Ralex lleva 20 años de arte urbano a una muestra en Quito: esto encontrarás en la exposición
Cuatro salas reúnen obras de distintas etapas de Alex Tapia en una exposición que indaga en el humor, la violencia, la política y la vida cotidiana

La muestra, ubicada en el patio La Picota del CCM, está dividida en cuatro etapas: Gráfica necia, Escenas batracias, Momentos chéveres y Desde Sangolquí con amor.
Arte, sin tapujos ni remilgos
- Aprendíz sucio. Calle caballete, la retrospectiva de Ralex en el Centro Cultural Metropolitano de Quito, reúne cerca de dos décadas de producción entre pintura, dibujo e intervención urbana para recorrer su mirada sobre la ciudad, la memoria, el humor, la violencia y la política.
- Curada por María Fernanda “Mafo” López, la muestra reconstruye también las transformaciones del arte urbano quiteño desde los años 2000 y el tránsito de una práctica nacida en la calle hacia los espacios institucionales.
Un hombre cuelga en medio de una habitación amarilla. Lleva camiseta, pantalón corto y zapatos rojos. Su cuerpo, construido con piezas de cartón, permanece suspendido frente a una pared tomada por palabras escritas a mano: “pata sucia”, “aprendiz”, “bohemio”, “punkero”, “maestro”, “patán”, “muralista”.
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Algunas quedan parcialmente ocultas detrás de la figura; otras se desparraman por las paredes. Debajo, en una vitrina llena de pequeñas piedras, libretas abiertas, dibujos, objetos y retratos conservan los rastros de una producción que se ha acumulado, casi compulsivamente, durante dos décadas.
La instalación ocupa un lugar central en Aprendíz sucio. Calle caballete, la retrospectiva de Alex Tapia, conocido como Ralex, que se exhibe en el Centro Cultural Metropolitano de Quito.
A pocos pasos, la escala y el tono cambian. De la gran instalación se pasa a lo mínimo: una pared poblada de pequeños lienzos que condensan distintas miradas sobre el mundo. En uno de ellos, una acuarela reproduce una vieja puerta azul, de pintura desgastada y ladrillos expuestos. Sobre ella, un cartel improvisado advierte: “Cerrado por vacunas”. Más adelante, sobre un fondo celeste, Juan Pueblo levanta las manos mientras, desde un costado, una pistola apunta hacia su cabeza.
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Aunque las escenas parecen distantes entre sí, comparten un mismo punto de partida: observar lo que sucede afuera, recogerlo y devolverlo convertido en arte, y también en indagación.
Ralex lleva alrededor de dos décadas trabajando a partir de esa observación de la ciudad y de quienes la habitan. Artista visual autodidacta, nacido en 1984, su producción se ha desplazado entre la pintura, el dibujo y la intervención urbana. Fue además uno de los fundadores de Los Fenómenos, colectivo surgido en el contexto de expansión del arte urbano quiteño durante los primeros años de los 2000.

La retrospectiva reúne obras de distintas etapas de Ralex y recupera los lenguajes que han marcado cerca de dos décadas de su producción artística.
Un rompecabezas de trazos y memoria
Reunir ese volumen de trabajo en cuatro salas implicó renunciar a contar su trayectoria como una sucesión ordenada de fechas. María Fernanda “Mafo” López, curadora de la muestra, revisó obras conservadas durante años en la casa del artista en Sangolquí y decidió organizarlas a partir de temas, recurrencias y relaciones visuales.
Ralex lo describe como un rompecabezas antes que como una cronología. “Es una retrospectiva sin un tiempo anclado. Es más bien un rompecabezas cromático, de trazos, de sensaciones. Eso fue lo más complejo, tratar de armar un hilo conductor, pero sí se logró; la pintura tiene esa posibilidad, el color y la mancha”.
De esa revisión surgieron núcleos como Gráfica necia, Escenas batracias, Momentos chéveres y Desde Sangolquí con amor por los que transcurre la exposición. En ellos conviven autorretratos, apuntes, personajes callejeros, humor, sátira, referencias políticas y escenas tomadas de lo noticioso. La museografía acompaña ese recorrido y, por momentos, abandona la disposición convencional: hay obras suspendidas del techo, palabras escritas directamente sobre los muros y materiales que trasladan al museo algo de la materialidad con la que Ralex ha trabajado fuera de él.
Pero, conforme avanza el recorrido, el humor y el color empiezan a convivir con imágenes más duras. Ese desplazamiento se vuelve evidente en Escenas batracias, donde aparecen niños y jóvenes atravesados por la violencia. López describe una operación recurrente en la obra de Ralex: “localizar lo turbio” e inyectarle “dosis inconmensurables de dulzura”, para después enfrentar al espectador con imágenes de “guambras sicarios” y niños atrapados en cruces de balas.
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Para la curadora, sin embargo, detenerse únicamente en la procedencia callejera de esas imágenes o en las anécdotas que las originaron dejaría fuera otra dimensión de la obra. “¿Por qué no hablar desde la estética, desde la plástica, desde el manejo del trazo, del rostro?”, cuestiona. “Eso es vaciarle de contenido a la propuesta creativa de Ralex, minimizar el proceso de reflexión, porque ahí hay un proceso de reflexión que golpea y que es relevante y necesario”.
Es allí donde la retrospectiva plantea una de sus preguntas hacia el presente: qué imágenes de la ciudad se conservan y cuáles quedan fuera de sus relatos. López sostiene que el artista, más que representar Quito, “la traduce desde sus propias fricciones”, haciendo entrar en la pintura aquello que circula por sus calles —el humor, la violencia, el lenguaje, la política y la vida cotidiana— y que no siempre encuentra un lugar dentro de los espacios destinados a construir memoria.

En Escenas batracias, Ralex aborda la violencia que atraviesa la cotidianidad nacional. Varias obras pequeñas abordan distintas aristas de esta mirada,
El rastro de una generación
Para López, la retrospectiva permite además volver sobre un momento de transformación del arte urbano quiteño. Entre las décadas de 1980 y 1990, recuerda, el grafiti de influencia neoyorquina había dejado su marca en distintos barrios de Quito. Con la llegada de los 2000, a las letras y al aerosol comenzaron a sumarse otras herramientas y lenguajes: brochas, acrílicos, rodillos, paste up y personajes que poco a poco ocuparon los muros de la ciudad. En ese escenario surgieron colectivos como Los Fenómenos.
La curadora ubica a Ralex dentro de ese tránsito y propone leer su trayectoria como un vínculo entre dos espacios que durante años siguieron caminos distintos: la calle y el caballete. “Lo que hicimos cuando revisamos la producción de Ralex fue darle una perspectiva historiográfica, darle un contexto sociohistórico y político”, explica. “Preferí tomar temáticas, lugares que le han movido mucho, independientemente del tiempo”.
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Esa mirada permite reconstruir también el recorrido de una práctica que nació y se desarrolló en buena medida fuera de los circuitos institucionales y que ahora ocupa el patio La Pictota del espacio cultural, ubicado en el corazón del Centro Histórico. Para López, su llegada a ese espacio plantea la posibilidad de incorporar otras trayectorias a la historia reciente de la plástica ecuatoriana.
Para el artista, volver sobre trabajos realizados muchos años atrás significó, además, reencontrarse con piezas que permanecían almacenadas y observar juntas distintas etapas de su producción. “Fue emocionante regresar al pasado. Cuando uno expone es como que se desnuda. Es chévere ver trabajos de hace tantos años. En vez de que los cuadros estén ahí con arañas, con polvo y guardados, mejor mostrar a la people y ver ahí qué onda”, cuenta.

Aprendíz sucio. Calle caballete puede visitarse estará abierta al público hasta el 6 de diciembre.
Una muestra que tardó casi dos años
Llegar a las salas del Centro Cultural Metropolitano tomó más tiempo de lo previsto. El proceso comenzó en noviembre de 2024 y atravesó dificultades administrativas y presupuestarias que mantuvieron el proyecto detenido durante cerca de un año.
“Ha sido un esfuerzo muy grande. Estuvimos con la exposición montada y no se podía hacer nada porque ya no había presupuesto. Tenemos, por un lado, este espacio de reivindicación histórica de un referente de la plástica contemporánea ecuatoriana, que es un logo enorme, y, por otro, el atropello al trabajo, que se ha logrado hacer a cuentagotas”, señala López.
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Superados esos obstáculos y con la exposición finalmente abierta al público, el proyecto continuará activándose durante los próximos meses. Después de la inauguración se realizó un taller de paste up y el equipo prevé organizar una actividad mensual. Entre las propuestas están un conversatorio con artistas que, como Ralex, han transitado de la intervención urbana a otros espacios y soportes, y otro dedicado a las prácticas curatoriales contemporáneas.
Aprendíz sucio. Calle caballete puede visitarse de martes a domingo, de 09:00 a 16:30 hasta el 6 de diciembre. La entrada es gratuita.