Columnas

Espíritu, cultura y vida del guayaco

Es mejor vivir, sentir y experimentar, individual y socialmente, ese espíritu indefinible que se hace más de lo popular y sensorial que de una racionalidad pensada.

Prefiero guayaco. El gentilicio es guayaquileño, de regionalidad histórica. El provincial, guayasense. Es un producto de la cultura y habla popular humana-mundana. Hecho históricamente del espíritu y acción de libertad, autonomía e independencia tropical, mercantil y abierta. Proceso y producción inacabado. Se recrea y proyecta espacial y temporalmente en lo económico, sociolingüístico, ideológico, cultural y simbólico; construido y tejido en su despliegue vital. Julio es la oportunidad para repensarnos en el ser-hacer de la ciudad-puerto, provincia y región.

Volver sobre lo guayaco que somos y hacemos es tarea permanente. Por esto lo guayaco es básicamente un espíritu que mora y actúa desde una sociedad humana, mundana y tropical. Surge de la relación dialéctica de desafío-respuesta que lo pone en las tareas-acción de la vida material de todo tipo: medioambiental, ecológica, económica, sociopolítica, cultural, lingüística, simbólica e imaginarios múltiples. No es un alma sin cuerpo sino una construcción, reconstrucción y tejido social de una historia de larga duración. Es resultado de un colectivo humano heterogéneo y tropical que se recrea y transciende desde lo social e individual. Es cultura, simbolismo y gramática de la vida activa. Por esto solo se lo puede captar, definir y comprender desde su accionar colectivo. Es posible afirmar que lo guayaco nace y se hace en un conjunto de hechos, procesos y productos humanos inacabados, de creaciones, más espontáneas que racionalizadas. En ellos libertad, autonomía, independencia, imaginación, emprendimiento, comercio libre (de todo tipo) son los elementos-factores fundamentales y visibles. Esto se da en un medioambiente socionatural y cultural que es oxígeno, atmósfera y ADN generalizados. Por esto nadie sabe cómo y cuándo “se le pega lo guayaco”. Hay relatos y crónicas periodísticas que pretenden explicarlo. Solo son intenciones, y parciales. Se les escapa. No lo atrapan. Por esto solo hay fotos fugaces de lo que ven y no de lo que es. Solo imágenes evanescentes, no de su ser y hacer vital. Es mejor vivir, sentir y experimentar, individual y socialmente, ese espíritu indefinible que se hace más de lo popular y sensorial que de una racionalidad pensada.