al de un adulto, su desarrollo mental ha sido detenido a los siete años y vive bajo el control de Mujer, a quien reconoce como su madre.
La llegada de Hombre, un fotógrafo enviado por B.I.T.E. con el supuesto encargo de realizar un documental sobre la científica, altera esa rutina y despierta su curiosidad por aquello que existe fuera de los límites que conoce.
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“En teoría tengo siete años, pero en otro planeta, y no puedo hablar. Solamente descubro cosas a través de un explorador que llega a este lugar. Al final, yo soy un experimento y tengo que estar donde me dicen que tengo que estar y querer a mi mamá. Esos son mis dos objetivos”, explica.
El actor asume, además, la construcción del ambiente sonoro de la obra, una tarea que desarrolla de manera simultánea con la interpretación. Para él, el sonido no funciona únicamente como acompañamiento: “Crear el ambiente sonoro no es solamente la música y los efectos, sino hacer que el sonido sea otro actor dentro de todo lo que está pasando en la obra”. Esa doble función, añade, exige trabajar tanto la concentración como la preparación corporal para poder sostener ambos lenguajes durante la función.
Niño comparte la biosfera con Mujer, interpretada por Irina Jaramillo, y Hombre, encarnado por Nicolás Coronel Arauz. En el otro universo de la obra aparecen Silvana Vaca como Vieja y Tadeo Lugo como Viejo, los personajes que mantienen el vínculo más directo con Las sillas de Ionesco y cuya espera conduce hacia la aparición del Hablante.

Andrés Obando interpreta a Niño/Hablante, el sujeto de experimentación que conecta los distintos universos de El hablante de las sillas.
Encontrarse con el público
Sánchez reconoce que, para el elenco, una de las principales expectativas ha sido descubrir cómo responde el público a esta propuesta ,que nació como una exploración teatral y continuó transformándose.
El equipo decidió no realizar un preestreno, por lo que las primeras funciones fueron también el primer encuentro del montaje con sus espectadores. “Nos ha interesado ver su interacción con todos los elementos y con los actores, al estar tan cerca de ellos”, explica.
El hablante de las sillas se presenta en el Estudio de Actores, ubicado en las calles Benalcázar y Manabí, en el Centro Histórico de Quito, hasta el 25 de octubre. Las funciones son los viernes a las 19:00 y los sábados y domingos a las 18:00. La adhesión tiene un costo de $15.