Columnas

¡Más vacunas, menos firmas!

Y cada uno de ellos vale tanto como usted o como yo. O como la señora que puede ser líder, pero por ahora solo es alcaldesa.

La conquista de los derechos humanos siempre ha sido el resultado de luchas que rompieron la institucionalidad y las reglas establecidas. Por ellas trabajamos 8 horas; o ejercemos nuestro derecho a opinar; o los esposos hoy son, al menos legalmente, compañeros y no dueños.

La pandemia que soportamos debiera recordarnos eso. La que podría ser la solución salvadora, una campaña de vacunación, está en manos de apáticos que han perdido todo atisbo de cordura: Ecuador está a la cola de la región en vacunar a sus ciudadanos: ¡solo 4 de cada 1.000! recibirán una dosis hasta abril. Y cuando gobiernos autónomos deciden emprender la tarea de vacunar, la que debería ser una causa urgente e irreversible languidece en los escritorios perezosos de la burocracia estatal.

Hace muy bien, por ejemplo, la alcaldesa de Guayaquil, Cynthia Viteri, en intentar una compra masiva de vacunas en beneficio de los guayaquileños (y hacen bien los alcaldes que se suman). Pidió para eso la autorización legal al Gobierno de los Ineptos: no se la da y ha inventado diez excusas. Pero ella hace mal si piensa abandonar esa lucha y solo enrostrarle al régimen su desidia. Hasta ayer esperaba su respuesta, dijo. Y amenazó con endilgarle las muertes. ¿Solo eso? Espero que no, porque esto ya no es asunto de permisos, negociaciones ni abogados. Ni de tú eres el culpable. Y no lo va a resolver solo recogiendo firmas, señora alcaldesa.

¡Esto es una guerra! Y en ella hay que salvar vidas, como las que seguimos perdiendo mientras el Gobierno de los Ineptos se escuda en vericuetos legales. La alcaldesa debe liderar una revuelta, una convocatoria ciudadana activa, un acto de fuerza que arrincone a los indolentes. No puede esperar a mayo. Necesitamos vacunas ya, y menos firmas.

Los derechos no se mendigan: se exigen, se ganan, se conquistan. Y si para hacerlo hay que romper reglas y correr riesgos, pues se rompen y se asumen. 500 de los nuestros mueren y seguirán muriendo cada mes mientras esperamos las vacunas. Y cada uno de ellos vale tanto como usted o como yo. O como la señora que puede ser líder, pero por ahora solo es alcaldesa.