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El cine comunitario se toma plazas y parques de Quito para fortalecer la convivencia
La Mariscal se llenó de familias, parejas, niños y moradores para ver la Leyenda de los tayos. 25 funciones se planificaron en distintos sectores de la ciudad

En la plaza Gabriela Mistral, en La Mariscal, se proyectó La Leyenda de los tayos.
Lo que debes saber
- El cine comunitario toma fuerza en Quito. Las funciones buscan que plazas y parques vuelvan a ser lugares de encuentro
- La estrategia del Municipio contempla 25 proyecciones, además de ferias y actividades comunitarias
- En Solanda, un proyecto impulsado por vecinos combina exhibición y producción audiovisual
Con una funda con canguil en la mano, Alejandro Tipán se acomodó junto a su novia, Jéssica Proaño, en una de las bancas de la plaza Gabriela Mistral, en La Mariscal. La noche empezaba a caer y, frente a ellos, una pantalla esperaba la proyección de La leyenda de los tayos, un documental ecuatoriano de 2021 dirigido por Galo Semblantes.
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No llegaron solos. Cerca de 100 personas, entre adultos, jóvenes y niños, se reunieron en ese espacio para la función gratuita de cine comunitario. Algunos ocuparon las sillas frente a la pantalla; otros prefirieron sentarse en el piso o cerca de los árboles.
Había chochos, canguil y bebidas que tomaban los asistentes. Las conversaciones disminuyeron conforme avanzaban las primeras imágenes del documental, hasta convertirse en un silencio colectivo.
Alejandro se enteró del encuentro por redes sociales. Era la primera vez que asistía a una función de este tipo. Gabriela, quien vive en el valle de Los Chillos, también llegó por primera vez. Le llamó la atención que un espacio público se convierta en un lugar de encuentro entre personas que no necesariamente se conocen.
Espacios que se sienten seguros
“Son espacios para compartir con personas que no conoces y también para compartir arte, como el cine”, comenta. La inseguridad, reconoce, limita el uso de los espacios públicos, especialmente durante la noche. Por eso considera que esas iniciativas contribuyen a generar entornos donde las personas vuelvan a relacionarse sin violencia.
Gabriela Ordóñez también asistió a la función acompañada de sus hijos de 10 y 9 años. Vive en Iñaquito desde hace dos años y sigue las actividades de la Administración Zonal La Mariscal en redes. Para ella, estas jornadas tienen un componente cultural y permiten que los niños conozcan el cine que se produce en Ecuador y se acerquen al arte que se hace en el país.

Niños, adultos y parejas disfrutaron del cine comunitario gratuito en La Mariscal.
La ubicación del encuentro también influyó en su decisión de asistir. “Tenemos la sensación de seguridad porque cerca hay una UPC”, dice. Pero la experiencia no termina con la película. Estos encuentros, agrega, permiten conversar con otras personas y conocer iniciativas y recorridos que se realizan en el sector.
Estrategia para fortalecer el componente comunitario
María Fernanda Torres, jefa de la Unidad de Prevención Comunitaria de la Secretaría de Seguridad del Municipio, explica que el cine comunitario es una de las acciones de la estrategia Barrios por la Vida, la Paz y la Seguridad. El propósito, señala, es fortalecer el componente comunitario y promover la participación ciudadana como apoyo a la seguridad.
La estrategia contempla actividades de apropiación del espacio público, capacitaciones en medidas de autoprotección y acciones destinadas a mejorar la convivencia. La premisa es que una comunidad que se conoce, participa y utiliza sus espacios genera factores protectores frente al delito y la violencia.
“Cuando me conozco con mis vecinos, evidentemente le dificulto que el delincuente pueda actuar en nuestro territorio”, menciona Torres.
Dentro del programa se han planificado distintas actividades, entre ellas ferias comunitarias, teatros pedagógicos, encuentros de mujeres y jóvenes y 25 proyecciones de cine al aire libre. Las películas se seleccionan de acuerdo con el público y pueden ser familiares o comerciales. Alrededor de las funciones también se busca incorporar a emprendedores de cada sector.
La idea es que la comunidad no solamente llegue y mire la película, sino que vuelva a ocupar espacios que, por temor a la inseguridad, han quedado vacíos.
Torres señala que parques y plazas suelen percibirse como lugares más peligrosos durante la tarde y la noche. Esa percepción puede llevar a que los vecinos se encierren y reduzcan el uso de esos espacios. Frente a ello, la estrategia busca generar una presencia conjunta de la institucionalidad y de la comunidad organizada.

Algunos asistentes se sentaron en el piso, incluso sin zapatos.
Las convocatorias se realizan mediante chats comunitarios y redes sociales. El proyecto comenzó en diciembre del año pasado y, según la planificación, se ejecutará hasta octubre de este año.
Torres indica que el Observatorio Metropolitano de Seguridad aporta con el análisis técnico, mientras que la existencia de una organización barrial permite garantizar que haya vecinos que participen y se involucren en la actividad.
Propuestas que surgen de los vecinos
Pero la apropiación del espacio a través del audiovisual no depende únicamente de iniciativas institucionales. En Solanda, en el sur de Quito, el cine comunitario también ha surgido desde los propios vecinos.
Cristian Benavides lleva siete años impulsando un proyecto que busca no solamente exhibir películas, sino producirlas. En un garaje de 6x10 metros se reúnen principalmente jóvenes interesados en el mundo audiovisual. El proyecto funciona mediante autogestión y no cobra por el uso del espacio.

En el garaje de su casa, Cristian Benavides, adaptó un estudio para que jóvenes apredan del tema audiovisual.
En 2022 organizaron un taller en el que los participantes recibieron capacitación para generar sus propios contenidos. De ese proceso nació Zoolanda, un documental dirigido por Pamela Ramón, mientras Benavides se encargó de la producción.
Benavides señala que el arte puede convertirse en una forma de intervenir positivamente en barrios donde existen brechas sociales. En Solanda, recuerda, la intención es ofrecer una alternativa de encuentro para los jóvenes, especialmente en momentos en que podían terminar vinculándose con pandillas.